Sídney será siempre especial
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/09/Foto-Otero.jpg)
Se cumplen 20 años de los XXVII Juegos Olímpicos. Con tres presencias, el nadador Eduardo Otero y los voleibolistas Pablo Meana y Esteban Martínez, quedaron en la historia de nuestro deporte
Adrian Stolarczuk
Redacción
Cuesta creer que a casi 12.000 kilómetros de la Plaza Dardo Rocha, se hayan escrito hace ya 20 años algunas de las páginas más gloriosas del deporte de Necochea. No hubo copa, ni medalla. No hizo falta. La ciudad de Sídney acaparó nuestro interés y quedó en el corazón para siempre, recibiendo los XXVII Juegos Olímpicos. Fue más especial claro para nadador Eduardo Otero y los voleibolistas Pablo Meana y Esteban Martínez, que con su presencia le dieron a Necochea una participación histórica en la delegación argentina en unos Juegos, algo que desde entonces nunca pudo ser igualado y costará seguramente repetir.
Para entender el contexto, hasta ese año 2000, los necochenses “olímpicos” habían sido únicamente el boxeador José Saro Giogetti, “Kid Tutara”, en los Juegos de Melbourne 1956 y el propio Esteban Martínez, que hizo su aparición en Los Ángeles 1984, fue medallista de bronce en Seúl 88 y que había retornado a los Juegos en Atlanta 1996 pero en el beach voley junto al marplatense Martín Conde.
En Sídney fueron los primeros Juegos para Pablo Meana, quién luego volvería en Atenas 2004, y también para Eduardo Otero que completaría tres participaciones nadando en Grecia y también en Beijing 2008. Esteban Martínez disfrutaría en Australia de su cuarto y último Juego. También formó parte de la delegación como entrenador del equipo de natación, el profesor Marcelo “Yuri” Quaglia. Comenzando el nuevo milenio, Necochea pisaba fuerte al otro lado del mundo y como nunca en unos Juegos, la máxima expresión deportiva del planeta.
Día a día
Buscando “aclimatarse” a la diferencia horaria de 13 horas, la delegación argentina llegó tres semanas antes de la apertura, que se concretó el viernes 15 de septiembre. Eduardo Otero, por entonces con 20 años, no estuvo en el desfile de la ceremonia inaugural, por una decisión del cuerpo técnico nacional. Los atletas debían estar parados cerca de 5 horas durante los actos y el nadador tenía previsto su debut pocas horas después, en la mañana del domingo 17 (a las 20 hora de nuestro país, del sábado 16). Meana en cambio se dio el gran gusto de caminar por el estadio olímpico, junto a la Selección de voley, y tendría el placer de competir durante las dos semanas, del primero al último día de la gran fiesta.
Al agua
Para Otero, su primer experiencia olímpica fue lanzándose en la especialidad de los 100 metros espalda, culminando octavo en su serie y en el puesto 40º de la clasificación final con un tiempo de 58”09, pagando los nervios y quedando lejos de los 56”28 que tenía como récord argentino en este momento. Dos días más tarde participó en los 200 metros mariposa, culminando 34º con un tiempo de 2’05”51. En ambos casos pasó entre los tres primeros tras los primeros 50 metros, demostrando su mejor adaptación a esa distancia corta, prueba en la cual sería campeón sudamericano por primera vez dos años más tarde. Finalmente integró la posta combinada nacional que se ubicó 18º junto a Pablo Abal, Sergio Ferreyra y José Meolans, en lo que fue la última posta argentina en la natación de unos Juegos Olímpicos.
En Bondi Beach
Esteban Martínez, con 38 años entonces, no llegaba en la plenitud física, recuperándose de un desgarro, aunque pudo sobreponerse para estar en cancha junto a Conde. El estreno en la icónica Bondi Beach fue con victoria frente a los italianos Raffaelli y Pimponi, por 15-7. Ya en octavos de final, perderían por 15-3 frente a los portugueses Miguel Maia y João Brenha, quienes luego finalizarían cuartos, cayendo en el partido por la medalla de bronce.
Histórico
Pablo Meana, con 25 años, había debutado oficialmente en la selección en junio de 2000 en la Liga Mundial y apenas dos meses después era el líbero titular de un grupo que lograría en Sídney la actuación olímpica más importante en los últimos 30 años para el vóleibol. El camino comenzó con un éxito que marcaría el resto, superando por 3-1 a los Estados Unidos, siempre una potencia. A continuación, lograrían un triunfo decisivo frente a Corea del Sur para asegurarse el pasaje a los cuartos de final. Las derrotas “lógicas” frente a Italia, Yugoslavia y Rusia (los tres luego terminarían en el podio), no hicieron mella en el elenco conducido por Carlos Getzelevich y que tenía como figuras a Hugo Conte, Javier Weber y Marcos Milinkovic.
Ubicados en el cuarto lugar del grupo B, el cruce les deparó lo más temido: Brasil, líder invicto de la zona A. Sin embargo, el antecedente victorioso en la misma instancia en los Juegos de Atlanta y la paridad que siempre generan dos rivales que se conocen mucho, abrieron la puerta para una hazaña aún recordada: triunfo 3-1 y la expectativa de disputar dos partidos por una medalla.
Cerca de la medalla
Finalmente Argentina no pudo alcanzar el podio. Frente a Rusia en las semifinales jugó de igual a igual cayendo ajustadamente 27-25 en el primer set y 32-30 en el segundo. Argentina descontó con un 25-21 en el tercero pero finalmente Rusia cerró el 3-1 por 25-11 en el cuarto. El elenco ruso, que al día siguiente lograría la medalla plateada perdiendo frente a Yugoslavia en la final, era dirigido técnicamente por Gennady Shipulin, quien dos años después llevaría a Meana a jugar en Belogorie Belgorod, en la Liga rusa.
La tensión y el cansancio de toda la semana pegó más duro aún para el conjunto argentino al día siguiente frente a Italia, perdiendo 3-0 en el partido por la medalla de bronce. En lo personal, Meana se despidió con una sonrisa, al ser reconocido como el mejor líbero del certamen, una nueva posición entonces y que hacía su estreno en un campeonato de primer nivel internacional.
Por estos motivos Sídney siempre será especial. La llama en el estadio olímpico se apagó el 1 de octubre, pero nunca en el corazón de nuestro deporte. El sabor de la primera vez para unos y la última para otros. Marcados por los anillos, Sídney siempre estará cerca.///