Siempre la misma historia
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«La inteligencia no consiste solo en
encontrar soluciones, sino en
no perder de vista los problemas».
Nicolás Gómez Dávila.
escritor, filósofo colombiano.
La mayor concesión del estado municipal, la recolección de los residuos domiciliarios, ha motivado al comienzo de cada nuevo gobierno a retóricas parecidas, fortaleza al principio para tomar resoluciones de fondo, luego una llama que lentamente se desvanece. Siempre, ante un presente lleno de dificultades y cada vez más laberintos para encontrar una salida airosa que no afecte las finanzas municipales ya que, actualmente la concesionaria de este vital servicio ciudadano reclama una deuda cercana a los 600 millones de pesos, intereses por mora incluidos. Esta es historia válida para demostrar que, a pesar de las falencias y desencuentros la empresa actual sigue cumpliendo las tareas.
Cuando asumió Facundo López (2015) el abono mensual a la prestataria era de siete millones de pesos, el propio titular del Ejecutivo en ese entonces afirmaba a Ecos Diarios “es una suma muy alta para la economía municipal «, fue así que se implantó la denominada tasa de “gestión ambiental”, que parece olvidada en el tiempo, donde apenas se recaudó el quince por ciento del total a abonar, por su parte desde el Concejo Deliberante se manifestaba que, «algo hay que hacer». Siempre el concepto «algo hay que hacer», y la historia vuelve a repetirse, nunca se termina de hacer.
El primer día del mandato de López se declaró un paro del sector de camioneros, que involucraba a los 98 trabajadores de la recolección, la empresa reclamaba el pago de 40 millones, que obviamente se habían generado con el correr de los meses, pero que al existir continuidad jurídica legitimaba el reclamo.
El Intendente manifestaba que “no le temblaría la mano para llamar a una nueva concesión” en situación de emergencia, esto sería ver hoy la misma película pero, versiones similares se podrían encontrar aún muchos años atrás. Ya se hablaba en ese momento algo que es ridículo e inviable, la conformación de una “sociedad de Estado”, como salida al momento de emergencia, crisis y enormes dificultades alejando la posibilidad de municipalización.
Cuando se analiza todo lo actuado entre la empresa y la Municipalidad se debería aplicar como concepto que siempre es mejor probar con la posibilidad de errar, que pasar la vida entera sin probar. El paso del tiempo lo único que ha hecho es agravar la situación, se asemeja a un callejón sin salida.
Por necesidad o convicción, hay una decisión del intendente Rojas
En plena campaña electoral Arturo Rojas dejaba algunas pautas de lo que sería su accionar, entre los temas prioritarios estaba la revisión de los números en cuanto a la concesión más importante que tiene el distrito, la recolección de residuos.
Al asumir su mandato, se facturaba por este concepto 27 millones mensuales, es decir 324 anuales, en el presente es de 34 por mes y por la readecuación que indica la empresa serían 41. Esta aduce que se le debe de anteriores administraciones y por un convenio firmado en 2016, no habiéndose pagado ninguna cuota, de tal forma se ha llegado a la cifra actualmente reclamada.
Nunca ha habido estudios serios para transparentar toda la situación, se ha girado sobre la misma calesita, tirar deudas para adelante, emparchar con algunos pagos, situaciones nunca aclaradas y ahora las declaraciones del Intendente y la intervención de un Concejo Deliberante que debe hacer oír su voz y no hacer mutis por el foro, como ha ocurrido en otras oportunidades, con escondidas entre bambalinas a la hora de afrontar la responsabilidad que le compete.
La mesa tiene cuatro sillas donde deberían sentarse el Intendente el Concejo Deliberante, empresarios y el Sindicato de Camioneros.
Para el Estado municipal es extremadamente difícil hoy pagar 34 millones mensuales, como estipula el contrato con una clausula polinómica que sirve de base de cálculo, llevando a números multiplicados que elevan los montos, actualmente desde la empresa señalan que el abono mensual es 41 millones de pesos.
Ante esta perspectiva, Rojas por su parte indicó que la prioridad es la renegociación de un nuevo contrato, firmar un convenio de pago sería un acto de absoluta irresponsabilidad.
No se pueden resolver problemas pensando de la misma manera que cuando se crearon
Es hora de no pensar mucho y si de pensar rápido y bien. Descartada la municipalización del servicio, algo que no tiene asidero por varias razones, no puede el Estado hacerse cargo de la recolección sin camiones, sin arreglo con los trabajadores que nunca darían el visto bueno para ser empleados municipales siendo de camioneros, por la diferencia de ingresos, sin predio para la disposición final, entre otras cuestiones adversas a esta posibilidad, que tiene como condimento la afirmación del mandamás Hugo Moyano «no aceptamos ninguna municipalización».
Si la empresa no acepta la renegociación del contrato se estaría ante un conflicto de dificultades muy serias, porque no hay dinero. Y la empresa podría iniciar un juicio, ante el Estado por incumplimiento del contrato.
El domingo 19 de enero del corriente año, hace cuatro meses, en la columna dominical de Ecos Diarios, bajo el título “Sacando la basura de abajo de la alfombra”, nos referíamos a este tema y adelantábamos que era muy factible que el Ejecutivo presentará una propuesta sobre la conformación de una “sociedad de Estado”, siendo también título en tapa «Crearían una sociedad de Estado para la recolección de residuos», y nos preguntábamos ¿cuáles serían los beneficios para las partes?
Por esos días se imaginaba a la empresa colocando su capital inicial en maquinarias, predio, el personal para que no peligrase la fuente laboral, constitución de un directorio conformado por funcionarios municipales, integrantes del Concejo Deliberante y los empresarios, requiriendo para su aprobación, en caso de avanzar la loca idea, el voto de dos tercios del Concejo Deliberante.
También, utópicamente, la organización en cuanto a la participación de porcentajes de cada parte, reparto de la rentabilidad, los años del acuerdo, como “reperfilar” toda la deuda anterior que se mantiene por el servicio y saber en esa “sociedad de Estado”, quien sería la empresa, la actual u otra que pudiese llegar y acomodarse a las circunstancias. Hasta ahora todo cháchara.
Ya no hay demasiado tiempo para la plática interminable, los servicios se resienten, se agudizan los problemas y calentar sillas puede ser placentero café en mano, pero la comunidad quiere otra cosa, no seguir con la misma historia donde suelen cambiar los protagonistas pero la serie continúa renovada cada año.
El tiempo suele ser lento cuando se espera y rápido cuando se llega tarde, aquí se juega el descuento. A veces los frustraciones en cualquier índole de la vida no son las circunstancias en las cuales toca perder, sino cuando se presentan conflictos que no se sabe, o no se quieren resolver.