Símbolo de la cultura local
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La Biblioteca Popular “Andrés Ferreyra”, es una de las instituciones que creció a la par de la ciudad, llevando a cabo su silenciosa y ardua tarea. Y hasta el día de hoy, como en su comienzo el pueblo le brindó apoyo constante.

El 12 de octubre próximo la Biblioteca Popular Andrés Ferreyra, estará de fiesta, celebrando sus 110 años. Un espacio que surgió de la entraña de un pueblo y que con el esfuerzo coordinado y solidario de vecinos, concretaron una obra de orgullo y sólido aporte para la cultura local, que continúa hasta el día de hoy, aggiornándose a nuevas tecnologías, pensando en las futuras generaciones.
Hoy en día cualquier persona puede acceder a la nómina de ejemplares con que cuenta la entidad a través de un link www.0197.bepe.ar/. Con esta nueva modalidad digital la Biblioteca Popular busca brindar cada día, mayor y mejor servicio a los lectores, no sólo para consultar los títulos en sala, sino que también se presta el dispositivo para llevarlo a su casa.
Hay e-readers y tablet a disposición de los socios, como así también la opción en papel tradicional. Cada socio elige las opciones de los 60.000 mil volúmenes, siendo siempre el mismo objetivo, fomentar la lectura.
La actividad en la biblioteca es muy intensa y cada año son más los alumnos que se acercan a trabajar en la sala y diariamente se registran un poco más de un centenar de préstamos.
Dentro de las actividades de la biblioteca está el Club de lectura, los días martes, y se agregó el día jueves, siendo un espacio de encuentro para debatir y charlar de los libros. Otro de los clásicos, es “La Hora del cuento”, los viernes, donde se promueve la lectura, buscando que los chicos descubran un mundo mágico plagado de cuentos y luego realizan una manualidad.
Cabe mencionar que la biblioteca ha recibido numerosos subsidios a lo largo de tres años, fruto del trabajo que se viene desarrollando desde el Centro Cultural y Biblioteca Popular “Andrés Ferreira”.
Los proyectos a los que se hace mención “Biblioteca digital”, “Club de lectura”, “Biblioteca de bolsillo sobre ruedas”, elegidos por la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares). Con respecto a este último, indicaron que les va a permitir empezar a concretar un anhelo que siempre tuvieron de salir a la calle, a los espacios públicos.
“Siempre todas las actividades se desarrollan adentro, y salir de nuestra sede, cumpliendo una función y un rol social es muy importante”, dijo el presidente de la comisión directiva del Centro Cultural, Juan Marraro.
Puntualmente con el proyecto “Biblioteca de bolsillo sobre ruedas” ya están abocados diseñando una estructura móvil para salir al espacio público, por ejemplo ir al parque a una fiesta popular, difundiendo la lectura.
Festejos
Durante todo el mes de octubre habrá actividades, organizadas por la comisión directiva del Centro Cultural de Necochea, como por ejemplo el segundo encuentro de editoriales independientes, los días 6 y 7, con la presencia de 50 representaciones. También habrá presentaciones de libros y conferencias de escritores reconocidos en el ámbito cultural.
Asimismo se brindarán testimonios de ex dirigentes y socios más antiguos, y se tiene previsto montar una muestra de elementos, fotos y muebles de la época en la que se creó la biblioteca, contando con la colaboración del Museo Histórico.
Muestras de libros, fotográficas y de pinturas, y acciones vinculadas a la música conformarán la programación del mes de festejos.
En tanto, se adelantó que el viernes 27 de octubre se realizará un acto, donde sería posible la presencia de autoridades de Conabip y se entregarán reconocimientos a personas que son socios desde hace muchos años.
Juan Marraro indicó que “ponemos en relieve lo que significa la biblioteca para la ciudad y queremos marcar las metas para los próximos 10 o 20 años, una biblioteca contemporánea, con actividades periféricas, que sea un lugar de encuentro y de a poco queremos ir cumpliendo tareas de extensión, salir y mostrarnos, desde la función social”.
Al momento de hacer memoria, Marraro recordó cuando era chico y vivía a una cuadra de la biblioteca, lo que le permitía venir caminando todos los días en busca de un libro.
“Era un lector empedernido, me llevaba un libro por día, llevaba y traía, y venía con mis compañeros a hacer deberes en la primaria y secundaria. De las bibliotecarias me acuerdo de Tita Edvarsen”, finalizó.
Recuerdos
Julia Merlo fue bibliotecaria de 1993 a 2008, y se jubiló trabajando en esta institución. De aquella época tiene los mejores recuerdos. “Cuando entré se comenzó a hacer toda la parte. Antes el fichero era manual y se pasó todo a la computadora”, recordó.
Para Julia la biblioteca es importante no sólo porque fue su lugar de trabajo, donde forjó vínculos, sino que reconoció que “es la única que tenemos en la ciudad y fue el mejor lugar de trabajo”.
Durante sus años de permanencia le tocó celebrar y participar de los festejos de la biblioteca cuando cumplió los 100 años.
“Para esa fecha especial armamos un CD que para aquellos años era toda una novedad, y mostramos fotos y la historia de la institución”, indicó.
Julia le tocó estar en el mostrador cuando iban muchos chicos a la biblioteca y no había otros dispositivos como hay hoy, sólo libros. “Había días que teníamos que cerrar la puerta porque estaba todo lleno y los chicos esperaban para poder entrar, el nivel de atención era otro y si bien, mucha gente asiste a la biblioteca actualmente, hay otros dispositivos y es muy distinta la búsqueda de los libros”, recordó.
