Sólo queda rezar
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Seguramente el título de esta columna parezca exagerado para algunos. Sin embargo, es la frase que surge al analizar lo que está sucediendo en materia de inseguridad en nuestra ciudad.
Tema recurrente si los hay en los últimos tiempos, el delito no para de recrudecerse y parece no tener techo. Se disfraza de distintas modalidades como arrebatos en la calle incluidas golpizas, boqueteros, cuentos del tío o entraderas a viviendas, pero lamentablemente en los últimos días ha tenido un marcado brote de hechos, producto de una falta de control y eficiencia profesional para aclarar los hechos.
Si bien los atracos no distinguen barrios, edades ni sexo de las víctimas, hay sectores de la ciudad que realmente la están pasando peor. Uno de ellos es el barrio Villa del Deportista, con 15 robos-vaciamiento de casas en la misma cantidad de días. Casi un record de vulnerabilidad.
Los indignados vecinos han dejado trascender que los efectivos policiales les confiesan que los móviles con los que deben cumplir su labor no poseen combustible para movilizarse en forma constante y hacer las preventivas recorridas. Una materia prima que debe proveer la Municipalidad, que bien es sabido se halla en una crítica situación económica.
Algunos residentes se resignan a soportar los robos y ni siquiera hacer la denuncia policial porque entienden que nada se aclarará. Una conducta que fortalece la impunidad de la delincuencia.
El hartazgo llega a tal punto que una familia se mudó de su casa cansada de que le robaran. Hasta la libertad de vivir donde se desea es resorte de quienes se dedican a robar, a veces con el cuestionado pretexto que no consiguen trabajo. Nada de dignidad personal, por cierto.
En la coyuntura cuesta entender la quietud del Ejecutivo y el Concejo Deliberante, ambos con organismos que deben bregar por la seguridad. No exigen respuestas a quienes deben actuar para que los habitantes vivan tranquilos. Parece que están viendo “otra película”, una realidad distante de la que acontece en la ciudad.
Claro que ninguno de estos funcionarios está a salvo de los delincuentes. Y de ello puede dar cuenta la secretaria de Desarrollo Humano y Políticas Sociales y hermana del Intendente, Jimena López, quien sufriera hace poco un cuantioso robo en su casa.
Mientras la Policía, y en segunda instancia la Justicia, ésta en los contados delitos que se aclaran, “duermen la siesta”, cuando más tranquila mejor, la comunidad está a merced de la delincuencia. Nadie está a salvo más allá de las alarmas, perros y rejas que disponga en sus viviendas. Una situación que agobia y que justifica la frase de que sólo queda rezar para no ser víctimas de despojos que en muchos casos cuesta recuperar o directamente no se logra. Todo esto si la situación no se agrava con repercusiones físicas o, en el peor de los casos, pérdida de vidas, como lamentablemente le ocurriera al empresario Guillermo Depierro.