Sobrecargados de tareas y al borde del estrés
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Cada vez más chicos muestran síntomas de la presión que les impone el ritmo de vida urbano, también en nuestra ciudad
El estrés no es cosa de los adultos. Ser niño hoy no es lo mismo que hace 10 o 15 años. La sociedad altamente competitiva y demandante ha modificado también la rutina, exigencia y expectativas que recaen sobre los niños, haciéndolos más proclives a sufrir de los efectos del estrés.
Si bien esta afección es más común en grandes ciudades, en Necochea también se registran casos de niños estresados.
A corto plazo el estrés nos da la energía necesaria para afrontar las pruebas y dificultades por venir. En los niños puede ser un examen final, una presentación, una prueba deportiva, etc.
El problema suele generarse cuando las personas son expuestas por periodos prolongados al estrés dejándolos sin los recursos necesarios para adaptarse a nuevas situaciones, generando una serie de síntomas emocionales y conductuales, que los niños y adolescentes no saben poner en palabras para buscar ayuda.
Lo que representa un reto para los adultos que no logran identificar qué le sucede al niño, porque lo observan e interpretan desde una mirada adulta.
Pasados de vueltas
“Los chicos se estresan igual que los adultos. En el sentido de que las rutinas escolares y otras actividades exigen intelectualmente. Además que la mayor parte de las actividades no responde a un verdadero deseo de los niños sino a conformar ideales paternos”, explicó la psicóloga Ana Cavalcanti.
A pesar de que en Necochea el ritmo de vida no es tan exigente como en otras grandes ciudades, igualmente muchos chicos deben enfrentarse a rutinas diarias sobrecargadas de actividades.
A la escuela se le suman las clases de inglés, los deportes y otras actividades curriculares. Todo ello en medio del ajetreo de los exigidos horarios familiares.
“Lo que estresa al niño es no tener un tiempo de juego y creatividad inherente a sí mismo y a la etapa que esté transitando”, señaló la psicóloga.
“También los chicos con padres separados se enfrentan a tener que ir y venir de casa en casa. Trasladar sus cosas. Enfrentarse a diferentes ambientes con reglas distintas. A estar en medio de discusiones que no pueden comprender”, agregó.
Sentirse mal
El estrés puede generar síntomas físicos como dolor de estómago y dolores de cabeza (en adultos también se evidencia en dolor de espalda).
Los chicos pueden estar experimentando síntomas de estrés significativos cuando se quejan frecuentemente de dolores físicos — aun cuando los exámenes médicos dicen que todo está bien — o cuando los dolores y síntomas se incrementan ante ciertas situaciones estresantes, como un examen o una presentación.
Muchas veces los niños y adolescentes actúan en casa como si todo estuviera bien, pero su conducta es muy diferente cuando están con sus amigos y pares.
Por eso es importante que los padres estén atentos al comportamiento de sus hijos fuera del hogar.
Deben relacionarse con los padres de sus amigos y con los maestros para mantenerse informados de cómo se comporta, qué siente y qué piensa. Un cambio significativo en la interacción con los amigos puede ser un indicador valioso de que el niño o adolescentes está pasando por un mal momento.
Sin palabras
Expresar nuestros sentimientos a través de las palabras no es una tarea fácil. Ponerle palabra a nuestras emociones es una habilidad que desarrollamos mientras crecemos. Muchos chicos no saben qué significa sentirse estresados y probablemente tampoco sepan cómo describirlo. Por eso es muy probable que usen palabras como “preocupado”, “confundido”, “molesto” y “enojado” para expresarse cuando se sienten estresados.
Otros, especialmente los adolescentes, pueden expresar el estrés a través de frases negativas sobre ellos mismos y el mundo. Ellos pueden decir cosas como: “nadie me quiere”, “soy un estúpido” “nada es divertido”.
Por lo tanto es sumamente importante que los padres puedan escuchar aquellas palabras, tratar de comprender lo que su hijo le está tratando de comunicar y buscar la fuente de estrés que lo está afectando.
Hay situaciones complejas en donde los niños se ven afectados frecuentemente por los síntomas del estrés y que ya no saben cómo afrontarlo.
En estas situaciones es muy recomendable que los padres busquen ayuda profesional en un psicólogo que los guíe a identificar el problema que afecta a su hijo y desarrollen en conjunto un plan de tratamiento efectivo para reducir el estrés y ayudarlo a enfrentar las situaciones que lo agobian.