En cuanto a las nuevas tecnologías opinó que “hoy el bibliotecario tiene que estar más empapado de las novedades y alcances de la tecnología, porque los libros solos no alcanzan”.
Estando jubilada, Julia sigue estando en contacto con la biblioteca y es socia desde los años en que la sede estaba ubicada en calle 62.
Por su parte, Yolanda Naso, es socia desde hace muchos años, tiene 79 y recordó cuando la sede estaba ubicada en calle 62. “Mi casa estaba muy cerca y cuando regresaba del Colegio Nacional donde cursaba iba a la biblioteca porque me quedaba de paso. Era un lugar de lo más cordial y me acuerdo de la maestra Juanita Aguerre, quien atendía nuestros pedidos y nos jóvenes nos sentíamos muy identificados con el espacio”, detalló.
Yolanda, se describe como una persona que ama la lectura, pero en distintas etapas de su vida, no tuvo el placer de hacerlo. “Hubo periodos en que no podía ir porque formé mi familia, tenía muchas ocupaciones, crié a mi hijos y uno no tiene tanto tiempo para leer, pero hoy, para mi es imprescindible tener un libro en la mano, porque el hecho de terminar un libro y sacar otro, lo convierte a uno en habitué de la lectura”.
Actualmente Yolanda, asiste al Club de Lectura, y lo considera un refugio, donde está contenida y tiene un grupo de pertenencia.
Al momento de leer, aseguró que elige policiales y biografías, de lo contrario solicita asesoramiento a las bibliotecarias.
Cuando sus hijos estaban en la escuela, no iban mucho, porque tenían unas colecciones en fascículos de historia, geografía, lo que resultaba muy cómodo tenerlas y hacer los deberes en la casa.
Yolanda opinó que “la biblioteca es un complemento, un lugar de afecto, buen trato, educación, donde te saludan, dicen buendía y gracias, lo que no encontrás en otro lugar. Realmente me siento a gusto”.
A lo largo de los años, también ha forjado vínculos a tal punto que las bibliotecarias ya le conocen los gustos por los libros. “También les comento si hay un nuevo libro de algún autor, conversamos de libros y hoy por hoy, veo a la biblioteca totalmente renovada, con un espacio amplio con mucha luz, colores claros, muy actual en la decoración”.
Los años pasan y la Biblioteca Popular “Andrés Ferreyra”, sigue constante, posicionándose como una de las más emblemáticas del país, siendo un orgullo para nuestra ciudad.
Al momento de la creación
La Biblioteca Andrés Ferreyra fue creada el 12 de octubre de 1907, a instancias de la Asociación de Maestros de la Provincia de Buenos Aires, recibiendo en principio el nombre de Biblioteca Popular de Necochea.
Pero son innumerables las notas pidiendo apoyo a los organismos oficiales, hasta que se logró en 1909 la primera subvención de 10 pesos moneda nacional mensuales, otorgada por la Municipalidad de Necochea. Los maestros, no solo los jóvenes, sino las primeras figuras de la escuela, se turnaban en el cargo “ad honorem” de bibliotecario. Fue nombrado primer bibliotecario don Juan Serrallonga y sub bibliotecaria la Sra. Dolores Funes, el 2 de mayo de 1908.
La entidad fue reconocida inmediatamente por la ley de Bibliotecas Populares de la Nación y la provincia de Buenos Aires, bajo los números 197 y 62, respectivamente.
El nombre de Andrés Ferreyra le fue impuesto en 1923, en homenaje a quien fuera un destacado educador, político y escritor argentino.
Su sede estuvo en un inmueble de calle 62, entre 55 y 57, contando además de las estanterías llenas de libros, un escenario y una pequeña muestra de armas de los indios que habitaban esta región, así como también algunos animales embalsamados.
En el año 1959, la biblioteca tenía personería jurídica de la Asociación de Maestros de la Provincia de Buenos Aires, pero para poder actuar independientemente con bienes propios, era necesario que ella tenga su propia personería. El camino a seguir fue la formación de una nueva entidad, con fines culturales. Nació así “Centro Cultural de Necochea” que cobijaba a la Biblioteca popular “Andrés Ferreyra”
El 6 de mayo de 1973 se inauguró el edificio de calle 54 Nº 3062, donde en su planta alta funciona la biblioteca, que desde su creación no ha parado de crecer tanto en contenido bibliográfico como en concurrencia de personas.
Al momento de la creación, vale señalar que desde el aspecto socio económico y cultural, la población en el año 1907 era de 11.113 habitantes, siendo la población urbana del 30% y la rural del 70%.
En cuanto a la actividad económica había 12 comercios varios, 6 de ramos generales, 4 hornos de ladrillos, 2 herrerías, 1 talabarterías, cantera de cal, molino harinero, 4 hoteles, 2 balnearios y Banco de la Nación Argentina.
En el aspecto educativo Escuelas común urbana estaba la Nº 4 y Nº 7; elemental Nº 1 y Nº 2; Infantil Urbana Nº 3 y Nº 9; Común rural Nº 6 y Nº 10; Particular Nº 2.
Desde los transportes, en el plano urbano funcionaba el tranvía a vapor, interurbano, tren y diligencia; particular, carro de cuatro ruedas; jardinera, charret, breck, volanta, landó, sulky, etc.///