“Somos guerreras y mantuvimos la fuente de trabajo”
La historia de Engraucoop se sigue escribiendo con el esfuerzo de sus integrantes
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Como tantas otras plantas procesadoras de pescado de Necochea y Quequén, en agosto de 2011 la empresa Engraulis cerró sus puertas. Quedaron sus instalaciones abandonadas, sus proveedores defraudados y sus trabajadores desempleados (mayoritariamente mujeres), sin cobrar indemnización ni salarios adeudados.
La planta de Quequén, ubicada en calle 517 entre 542 y 544, funcionaba desde 1974, alcanzando momentos de gran productividad en la industrialización de anchoíta. Contaba con más de 100 operarias cuando los directivos de la empresa, de capitales españoles e italianos, le dieron un abrupto final presentando quiebra.
Un grupo de más de 20 de aquellas operarias decidió dar batalla, pese al escepticismo de muchos. Resistieron. Primero de manera improvisada, haciendo comida para vender casa por casa. Luego se asesoraron y conformaron una cooperativa de trabajo. Así surgió Engraucoop. No sólo lograron recuperar su fuente de trabajo, mantenerla durante estos últimos años, sino que la hicieron crecer. Si bien aún venden la anchoíta industrializada sólo en el mercado nacional, soñando con poder exportar en algún momento, hay momentos como el actual, en el que trabajan más de 200 operarias manufacturando pescado.
Analía Morino, una de aquellas trabajadoras impulsoras de Engraucoop, no olvida que pasaron momentos difíciles. “Un ex intendente nos dijo que esto no iba a funcionar nunca. Y otros pensaron lo mismo, pero hace 14 años que estamos. Somos guerreras y tratamos de mantener la fuente de trabajo. Gracias a Dios esto se ha extendido, así que estamos muy contentas”, expresó.
El sueño de exportar
Mientras las operarias se hallaban concentradas en su labor, con música de fondo puesta por el establecimiento en el entendimiento de que ello hace más amena su jornada, Morino recalcó que aquel jefe comunal “se equivocó” con su diagnóstico “porque no confió en las mujeres guerreras, jefas de hogar” que no se quedaron de brazos cruzados y en la mera protesta ante la adversidad.
“Exportar siempre fue nuestro sueño, aunque más no sea a los países limítrofes, donde hay demanda. Estamos trabajando para llegar a eso”, reveló la integrante de Engraucoop, recordando que en el proceso de convertirse de trabajadoras desempleadas en miembros de una cooperativa contaron con vital asesoramiento, a través del cual pudieron tener conocimiento de cómo llevar adelante un emprendimiento industrial.
“En este momento estamos trabajando casi 200 personas, el 95% de ellas mujeres, para abastecer un pedido de uno de sus clientes”, indicó, precisando que la planta tiene actividad de lunes a viernes, en el horario de 7 a 15.
El año pasado vivieron momentos de angustia, como consecuencia del proceso judicial iniciado oportunamente por acreedores de los propietarios originales del establecimiento (tanto proveedores como varios trabajadores), por lo que se había dispuesto la subasta de las instalaciones, incluyendo su equipamiento.
Asesorada legalmente la cooperativa de trabajo por el abogado local Huberto Santillán García, se logró frenar aquella subasta y la medida quedó en suspenso.
Proyecto de expropiación
Mientras tanto, la ex diputada Natalia Sánchez Jauregui presentó un proyecto de ley ante la Legislatura bonaerense, promoviendo la expropiación de las instalaciones que fueran propiedad de Engraulis S.A, a fin de garantizar la continuidad del procesamiento de anchoíta por parte de Engraucoop.
La iniciativa tomó estado parlamentario (Expediente 2795/23-24).
La ex legisladora bonaerense planteó que el establecimiento sea declarado de utilidad pública y el inmueble sujeto a expropiación, como así también toda su maquinaria. La planta tiene una superficie que supera los 6500 metros cuadrados.
Asimismo, se propone que tanto el inmueble como las instalaciones y maquinarias apropiadas sean adjudicadas en propiedad y a título oneroso a la cooperativa de trabajo Engraucoop.
También se contempló que el gasto que demande el cumplimiento de la ley sea atendido con el Fondo de Recuperación de Fábricas de la Provincia de Buenos Aires.
A ello se agregó la propuesta de que se autorice al Poder Ejecutivo a “proceder a la compensación de créditos fiscales que la Provincia de Buenos Aires posea contra los titulares de dominio en concepto de impuestos, sellos, tasas, multas, gravámenes y demás tributos provinciales”.
Si bien no ha habido definición, tanto en lo jurídico como en lo parlamentario, Engraucoop ha podido continuar con su actividad productiva, que nunca se detuvo. “Nunca detuvimos la tarea”, recalcó Analia Morino, satisfecha por esta continuidad laboral. Como así también por la incorporación de nuevas trabajadoras. “Tenemos de todas las edades. Las chicas les enseñan a las nuevas que se van sumando. Todas son muy buenas y responsables”, subrayó.
Consultada sobre la situación económica-financiera de Engraucoop, sostuvo que si bien tienen demanda y el trabajo es permanente, una vez que se abona lo que corresponde a quienes desarrollan tareas “no nos sobra nada, lo poco que queda se destina a reparación y mantenimiento”, a fin de garantizar las condiciones de higiene y salubridad que exige el Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria).
Con humildad, pero con la fuerza de una “guerrera” más del grupo que logró recuperar y mantener durante todo este tiempo el funcionamiento de la única planta procesadora de pescado que queda en el distrito, Analía Morino nunca olvida aquellas palabras pesimistas que auguraban un fracaso al intento de preservar la fuente de trabajo. “Nos dieron más fuerzas para seguir y continuamos teniéndola. Trabajando en equipo, nuestro objetivo siempre es el mismo: poder seguir trabajando y llevar diariamente el pan a la casa”, manifestó.
Es de esperar que el acompañamiento de dirigentes políticos en vísperas de elecciones, incluyendo actos y manifestaciones en torno a la planta industrial de Quequén, no quede en eso y que, efectivamente, pueda lograrse que en algún momento Engraucoop tenga la certeza y la tranquilidad de contar con la propiedad de sus instalaciones, de manera que la continuidad de esta procesadora de pescado quede definitivamente garantizada.
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