¿Somos una sociedad apática?
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El jueves 30 será la última sesión del año en el Concejo Deliberante y también será la última con la actual composición ya que en la próxima asumirán los ediles elegidos en la pasada elección. Según trascendió, se tratarán varios proyectos entre ellos la prohibición de quemar neumáticos en la vía pública y otros vinculados al medio ambiente como la creación de una Dirección del Parque. También algunos vinculados al turismo como la presentación de un circuito cultural que atraiga visitantes y la prohibición de promocionar alquileres temporarios en la vía pública.
Quedarán para más adelante el presupuesto y el aumento de tasas, en cuanto a la moratoria, proyecto a que aún no se presentó en el Legislativo, tanta es la premura del Ejecutivo para tratarse que hará lo posible para que el jueves no solo se discuta sino que también se apruebe. Habrá que ver qué voluntad política el Intendente encontrará en la oposición para que pueda contar con esa herramienta recaudatoria.
De estos temas y otros se ocupará el Concejo Deliberante mientras la ciudad está a un mes de la temporada y si bien Eduardo Otero, presidente del Entur, está ocupándose de promocionarla, ésta no ha mejorado nada en cuanto a servicios.
Duele reconocerlo pero, por ejemplo, la persistente falta de agua en distintos barrios, las calles rotas, el Casino, la rambla, la avenida 2, la Villa en general demuestran que siempre se puede estar un poco, o mucho, peor.
¿Qué nos pasa a los necochenses? ¿Cómo podemos convivir con tanta desidia que se nos presenta a diario frente a nuestra vista?
No puede ser que el clima sea hoy la variable de la que dependamos para el éxito o fracaso del verano en términos económicos. Que lo único que podamos mostrar en videos y gráfica de promoción sean las playas, el río o el parque. La infraestructura de servicios es fundamental para que la ciudad tiente a los visitantes y en este sentido aun la deuda es enorme.
Ni siquiera hemos sido capaces de potenciar lo que la naturaleza nos ha brindado. El uso de la playa se ha extendido a lo largo de los años y tanto turistas como vecinos concurren a sectores a los que acceden con las camionetas 4×4, como el muelle de pescadores, el molino, Las Grutas, Punta Negra y más allá también. Sin embargo, esta tendencia no ha sido acompañado de la instalación de servicios como bajadas y baños públicos, sombrillas, lugares gastronómicos o, por lo menos, una canilla para sacar agua. La últimas intervenciones en la costa fueron los balnearios que se renovaron entre el 2004 y el 2009; otros se derrumbaron y otros se construyeron nuevos con una arquitectura más amigable con el paisaje; también, en la misma época, se levantaron algunos paradores sobre la arena de Necochea y Quequén que, sin llegar a ser balnearios, ofrecen unidades de sombra y otros servicios. Luego, la nada y estructuras obsoletas continúan en pie sobre la arena interponiéndose entre la urbe y el mar, recordándonos cuánto poco nos comprometemos y cuantas pocas decisiones se han tomado en los últimos años a favor de la ciudad. Desde entonces el frente costero se encuentra detenido en el tiempo con el agravante del edificio del Complejo Casino que se ha ido deteriorando hasta su insoslayable clausura a la espera de que se decida de una vez por todas qué hacer en ese espacio. ¿Cuánto más vamos a esperar? ¿Cuántas líneas más escribiremos sobre lo mismo?
En toda la Costa Atlántica, operadores del sector coincidieron en la necesidad de ofrecer valor agregado para estar en condiciones de competir con Brasil y Uruguay, destinos que tanto seducen a los argentinos. Así fue como el gobierno provincial apostó fuerte a Mar del Plata y entonces muchos protestaron porque la Gobernadora anunció un plan de promoción de “la feliz” excluyendo a la “del suave declive” como si desconocieran que las ofertas y promociones son una variable pero no la única a la hora de elegir o proponer un destino turístico. En nuestra ciudad la calidad de los servicios sigue siendo muy pobre.
¿A qué nos referimos? A nada muy exigente sino a cuestiones básicas como baños y bajadas públicas en condiciones, en la playa; iluminación y bebederos, por ejemplo en los circuitos aeróbicos del Miguel Lillo; accesos y señalización en condiciones; también la ciudad adolece de una cartelera de espectáculos nutrida y variada; cuenta con un solo hotel 4 estrellas y hay algunos 3 estrellas que ofrecen muy buena prestación pero otros todo lo contrario; además, es necesario que todo aquello que se consuma, desde una hamburguesa a una película en el cine, una habitación de hotel o un helado puedan abonarse con tarjeta de crédito o débito. Lo contrario es un despropósito, especialmente cuando en otras ciudades del país o del extranjero hasta los vendedores ambulantes dan la opción del pago con tarjeta.
Nadie niega que somos una ciudad con un potencial natural rico, con ambiciones, con algunas iniciativas privadas ponderables pero con dificultades para lograr el desarrollo turístico que tanto, o algunos, anhelamos.
¿Somos una sociedad con sentido de pertenencia, nos sentimos parte de un todo que debería cuidarse, fortalecerse en los lazos y crecer con la mirada puesta en el presente y proyectada hacia el futuro? ¿O somos una sociedad fragmentada que aún no ha podido superar los individualismos, cierto conservadurismo, y que no ha encontrado valores comunes que hoy vinculen a sus habitantes? Supongamos que esos valores ya no pueden encontrase en la tradición ni en el pasado pero acaso ¿no podrían buscarse en el futuro? En algún lugar es necesario que estén para lograr esa cohesión social necesaria para creer en nosotros mismos y en nuestro desarrollo.
El turismo ( y todo lo que trae de crecimiento cultural, económico y social) podría ser aquello que nos haga encontrar un deseo, una esperanza para compartir, una identidad con lo colectivo y nos comprometa, a la política pero también a la sociedad civil, en un proyecto a largo plazo. Hoy pareciera que no existen liderazgos capaces de pensar, de idear un plan sustentable de desarrollo turístico que enamore y convoque a todos, especialmente a aquellos empresarios que estén dispuestos a invertir en un rubro de la economía local que hasta ahora ha sido poco tentador por falta de políticas públicas que lo estimulen. Esta situación debe revertirse porque de lo contrario no habrá destino, si seguimos haciendo lo mismo nada cambiará. Es hora de tomar decisiones y la que compete al Casino podría, tal vez, ser la que nos saque de este estado de abulia y convertirse en la punta de lanza que estimule a la transformación de una zona de la ciudad que ha quedado arrumbada.
María D. González
Redacción