Estar atentos
Cavalcanti señaló que la recarga de actividades de los chicos “parece inevitable” por estos días.
“Porque los chicos tiene que estar escolarizados. Además la mayoría estudia inglés porque es una herramienta indispensable. Tiene que hacer algún deporte por el sedentarismo. Más la tarea que se llevan a casa y así van acumulando”, explicó.
“Los chicos expresan el estrés de varias maneras, a veces comiendo en exceso, bajan las notas, se comportan en forma desafiante, insomnio, introversión”, indicó.
Otros adquieren “conductas evasivas como no hablar. Agresividad. Conductas de riesgo, accidentes peleas con pares etc.”
“Hay que estar atento para ver cuándo facilitar la vida de un niño. Y para simplificarla para que no pierda su infancia exigido y estresado”, concluyó.
Qué es el estrés
El estrés es un sentimiento de tensión física o emocional. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que lo haga sentir a uno frustrado, furioso o nervioso.
El estrés es la reacción de su cuerpo a un desafío o demanda. En pequeños episodios el estrés puede ser positivo, como cuando le ayuda a evitar el peligro o cumplir con una fecha límite. Pero cuando el estrés dura mucho tiempo, puede dañar su salud.
Hay dos tipos principales de estrés:
Agudo: Este es estrés a corto plazo que desaparece rápidamente. Puede sentirlo cuando presiona los frenos, pelea con su pareja o esquía en una pendiente. Esto le ayuda a controlar las situaciones peligrosas. También ocurre cuando hace algo nuevo o emocionante. Todas las personas sienten estrés agudo en algún momento u otro.
Crónico: Este es el estrés que dura por un período de tiempo prolongado. Usted puede tener estrés crónico si tiene problemas de dinero, un matrimonio infeliz o problemas en el trabajo. Cualquier tipo de estrés que continúa por semanas o meses es estrés crónico. Puede acostumbrarse tanto al estrés crónico que no se de cuenta que es un problema. Si no encuentra maneras de controlar el estrés, este podría causar problemas de salud.
Síntomas
Lactantes
-Irritabilidad
-Llanto inconsolable
-Trastornos de alimentación
-Mal progreso de peso
-Trastornos del sueño
-Espasmo del sollozo
Infancia
-Problemas de conducta
-Trastornos de alimentación
-Trastornos del sueño
-Trastornos gastrointestinales
Adolescencia
-Ansiedad y depresión
-Colon irritable
-Dolor de cabeza crónico
-Desmayos repetidos
-Trastornos serios de la alimentación
-Cansancio crónico
-Intolerancia al ejercicio físico
El estrés y la pobreza
Son varios los factores que determinan por qué algunos niños reciben la nutrición, la protección y la estimulación que necesitan, mientras que otros se quedan atrás. La pobreza es un factor común de la ecuación. En los países de ingresos medianos y bajos, 250 millones de niños menores de 5 años corren el riesgo de no alcanzar su potencial de desarrollo debido a la pobreza extrema y al retraso del crecimiento.
A menudo, los niños más desfavorecidos son los que menos posibilidades tienen de acceder a los elementos esenciales para un desarrollo saludable. Por ejemplo, la exposición frecuente o prolongada a situaciones de estrés extremo —como en casos de abandono y maltrato— puede activar sistemas de respuesta biológica que, sin la protección adecuada de un adulto, causan estrés tóxico, el cual puede interferir en el desarrollo cerebral. A medida que el niño va creciendo, el estrés tóxico puede acarrear problemas físicos, mentales y conductuales en la edad adulta.
Por su parte, el conflicto y la incertidumbre también pueden resultar decisivos, ya que los niños menores de 5 años en zonas afectadas por conflictos y Estados frágiles están expuestos a riesgos de calado para su vida, su salud y su bienestar.
Los descuidos y la inacción tienen un alto precio y comportan consecuencias a largo plazo para la salud, la felicidad y las capacidades para obtener ingresos cuando estos niños alcanzan la edad adulta. También contribuyen a perpetuar los ciclos internacionales de pobreza, desigualdad y exclusión social.
Pese a que son esenciales, los programas para niños y niñas en la primera infancia siguen careciendo ampliamente de financiación, y su ejecución es deficiente. La inversión pública en el desarrollo del niño en la primera infancia es escasa.
Fuente: Informe de la Unicef sobre el desarrollo de la primera infancia