Sinónimo del básquetbol
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Emblema del Club Rivadavia, José “Polo” De Lizaso brilló como jugador siendo campeón argentino y jugando en la Selección. Como dirigente y apasionado por el deporte trajo la Liga Nacional y hasta los Juegos Panamericanos a Necochea
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Atravesó varias generaciones de deportistas locales, como jugador y dirigente de proyección nacional e internacional. Para todos es “Polo” para otros íntimos es el “Negro”. José Ignacio De Lizaso es sinónimo de básquetbol, en Necochea y en Bahía Blanca, ídolo en el Club Rivadavia y en Olimpo. Pionero, referente y dueño de un indiscutible lugar entre los grandes de nuestro deporte.
“En Necochea nadie había visto cómo se volcaba una pelota” advierte sobre los morochos estadounidenses Leroy Moreno y Neal Robinson que convocaban a multitudes en el Piso de Deportes en la campaña de Rivadavia por la Liga Nacional B de básquetbol en 1985. “Fue una explosión en la ciudad” agrega sobre un hito que el mismo propició como pujante dirigente. Muchos años antes, como jugador, aunque apenas había cumplido 15 años, ya había entrado en la historia de la ciudad cuando fue parte en 1961 del primer éxito para una Selección mayor de Necochea en un Torneo Regional, venciendo a Mar del Plata. “Fue en Miramar y recuerdo cuando volvimos muchos lloraban, era impensado entonces ganarle a Mar del Plata”, comparte hoy De Lizaso, a los 74 años, alejado del club desde hace una década, pero lúcido de recuerdos y opiniones.
Los comienzos
Cuando de joven se acercó al deporte reconoció que “no tenía mucha idea de lo que era el básquetbol, simplemente me fui dando cuenta de que tenía condiciones físicas y me encantó. Empecé en Boca y cuando estaba cerrado el club íbamos a jugar en la cancha abierta de Centro Vasco, que estaba ubicada donde hoy es el salón de fiestas. Día a día me daba cuenta que progresaba, veía a los que jugaban bien, trataba de imitarlos y me salía al toque”. Su llegada al Club Rivadavia fue de la mano de Víctor René Casenave. “Era primo de mi viejo, tío segundo mío, un técnico muy valorado en la ciudad y me habló de ir a Rivadavia y no lo dudé. Y allí empezamos a ganar todos los campeonatos”.
Sus actuaciones le permitieron llegar con apenas 14 años a la Selección mayor de Necochea. “En el primer Regional nos ganó Mar del Plata. Al año siguiente fuimos a Miramar y allí Necochea le ganó por primera vez en la historia a Mar del Plata. Y al año siguiente, como locales, les volvimos a ganar”. Estos éxitos y las chances de mostrarse, lo hicieron un jugador codiciado para los clubes de la zona.
De Bahía, al mundo
El paso decisivo en su carrera lo dio al terminar el colegio, buscando estudiar pero sobre todo seguir jugando: “Me habían hablado desde Mar del Plata y de Bahía Blanca, pero terminé eligiendo Bahía por la carrera –que no terminé- y también por el básquet porque en Bahía era el mejor, había jugadores más interesantes, ya los había enfrentado. Encontré una ciudad donde el básquet se vive a flor de piel y me enganché enseguida; nos quedábamos hasta las 2 de la mañana discutiendo sobre tal o cual jugador”.
Sobre la adaptación, recordó que “tuve que aprender de nuevo, allá me enseñaron sobre todo en defensa, rebotes, pero lo demás lo tenía natural, el tiro, el dribbling y sobre todo las ganas”.
Con la camiseta de Olimpo de Bahía Blanca comenzaría una década gloriosa, conquistando 9 torneos locales con el “aurinegro”, 10 provinciales para Bahía y 8 argentinos para Buenos Aires. Números que suenan a poco pero representan un período histórico en lo personal y en el básquetbol nacional. Con “Polo” como voz de mando y pieza clave, integrando una célebre trilogía junto a Atilio Fruet y Alberto Cabrera. “La gente me recuerda y me sorprendo, aun hoy. No digo que me conoce todo el mundo por la calle, pero el recuerdo en especial en Bahía Blanca es cada vez más fuerte. (Quizás porque) a nivel nacional, Bahía no logró ser campeón de la Liga y nosotros ganábamos con la base de bahía todos los campeonatos argentinos, ha tomado una dimensión impensada”.
De Selección
Y el paso siguiente fue la Selección Argentina. “Después que ganamos el primer Argentino, en 1966 en Jujuy, me llamaron. Fue para jugar el Mundial extra de Chile. No tuvimos buenas actuaciones, pero la mayoría nos conocimos en el avión. Entonces no se trabajaba bien. Al año siguiente fuimos al Mundial oficial en Uruguay (en 1967) y no fue una mala experiencia, terminamos sextos. Clasificamos en la zona, le ganamos a Japón y Perú, y perdimos con Rusia. Y en la ronda final, ganamos dos partidos, entre ellos a Uruguay en el “Cilindro”. Todos los partidos los perdimos por poco. En esa oportunidad el equipo se preparó bastante bien. Yo era un pibe, no era un jugador de base. En la Selección es difícil porque en el banco tenés un jugador igual o mejor que vos. Errás un par de pelotas y el DT se vé obligado a sacarte. En esa época no había una base en la Selección como hay ahora. También hubo un período en que no me llamaron. Quizás el entrenador cambiaba a 12 jugadores. Si no le gustaba los de Bahía no llamaba a nadie. Si el técnico era de Capital, los jugadores de Capital tenían prioridad y si era cordobés, lo mismo. Tampoco a nivel sudamericano se sabía mucho lo que era el básquet grande. De la NBA te enterabas por El Gráfico, yo porque mi viejo las compraba, pero no se tenía la idea de la trascendencia y menos se podía ver un partido”. De Lizaso volvería a la Selección en el Sudamericano de 1968 en Paraguay. Participó en los Juegos Panamericanos de Cali en 1971 y fue subcampeón sudamericano en Bogotá, en Colombia, 1973. En total vistió la camiseta nacional durante 26 partidos oficiales. “Con el técnico que más jugué en la Selección fue Jorge Canavesi, porque siempre me daba revancha. Si te tenía que sacar, después 3 o 4 minutos te daba la chance. El jugador necesita serenarse, verlo desde afuera. Conmigo tuvo muy buenos resultados con eso, me daba toda la confianza y me bancaba, por eso el DT es importante no sólo en el desarrollo del jugador sino también en la parte anímica”.
