Sin ningún plan para conceder ni urbanizar
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Esta semana el Concejo Deliberante dio el aval al club Villa Díaz Vélez para poner en marcha un proyecto de ampliación del complejo deportivo en el parque Miguel Lillo, que incluirá la construcción de ocho canchas de tenis, un SUM, entre otros servicios vinculados a la actividad.
Lo que el Concejo aprobó fue la devolución por parte del club de 25.000 metros cuadrados de tierras –un sector del pinar- que estaban a cargo de la entidad a través de la concesión y a cambio se le cedieron 6.750 metros cuadrados que le serán más útiles para concretar el proyecto.
Ante la iniciativa de la entidad deportiva inevitablemente surgen las siguientes preguntas: ¿Con qué criterios el Ejecutivo o el Concejo otorgan tierras del Parque? ¿Hay algún plan integral a largo plazo? ¿O cualquiera puede ir con un proyecto para que se arme una concesión?
Las últimas décadas nos han demostrado que no hay ningún proyecto atrás sino solamente una sumatoria de emprendimientos que se han permitido por decisión de los gobiernos de turno. Sin ningún tipo de planificación previa, se han concesionado clubes, campings, campo scout, cafés, parrilla, restaurantes y hasta un parque eólico que, a mediano y largo plazo, no hará más que frenar el crecimiento de la ciudad hacia el oeste.
Previamente debe haber una planificación que trascienda a los gobiernos y que marque el rumbo de lo que se debe hacer para que luego surjan los servicios e intervenciones que merece el parque Miguel Lillo atendiendo el mejoramiento de la reserva verde en todos sus aspectos turísticos, de esparcimiento y recreo. De lo contrario, cada gobierno dejará su improvisada impronta: uno abrirá un kiosco, el otro una parrilla y alguno otorgará más tierras para hacer un camping. De esta forma, no se puede garantizar un crecimiento ordenado, que siga un lineamiento y muchos menos una estética. Si no hay plan, cada uno hará lo que quiere. Primero hay que planificar y después hay que ejecutar, siempre siguiendo el plan previsto.
Párrafo aparte merece la instalación del parque eólico en el campo de Cipriano. Se entregaron tierras frente al mar a un privado para que haga su negocio en un lugar que en unos años más va a estar a la vuelta de la esquina. Y esto se hizo por falta de planificación.
Hoy puede parecer que la zona a la que hacemos referencia está lejos de la planta urbana, pero Necochea inexorablemente está creciendo hacia el oeste, es decir, hacia el paraje Las Grutas. No podemos dejar de recordar que años atrás la ciudad se dividía claramente en dos sectores: centro y playa.
Quienes tienen algunos años más vieron sin darse cuenta la unión de esos dos sectores. Hoy el núcleo urbano es uno solo. A eso hay que sumarle el crecimiento exponencial que han tenido los barrios Parque, Villa Arce, Villa Florida y Villa del Deportista. Sin darnos cuenta en poco tiempo, la urbanización estará a un paso de los molinos y lamentablemente quedarán en el medio de la ciudad. Mientras tanto el frente costero resulta un tabú, de lo cual nadie quiere hablar.
Alineado a todo esto, el asfalto de las avenidas 91 y 42 fue la apertura de una puerta al desarrollo de nuevos barrios donde también es notaria la falta de planificación. Las dos avenidas no tienen un plan urbanístico, por ello son residenciales y comerciales. Así es como conviven elegantes viviendas particulares con la más variada gama de comercios, instalados y habilitados sin ninguna norma regulatoria, solo bajo la tutela de la “excepción”. Ni siquiera se da cumplimento a la ordenanza de cercos y veredas.
Quizás los problemas de la coyuntura, dejan poco margen para pensar y para planificar la ciudad que queremos. O quizás falte decisión política para que, de una vez por todas, se inicien proyectos y se hagan obras que generen una transformación de Necochea.///