Sin respeto a la autoridad
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El reciente episodio que protagonizó el conductor de una camioneta, al huir de un control de tránsito y volcar el carro que tiraba sobre dos autos estacionados, se transformó en un nuevo ejemplo de la falta de respeto que se le tiene a la autoridad.
Por fortuna el escape iniciado en el puente Colgante y que derivó en una persecución por varias calles, felizmente no tuvo un desenlace para lamentar en cuanto a víctimas, aunque durante su desarrollo mantuvo en vilo a las personas que transitaban por el sector del raid; y que no eran pocas teniendo en cuenta que el anormal hecho se produjo en horas del mediodía.
El impetuoso conductor pudo ser aprehendido por la Policía, y prontamente liberado al no tratarse de un delito de gravedad, pero su mal accionar generó un amplio despliegue de inspectores, policías y empleados el municipio que tuvieron que despejar de la vía pública los elementos volcados desde el carro. Ni que decir de los daños producidos a los dos vehículos afectados.
Vinculado a las fugas, no acatando las órdenes de un inspector o agente policial, estos hechos se empiezan a incrementar en Necochea con el paso del tiempo. De hecho las estadísticas del Observatorio Vial municipal dieron cuenta de tres infracciones en el reciente mes de julio a conductores que hicieron caso omiso a las autoridades y huyeron.
Dentro de la creciente lista de transgresores, los motociclistas que llevan adelante las prohibidas picadas y maniobras peligrosas, optan en muchos casos por huir raudamente ante la aparición de alguien que pretenda disuadirlos.
Estas decisiones de escapar no solo ponen en riesgo las vidas de quienes las ejecutan, sino de terceros que puedan cruzarse en su camino en forma involuntaria. De allí que desde el municipio se inste a los inspectores a desechar las persecuciones, de manera de evitar accidentes de suma gravedad.
Está más que claro que aquél que huye a un control es porque está cometiendo una falta grave y no quiere que se lo detenga; porque no cuenta con la documentación obligatoria como conductor o propietario del rodado que guía o, en última instancia, porque transporta algo cuya procedencia no puede justificar o que integra el listado de ilícitos (drogas, por dar un ejemplo).
Fuera de estas escapadas, los vulnerados límites que el ciudadano debe tener para con un uniformado, también se han expresado en los encontronazos con agentes policiales, a los cuales se los enfrenta, insulta, golpea y hasta les roban el arma reglamentaria.
En estos arrebatos cierto es que hay un rol débil por parte de algunos uniformados, que expresan su falta de carácter y profesionalismo para llevar a cabo la tarea para la cual fueron capacitados. Y eso no significa que tengan que replicar con violencia o actuar en forma represiva.
Las conductas descontroladas, reaccionarias y por supuesto injustificadas que venimos observando, exponen que se ha devaluado el necesario respeto a la autoridad. Y ponen en peligro la vida en sociedad.
En el fondo estas reacciones son producto de la falta de educación para respetar las reglas de convivencia, que siempre decimos empieza en el hogar de cada uno y que debe ser cimentada desde la niñez. Una formación hoy más que desdibujada y plagada por malos ejemplos, que a veces vienen desde quienes gobiernan, legislan o conducen organismos de seguridad.
En este creciente escenario de transgresiones parece aún más ridículo aquél vaticinio de la máxima autoridad del país, el presidente de la Nación, cuando citó que de la pandemia “saldríamos mejores personas”. Algo que él mismo puso en tela de juicio con aquél festejo del cumpleaños de su esposa, mientras le ordenaba a la sociedad estar encerrada en sus casas.///