El retiro
En 1975, antes de cumplir los 30 años, decidió retirarse. “Después del Argentino en Comodoro Rivadavia, donde perdimos la final con Capital, me agarré hepatitis y estuve 4 o 5 meses sin jugar. Decidí volver, despacio, en un torneo comercial acá en Necochea. Me hice un equipo y en la final me corté el tendón de Aquiles. Me recuperé bien, pero esas cosas me pesaron. Estuve un año parado, ya tenía mi hija y estaba radicado nuevamente en Necochea, me costaba volver a Bahía para entrenar. El entrenamiento en ese nivel era exigente”. Y recuerda el momento en que tomó la decisión final: “Me habían invitado a un partido como refuerzo, en Mar del Plata, creo que para Juventud Católica, y cuando volvía de viaje me dije ‘que estoy haciendo con el basquet’, lo pensé y con todo el dolor del alma le mande una carta al club diciéndole que me retiraba”. Al respecto, reflexionó que “No estoy arrepentido, con las lesiones, sentís que no estas condiciones similares. No me gustaba entrar para cumplir, era muy responsable”.
El escritor y dirigente
Luego de un tiempo fuera de las canchas, no pudo quedarse al margen del basquet. Y nació el dirigente y hasta el escritor, invitado como columnista en Ecos Diarios. “Me fui a dar una mano a Rivadavia, ad honorem, creando el minibasquet, algo que no estaba en Necochea y que al poco tiempo sumaron Huracán y Centro Vasco. También cada tanto escribía una columna de opinión en Ecos Diarios y hablaba de la necesidad de que hubiese 6 u 8 equipos en Necochea para incentivar la competencia y no tener que viajar tanto, por los costos”.
Desde su empuje se concretaron dos de los acontecimientos deportivos más importantes de la historia de nuestra ciudad. En 1985, fustigó la participación del Club Rivadavia en la Liga Nacional C, que luego conseguiría el ascenso a la Liga B. “Eso no fue como consecuencia del empuje de los clubes o la competencia local. Había que poner plata y traer jugadores. Tener espectáculo. Y Leroy y Robinson eran especialistas en eso, enloquecían a la gente. Así vino también la Selección Nacional. El club me dio el apoyo. En esa comisión había muchos jóvenes que les gustaba el básquet, me preguntaron qué se puede hacer. Tenía todos los contactos, después de tantos años en el básquet. Soy además un tipo respetado, creo que eso me lo gané, y con cierta seriedad, por lo que si hablo con la gente de básquet en seguida me toman en serio y así pasó”.
Sobre aquel “boom” del basquet, agregó: “Los americanos que trajimos desequilibraban solo por el hecho de entrar a la cancha, sin necesidad de que el equipo esté demasiado bien formado, esa era la realidad. Cuándo tuvimos éxitos fue por ellos, después se estableció que en el Provincial no se podía tener americanos. Traerlos tuvo su dosis de locura, el apoyo de dirigentes jóvenes y el respaldo de una institución. No sabían qué podía pasar y así como hubo ganadores, en otros lados también hubo dolientes. Para nosotros fue importante mucho después también, porque surgieron “Los Hijos de la Liga Nacional”, esos pibes que entonces veían otro tipo de juego y lo digo por experiencia, jugas a otro nivel. Con esos chicos, después, a nivel regional le ganábamos a todos salvo a Mar del Plata, que ya estaba con equipos en la Liga Nacional. Hoy estamos muy lejos de Olavarría y Tres Arroyos”.
Luego, en 1991, también desde el decano, formó parte de las gestiones para que Necochea sea subsede de los Juegos Deportivos Panamericanos de Mar del Plata, algo que se concretó en 1995 con la cancha de Rivadavia recibiendo una de las zonas de la primera fase del fútbol. Sería presidente del comité organizador local.
Quizás alguna vez se podrá recuperar todo aquello que vivió el básquetbol. Aunque no se aparta, De Lizaso reflexiona que “Necochea es muy fría en ese sentido. Si mañana viene alguien, me animo, pero es como que nadie apoya. Pasa en todos los deportes. Hoy con tantos problemas, el deporte pasó a un décimo lugar. Y también (para los dirigentes) es más cómodo. Todo es un esfuerzo. Te vas quedando, a la espera que venga algún dirigente joven. Llegás a una edad en que te tranquilizas, lo pateas para el año que viene y así va pasando. Ocurrió con el fútbol también. Lo de la Liga Nacional, nació por los contactos que yo tenía y los que me apoyaron, no por el empuje de los clubes, sino Necochea nunca hubiese tenido algo así”.///