¿Será una temporada especial?
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Ayer se inauguró oficialmente una nueva temporada de verano, en el marco
de una fiesta que sirvió
para dar el puntapié inicial desde la órbita oficial a una etapa del año
en que un vasto sector de la comunidad sienta sus esperanzas.
En todas las ciudades turísticas del país, especialmente las de la costa
bonaerense esta vez se ha creado una expectativa extra, vinculada a que
muchas familias de clase media que
vacacionaban afuera de la Argentina, se volcarán a las playas
provinciales en este verano. Esta supuesta aseveración se adjudica a la actual cotización del dólar y en marzo tendremos la respuesta.
El positivo presagio no parece ser fácil de cumplirse en el caso de
Necochea, a la que históricamente asiste un público más vinculado a
localidades de los alrededores, que llegan masivamente los fines de
semana. Y siempre que el pronóstico les asegure buen tiempo.
De todas formas es inevitable que cada año, más allá del momento
económico que se viva, los privados hagan sus apuestas comerciales de
menor o mayor riesgo. Y en ese sentido ya se han abierto y se están
preparando locales, la mayoría vinculados a la gastronomía, con la
intención de que sea un verano redituable.
Desde el Estado, complicada situación mediante, se ha efectuado el
aporte de siempre: una “lavada de cara” y realizado sobre la hora al que le ha quedado, como siempre, las lagañas del invierno a un sector de la Villa
Díaz Vélez
Todo sin entrar en detalles como el del estado del edificio del
Casino, cuyas ruinas volverán ser exhibidas a los ojos de los visitantes.
En otro sentido, más allá de los esfuerzos gestados desde el Entur a lo
largo del año para capacitar a agentes del turismo y así dar un mejor
servicio, Necochea seguirá ofreciendo la misma carencia en tal sentido:
llámese falta de cobro de todos los servicios con tarjetas de crédito y débito; o de infraestructura agradable y cómoda.
Se trata esto último de algunos de los males que sacaron de la vía
turística provincial a nuestra ciudad y que será más que difícil retomar
si no hay un cambio de mentalidad fuerte, al frente de la cual se ponga
el propio Ejecutivo, con medidas audaces y futuristas.
Vistas estas cuestiones, donde “a priori” surgen claramente más
voluntades que realidades, es prudente bajar los desmedidos decibeles en
cuanto a las expectativas para esta temporada. A la vez es deseable que
finalmente se transforme en un verano especial, que sirva para premiar
al que apuesta y da trabajo; y que mejore el ánimo para un 2019.