Sin control ni respeto
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Con frecuencia suele decirse que la vulneración de las normas de
tránsito es una particularidad de una ciudad sin control ni respeto al prójimo.
Se reproducen en todo el país y para ejemplo se puede tomar en cuenta un reciente informe de la Asociación Civil Luchemos por la Vida, que revela que en el nuestro nueve de cada diez conductores no da prioridad a los peatones, cuando éstos intentan cruzar
la calle.
El trabajo da cuenta que en el último año 1.600 de éstos perdieron la
vida en las calles y rutas argentinas. Salieron de sus casas para nunca
más regresar.
En tanto, en el mundo la Organización Mundial de la Salud estima que
cada año 270.000 personas mueren atropelladas y constituyen la mayor
proporción de lesionados o muertos en las carreteras.
Los peatones, sin carrocería protectora, sufren graves lesiones en
caso de ser atropellados. Por eso, la ley nacional de tránsito establece
que los vehículos deben dar prioridad a quienes
cruzan correctamente la calzada por las esquinas o sendas, o
con el semáforo a su favor donde lo hay.
Dicha prioridad se respeta absolutamente en los países seguros
vialmente hablando, donde controlan el cumplimiento de las prioridades y
sancionan a los transgresores.
Lo más común en nuestro país es ver lo contrario. Los peatones
tienen que cederles forzosamente el paso a los vehículos ya que los conductores “olvidan” que la prioridad le pertenece al que camina. Así suelen esperar varios minutos
para poder atravesar la calzada o deben hacerlo corriendo ante el
peligro inminente de ser atropellados.
Ese comportamiento a su vez incentiva a arriesgarse irresponsablemente, también,
cruzando por cualquier parte, a veces distraídos escuchando música, o
hablando o enviando mensajes por celular, lo que explica los altos
índices de mortalidad.
Ante esta lamentable realidad resulta imprescindible que todos cambiemos
de mentalidad: que los conductores se detengan y otorguen la prioridad
de paso, y a su vez se debe cruzar en forma correcta y no por
donde se le antoja.
Por parte de los adultos es necesario que prevalezca el respeto por las normas de tránsito, que, de ser así fecundarán como ejemplo en los niños que en la mayoría de los
casos acompañan a sus mayores en los vehículos.
Por el lado del Estado municipal debería reforzar el control del
tránsito y el castigo a quienes no cumplen con las normas, brindando a
su vez clases de educación vial en los establecimientos escolares con
mayor frecuencia, de manera de formar a los futuros conductores. Una de
las tantas asignaturas pendientes.