Su lugar en el mundo y donde guarda los recuerdos
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Elena del Carmen Gabriele visitó Necochea y recordó la figura de su padre, que condujo primer el vehículo que cruzó el puente colgante el día de su inauguración
Días pasados el puente colgante Hipólito Yrigoyen cumplió el 90º aniversario de su inauguración y Elena del Carmen Gabriele se acercó a Ecos Diarios para recordar a su padre, Raúl Héctor Gabriele que encabezó la caravana de vehículos que cruzó la monumental obra, aquel 21 de julio de 1929.
“Belcha”, tal como la conocen en Necochea hace 42 años que se radicó en Mar del Plata pero acostumbra a pasar sus vacaciones y visitar al menos una vez al mes, el lugar donde creció.
Su intención es dar a conocer los pormenores de aquella fiesta, en particular lo que le atañe a su familia porque ha sido omitida como parte de los festejos.
“El vehículo que inauguró el puente que el de la panadería La Perla que era conducido por mi padre, acompañado de su hermano menor”.
Se trataba de un camión Chevrolet 1926 y Gabriele padre, por entonces tenía tan solo 18 años de edad y el hijo mayor del propietario del comercio, don Joaquín Gabriele.
“Me llamó la atención que se omitiera esa parte del acto porque fue un momento muy emotivo, que se reeditó en 1994, con motivo del 65º aniversario del Puente. Mi padre lo volvió a cruzar pero esta vez acompañado de un sobrino”, afirmó Elena.
Actualmente, está jubilada y periódicamente regresa a la ciudad “porque aquí nací y este es mi lugar”, destacó.
En lancha
Consultada acerca del acto inaugural del Colgante, “Belcha” contó que su padre llevaba el pan a la empresa constructora todos los días acompañado de su hermano más chico. El obrador se encontraba ubicado en la ribera de Quequén y para lograr su cometido “pasaba en lancha con las bolsas de pan para los empleados de la obra”.
Todos los días hacía el mismo recorrido mientras su hermanito lo aguardaba en la margen Necochea por lo que cuando llegó el momento de la inauguración “el capataz le otorgó el honor que su camión fuera el primero en pasar luciendo una bandera argentina en su capot”. Ese vehículo histórico ya no pertenece a su familia y lo adquirió un empresario panaderil de la ciudad.
La vida de “Belcha” Gabriele está íntimamente ligada a la industria panadera porque fue el oficio que su padre desarrolló desde siempre, “luego que se separó comercialmente de su padre hizo su propio local en la zona del puerto”.
Esta panadería llegó a abastecer el 90 por ciento de los hoteles de la ciudad y toda la familia estaba abocada a las tareas que ahí se desarrollaban, “fue panadero de cuna, en aquella época era muy sacrificado porque no había tantas herramientas como ahora”.
Ella y sus dos hermanas, trabajaban a la par de sus padres y respecto a las tareas de aquel entonces contó que “el pan se hacía y se dejaba en tablas, si era un día lindo quedaba en la cuadra y si estaba frío se lo ponía en “la estufa”, un lugar que estaba pegado al horno de leña-
Las anécdotas se van hilvanando una tras otra y Belcha comentó que “muchas veces el pan quedaba afuera y había que entrarlo porque cambiaba el viento, nos levantábamos todos a ayudarlo a papá”.
Este tipo de situaciones eran comunes en las panaderías de entonces y cuando llegó la mecanización el comercio de su padre fue declarado modelo en la provincia de Buenos Aires.
Raúl Héctor Gabriele se formó con panaderos de Tandil que vinieron a trabajar en el negocio de su padre, “aprendió mucho de ellos y tenían muy buena relación”.
A mano
A pesar que Elena del Carmen vivió la etapa de la mecanización “cuando hago pan lo sigo amasando a mano”, puntualizó.
Habla de su padre con mucho orgullo y en alusión a las características de la panadería que tuvo durante muchos años dijo que “la tomaron como modelo para mostrar las máquinas mecanizadas y se destacaba por sus dimensiones y limpieza, hasta la cuadra se enceraba, así era mi papá”, destacó.
Raúl Gabriele fue durante muchos años presidente del Centro de Panaderos y del Centro Industrial, “también impulsó la construcción del Club Huracán, era muy emprendedor y nunca bajó los brazos”.
Elena cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio de Hermanas y luego se fue a estudiar a Buenos Aires el profesorado de Historia. “Vino una época de muchas revueltas y a mi amiga de apellido Corripio y a mí nos fueron a buscar y nos trajeron de vuelta a Necochea”.
Un año más tarde el Colegio de Hermanas abrió los profesorados de Historia y Letras del que se recibieron dos promociones. “Venían profesores de La Plata, Buenos Aires y Mar del Plata, con un nivel excelente”.
Actualmente, tiene 73 años. Comenzó a ejercer en el año 70 en la Escuela Alemana y en el secundario nocturno de adultos de la Provincia que funcionaba en la Escuela Nº 1, “fue una hermosa experiencia trabajar con adultos, ahí conocí a mi marido aunque empezamos a salir unos años después”.
También fue docente provisoria en el Nacional pero era provisoria Pero tiempo después se casó, nació la primera de sus tres hijos y se radicó en Mar del Plata, “acá tengo una hermana y todos los recuerdos”.
Se jubiló en 2004 y desde unos años antes se dedica a hacer dulces caseros que se llaman “Como los de Carmen”, en honor a su madre. Se mantiene muy activa porque además asiste a clases de folclore, tango, memoria, tejido, yoga y teatro, “estoy todo el día en movimiento”, afirmó sonriente.///