“Soy autodidacta, pero tuve un largo camino hacia este presente”
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Dijo Paulo Silvan, quien creció dibujando en Necochea y hoy le da vida a importantes producciones animadas del cine y la TV
Ningún sueño es tan loco como para no hacer al menos un intento por alcanzarlo. Eso es lo que dejan entrever cada una de las palabras de Paulo Cesar Silvan, un hombre que pasó su infancia y adolescencia dibujando en su casa de Necochea y que hoy recorre el mundo, haciendo contratos con empresas de animación para colaborar en importantes producciones.
La tecnología y el dibujo eran su pasión desde que pudo empezar a elegir qué hacer con su tiempo libre.
Con los años, esos pasatiempos se fueron moldeando a los equipos más modernos y a los conocimientos que iba adquiriendo, incursionando así en la programación, el modelado y animación de personajes.
Aprendiendo solo
Paulo Silvan se considera un autodidacta, dado que en sus comienzos aprendió todo por su propia cuenta, leyendo tutoriales en revistas, libros y en Internet. “A los 13 años hice mi primera animación en computadora y a los 16 diseñé y creé mi primer videojuego, que no terminé y quedó archivado entre otros proyectos inconclusos”, contó.
A los 18 años se fue a Buenos Aires a estudiar Diseño, pero no le iba bien en la carrera porque seguía utilizando su tiempo en lo que realmente le interesaba, que era la animación 3D.
Regresó a Necochea un año después, y fue aquí donde decidió armar un equipo de trabajo artístico con un grupo de amigos, para llevar a cabo una propuesta del artista local Hernán Ricaldoni, quien quería dirigir y producir un cortometraje animado.
Así fue que nació una pequeña empresa a la que llamaron “Calle 64 Studio”, mediante la cual dieron inicio a un proceso creativo que le daría vida a “Uno en la madrugada”, el primer cortometraje animado hecho en Necochea por artistas locales, entre los que estaban también Matías Boltri, Mariana Reynoso y Juan José Flores. “Sinceramente, hoy veo ese trabajo y, como les ocurre a la mayoría de las personas que continúan aprendiendo y mejorando en su rubro, me provoca cierta vergüenza, pero he logrado entender que fue parte de mi largo camino hacia este presente y me motivó a seguir buscando la manera de superarme”, contó.
Aquella primera experiencia no resultó un gran éxito, pero fue eso: una buena experiencia de aprendizaje.
Momento de dudas
Ya dudando de que su carrera profesional pueda seguir por ese lado, decidió ir hacia un trabajo más “seguro” y comenzó a dedicarse a la navegación en Mar del Plata, para una empresa en la que su padre llevaba trabajando varios años. “Sin dudas esa fue una experiencia muy dura en cuanto a lo físico y lo emocional, porque entonces pasaba semanas en altamar y solo un par de días en tierra. En ese tiempo me compré una notebook muy básica y durante los descansos de mi jornada laboral a bordo del barco, me dedicaba a practicar mi animación”, recordó.
En esos tiempos libres, modeló sus propios personajes, que le sirvieron para armar un demo y enviarlo a las empresas de publicidad de Buenos Aires. “Cuando tuve el video armado, viajé a la Capital y repartí mi currículum con un CD en donde había grabado la compilación de mis trabajos. Pasaron ocho meses durante los que seguí navegando sin muchas expectativas, hasta que recibí la llamada que me cambió la vida”, contó Silvan.
Sin ninguna certeza, Paulo se bajó de ese barco porque una empresa quería probarlo pero no le daba ninguna garantía. Aun así, después de haber trabajado durante tanto tiempo en algo que no le gustaba y llegar a hacerlo bien, ya había ganado la confianza suficiente como para creer que podría hacer cualquier cosa que se propusiera, y se arriesgó.
