Siguen cerrando locales por la crisis
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Triste imagen en el centro. Muchos comerciantes ya no pueden soportar las restricciones y sostener los gastos
Una de las peores crisis económicas que ha vivido el país se evidencia al caminar por las calles del centro. Decenas de locales y comercios han cerrado sus persianas en el transcurso de la larga cuarentena, para no volver a abrirlas.
Los costos de alquileres, luz, gas, las tasas municipales, los impuestos provinciales, los empleados, la poca circulación de gente, la inflación, las medidas restrictivas que no permiten abrir en los horarios que el inversor quisiera… todo contribuye a que sea insostenible la continuidad de un comercio. O al menos de algunos ellos.
Quienes vienen aguantando, lo hacen gracias a una muy buena predisposición y a una postura de positividad y expectativa a futuro, deseando que la cuarentena y la pandemia terminen de una vez por todas, para remontar vuelo a metros del precipicio.
Si uno habla con alguno de los comerciantes con su local a la calle, puede notar una mezcla de indignación y esperanza que cruzan transversalmente su día a día pero, a fin de cuentas, también el comercio es el sostén de muchas familias de la ciudad y la fuente de trabajo de muchas personas. Por eso, el cierre no es una determinación que se pueda tomar de un día para el otro.
Días difíciles
En los últimos meses hasta almacenes de barrio han cerrado definitivamente sus puertas, pese a vender alimentos y productos esenciales. Sólo en la última semana anunciaron su cierre al menos dos locales del centro: uno gastronómico y, el otro, un café que también tenía de venta de indumentaria.
También cerraron en esta cuarentena varios hoteles que tenían años funcionando, incluso décadas, brindando sus servicios al turista. En este caso, los hoteleros ya venían atravesando una crisis por varios motivos externos a la cuarentena, pero estas medidas restrictivas fueron el jaque mate que los dejó fuera de juego.
Los peloteros y salones fiestas infantiles prácticamente ya son historia de un pasado pre-cuarentena. Tras varios reclamos y pedidos de eximición de tasas o ayudas económicas, no aguantaron más y cerraron. Los salones destinados a eventos sociales, por su parte están dentro de los que más han sufrido las restricciones y han perdido muchísimo dinero, que costará recuperar. Lo mismo con todos los empleados directos: mozos, dj, fotógrafos, decoradores, entre otros.
Otro sector
Durante el verano, la Villa Díaz Vélez tuvo una de las temporadas más apagadas de su historia, con un alto porcentaje de comercios cerrados, lo que da cuenta que no es un tema que aflige solo al comerciante del centro. Los costos de los alquileres y la poca expectativa de ventas fueron determinantes para, directamente, ni intentarlo.
Viendo a futuro, y tratando de mantener una mirada optimista de la realidad que nos toca vivir, es probable que la situación mejore cuando todo se vuelva a abrir y a ser “como antes”, aunque con las deudas generadas en estos meses difíciles. Sin embargo, en el muy corto plazo, todo parece indicar que los ya golpeados comerciantes deberán soportar sobre sus espaldas nuevas medidas restrictivas. Habrá que ver hasta donde se puede tolerar y de qué servirá tener un centro sin locales abiertos y una ciudad con un alto nivel de desempleo. Entonces solo resta hacer dos preguntas: ¿quién tendrá dinero para pagar sus impuestos, si no puede trabajar?, ¿de dónde sacará el Estado para sostener sus “ayudas” sociales si cae la recaudación?///