“Si volviera a nacer, otra vez elegiría ser mecánico”
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Dijo Miguel Domínguez, quien empezó a relacionarse con “los fierros” a los 11 años. “Antes era un trabajo más artesanal que ahora”, comentó
La vida de Miguel Domínguez ha estado ligada a “los fierros” desde siempre, ya que a sus jóvenes 11 años que empezó a trabajar en una casa de repuestos, para luego apasionarse por las motos y estudiar mecánica en un profesional nocturno.
Hoy se celebra el Día del Trabajador Automotor, y en ese marco Domínguez reflexionó sobre los cambios de una profesión en la que ya lleva 53 años, a la vez que recordó a sus maestros y colegas que han sobresalido en la actividad en Necochea.
Tenía 17 años cuando entró a trabajar en Automar, más conocido como “La Fiat”, un taller de primer nivel para la época que tenía la representación de la marca italiana en Necochea, en calle 48 entre 57 y 59. “Empezamos con Miguel Nista, un amigo de toda la vida, y estuve allí cinco años, tiempo en el que me capacité, pues nos mandaban a hacer cursos a Buenos Aires”.
Aún recuerda el primer auto que arregló. “Un Chevrolet modelo 34 mío, que compré a los 15 años. Lo desarmé íntegramente y lo reparé a nuevo. Tardé dos años”, apunta con una sonrisa, además del hobby juvenil de arreglar motos.
A los 23 años empezó un emprendimiento propio, en un taller alquilado en calle 48, “que conseguí gracias a Beto Corbellini, en el lugar de un mecánico que se había jubilado”.
Más tarde, con esfuerzo logró levantar el taller y su casa, donde actualmente desarrolla la labor con la misma pasión de siempre. Tanto que lo define con una frase: “Si volviera a nacer, otra vez elegiría ser mecánico. No sólo me dio de comer y la posibilidad de formar una hermosa familia, sino muchas satisfacciones. Voy a morir siendo mecánico…”
En alguna época no solo arreglaba autos sino que los piloteaba en carreras zonales. “Corríamos piloto y acompañante y mis copilotos eran mi esposa Silvia o Julio Giudicatte”, cuenta.
Del motor al comprimido
A lo largo de las décadas los motores de los autos y su estética han variado enormemente. “Antes la mecánica era sencilla y más artesanal, había que reparar piezas y hoy en día se cambian. Recuerdo que empezó a complicarse cuando salieron los Fiat 125 y 128, que sólo atendíamos los especialistas”, señala, y agrega que “los mecánicos tuvimos que aprender y volcarnos a arreglar todas las marcas”.
“Hoy los motores son más comprimidos, con inyección electrónica. Lo que antes era carburador y bomba de nafta y hoy se emplea más el sistema de ecología en ese sentido”, menciona, y confiesa que “los cambios llevan a que te des maña para solucionar nuevos problemas y si hay que consultar a un colega o a Internet, no dudo”.
Los cambios no han sido solamente en las cuestiones mecánicas, sino en cierta precarización del trabajo del mecánico y en la proliferación en nuestro medio de talleres clandestinos. “Si en Necochea hay 1.000 talleres como dicen, apenas 300 somos los que estamos en regla y la competencia es desleal”.
También, como en otros oficios, Domínguez percibe cierto desinterés de los chicos por aprender. “Hay que empezar de abajo, barriendo el taller, limpiando piezas, pero a los pibes de hoy eso no les interesa…”
Otra de las diferencias notables es la asistencia de más mujeres al taller. “Antes no venían, la mujer no manejaba casi y hoy lo hace mejor que el hombre y es más detallista al preguntarte qué le vas a hacer a su auto”.
Nombres en la mente
Miguel se autodefine como “un tipo perfeccionista, y a veces me ha jugado en contra para mi salud es la autoexigencia. Trato de dar lo mejor en mi tarea y veces le pido paciencia al cliente, para que se lleve su auto en perfecto estado”.
Aunque lo dice en voz baja, Miguel percibe que puede tener un heredero en su labor. Y revela que “hasta ahora tengo tres nietas mujeres y un varón, que es bastante fierrero, viene al taller y mira lo que hago. En una de esas…”
A la hora de recordar el nombre de mecánicos destacados en el ámbito local cita a Jorge García, Atilio Dorrego, Negri, Elmo Chamba y Darwin Ramón, “señores mecánicos”, aunque en un escalón más arriba y con un toque de emoción en su voz ensalza a “Don Roque Leoncio, un maestro, lo mejor que ví en Necochea. No sólo gran mecánico sino honesto y responsable. Lo quise mucho y aprendí de él”.
En la despedida brinda un saludo a “mis colegas en nuestro día y el deseo que sigan teniendo trabajo y dando lo mejor de sí”.
Desde el año 1947
La fecha de celebración del Día del Trabajador Automotor fue instaurada en 1947 por la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación, a pedido del entonces secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor de la República Argentina (Smata), Adolfo García, secundado por todo el consejo directivo del gremio.
Por ello los mecánicos argentinos instalaron el 24 de febrero de 1947 como una instancia de fuerte índole gremial, el Smata, que llevaba sobre sus hombros dos años de trabajo sindical intenso. Se decidió esa fecha como el Día del Mecánico. Con el tiempo México también adoptó la misma fecha para la celebración.
Aunque cotidianamente se haga referencia a ellos como ‘mecánicos’, se pueden distinguir dos tipos: uno que aprendió en el día a día bajo la guía y supervisión de otro mecánico o en escuelas o institutos que ofrecen cursos básicos de mecánica, esto es, que se forman en esta ocupación básicamente mediante la experiencia; y otro grupo, formado académicamente, ya sea a nivel superior como ingeniero mecánico de vehículos automotores o como técnico con formación académica de nivel medio superior.///