Luego de un mes de prueba le ofrecieron un contrato fijo en 3Delivery, la empresa porteña en la cual se subió a la montaña rusa en la que ha estado montado desde entonces. Allí estuvo trabajando alrededor de tres años, aprendiendo también ciertas herramientas para ir forjando su futuro en el rubro. “En esa empresa estuve animando, entre otras cosas, para las campañas de Serenito, Kinder y Danonino, además de algunos trabajos que hicimos para Colombia y Estados Unidos”, manifestó.
A Nueva Zelanda
Desde Nueva Zelanda, un colega que había conocido en Buenos Aires lo recomendó en la empresa Oktobor, accediendo a una entrevista vía Skype que fue un fiasco, porque Paulo no era para nada bueno con el inglés. No obstante, al otro lado de la pantalla pudieron notar el entusiasmo y la predisposición, dándole la chance de mudarse a Nueva Zelanda, en enero del 2011. “Me enamoré de ese país casi al instante, un lugar en donde se respiran a diario, la paz y el respeto, pero además los paisajes son asombrosos, el verde estalla en cada esquina y las calles parecen recién asfaltadas”, contó el hombre que, a pesar de todo lo bonito, también pasó por varios momentos bochornosos a causa del idioma.
Meses después, llegó a hacerle compañía Ayelén Fernández Esker, una periodista también de raíces necochenses, con quien lleva más de quince años en pareja.
Títulos conocidos
En Oktobor estuvo alrededor de tres años y trabajó en series como “Pingüinos de Madagascar”, “Kung Fu Panda” y “Monsters vs Aliens” para la cadena infantil Nickelodeon.
Luego se mudó a Canadá para trabajar en Bardel, una empresa de animación con base en Vancouver. “Comencé a trabajar en la serie ‘Viva el Rey Julien’ y apenas siete meses después recibí una oferta para trabajar en una empresa australiana llamada Iloura. Impulsado por las ansias de saltar al largometraje, acepté la propuesta y nos mudamos por primera vez con los gastos pagos a Melbourne, donde trabajé en la película ‘Ted 2’”, contó.
Cinco meses después, se acabó el proyecto y regresaron a Nueva Zelanda, pero esta vez a la capital, Wellington, en donde comenzó a trabajar para Weta, una de las compañías de VFX (efectos especiales) de mayor renombre en el mundo. “Para mí fue un gran salto y estaba entusiasmado porque además trabajaría en una película con tomas puramente animadas: Alvin y las ardillas 4. Desde el inicio supe que no sería una película taquillera, pero disfruté mucho el proceso artístico y sin dudas crecí como animador”, explicó.
Seis meses más tarde se mudó a Singapur en donde trabajó para ILM Lucasfilm, en la película “La gran muralla”, por unos tres meses.
Luego volvieron a la Argentina, mientras completaba un curso de animación que le ayudaría a mejorar esas debilidades que aún podía notar en su trabajo.
Por otra propuesta laboral, regresaron a Nueva Zelanda, país que consideran hoy su segundo hogar, y allí pasaron un año mientras participaba en el desarrollo del proyecto cuyo resultado se estrenará muy pronto, en octubre del 2019.
Película premiada
A principios de 2018 lo contactaron del estudio Framestore, en Montreal, Canadá, para ofrecerle un contrato por un año, y así fue que en marzo llegó a trabajar en la película de fantasía “Christopher Robin: un reencuentro inolvidable”, cuya historia basada en Winnie The Pooh pero con personas reales ha sido nominada a múltiples reconocimientos, entre ellas el Óscar a mejores efectos visuales. Allí también participó en el proceso de animación de “Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald”, estrenada en noviembre de 2018, y “Artemis Fowl”, que aún no se ha estrenado.
Actualmente sigue viviendo en Montreal con su pareja, pero a partir del pasado febrero se mudó a la compañía digital Cinesite, en donde se encuentro trabajando para la película “La familia Adams”, dirigida por Conrad Vernon y Greg Tiernan, y cuyo estreno se prevé para octubre de este año.