Solidario por vocación
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Juan Pablo Toledano creó hace unos años la asociación civil Raíces Solidarias. Toda su vida ha cambiado para adaptarse al trabajo del voluntariado
Por Juan José Flores
Redacción
“La solidaridad tiene muchas formas. No es necesario tener formación ni algo material para dar”, dijo Juan Pablo Toledano. Señala que el simple hecho de escuchar a aquellas personas que no tienen quién las oiga, ya es un hecho solidario.
Sin embargo, aunque todos podemos ser solidarios cuando se producen catástrofes y ayudar regularmente, para algunas personas la solidaridad es una forma de vida. Toledano es una de ellas.
Recuerda cuando tenía ocho años y vivía en San Cayetano, participó junto a su familia de una colecta de marcos de anteojos para la gente que no podía comprar y que iba casa por casa pidiendo la colaboración de los vecinos.
Hace unos años, en un día de tormenta, Juan Pablo volvía del campo en su camioneta y vio a una familia resguardaba bajo un árbol. Una mujer y sus hijos habían huido de la precaria vivienda donde residían por temor a que la tormenta volara la endeble construcción.
De aquella jornada tormentosa surgió una iniciativa que con el tiempo se convirtió en Raíces Solidarias, una asociación civil que tiene como objetivo construir un centro de contención para aquellas personas que por distintas circunstancias se quedan en la calle, sin lugar donde vivir.
La intención de la entidad es brindarles a esas personas un hogar temporario hasta que se encuentren en condiciones de poder conseguir su propio lugar.
Pero además, la asociación realiza habitualmente colectas y colabora con personas que necesitan ayuda alimentaria, ropa o cualquier tipo de colaboración.
Estilo de vida
“La solidaridad es día a día, hora a hora, en cada momento”, señaló Toledano, que a los 51 años dedica gran parte de su tiempo a Raíces Solidarias. Para ello ha debido modificar su forma de vida.
Dedicado desde hace una década a la genética bovina, ha preferido resignar tiempo de su trabajo para dedicarlo al voluntariado.
“La solidaridad uno la puede generar diariamente y a veces con pequeñas cosas. Con actos, no sólo con cosas materiales. Con palabras, con acompañamiento”, afirmó.
“A veces solidaridad es estar al lado del que necesita, solamente escuchando. Para eso no hace falta nada material”, indicó Toledano que siempre ha sentido esa necesidad de ayudar. “Viví 12 años en Europa y no me limité solamente a ir a ver la Torre Eiffel, el Museo del Prado, el Duomo de Florencia, fui a ver los campos de refugiados en Bosnia”, señaló.
Por eso, explicó, piensa que lo suyo es ante todo una vocación. “La mirada solidaria la tenés o no la tenés. Y no estoy juzgando a quien no la tiene. Es algo que te surge porque te reconforta de alguna forma”, aseguró.
Incluso es habitual escucharlo decir en tono de broma que lo suyo es egoísmo: “Hago esto porque recibo más de lo que doy”.
Pero ante todo, explicó, “es un estilo de vida”.
Y esa forma de vivir impacta directamente en su cotidianeidad. “Siento que tengo más de lo que necesito para vivir. En esto uno ve muchas carencias”, señaló.
Y al comprender que se puede vivir con menos, “la vida es diferente. Uno pasa a tener un estilo de vida distinto”, afirmó.
Al quitarle horas al trabajo para dedicarlo a la solidaridad, también hay que replantearse otras cosas, como vivir con menos ingresos. “Todo es diferente y hay que ser un poco más austero”, precisó.
Pero para Juan Pablo ese no es un problema, es en realidad una elección. Por estos días lo que más le preocupa es lograr finalmente que su entidad Raíces Solidarias consiga un precio para poder instalar la sede y comenzar a construir el centro de contención familiar.