Sueños de grandeza que el tiempo borró
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En octubre se cumplirán 50 años de la puesta en marcha de uno de los más importantes proyectos de desarrollo que tuvo la ciudad: el Frente Marítimo. Como otras iniciativas de planificación urbana, quedó en olvido
Hace 40 años, en noviembre de 1981, Ecos Diarios informaba sobre una posible nueva licitación para llevar adelante el proyecto denominado “Frente Marítimo de Necochea”, que impulsaba el gobierno municipal desde hacía varios años.
Se indicaba en el artículo que se habían modificado algunas de las condiciones de la anterior convocatoria, en particular las obras públicas que contemplaba el anteproyecto original.
Existía en aquellos años un consorcio denominado “Emprendimientos Turísticos Necochea”, integrado por varias empresas y que era el único interesado en llevar adelante el proyecto.
Sólo dos años después, con la llegada de la democracia, el ambicioso proyecto que durante años no se pudo llevar a cabo por falta de inversores, fue descartado por demasiado ambicioso.
Debieron pasar más de dos décadas para que el distrito volviera a tener un plan de desarrollo tan ambicioso. Se llamó PUA (Plan Urbano Ambiental) y tiene 245 páginas. Pero tampoco pudo ser llevado a la práctica.
A 50 años del Frente
La falta de planificación es algo que acompañó a la ciudad desde su fundación. El informe presentado por el Equipo de Preservación, Planificación y Diseño Ambiental (EPPDA) con motivo del centenario de la ciudad, en 1981, resalta este detalle.
Precisa que “de la aplicación de un plano tipo que se utiliza mecánicamente en todas las ciudades pampeanas, se dan en Necochea dos situaciones geográficas que alteran su aplicación. Estos límites son el mar y el río”.
Y precisamente el río impide la construcción de una de las cuatro plazas planeadas en torno a la central. Es que esa plaza debió construirse en la intersección de las avenidas 42 y 43, es decir, prácticamente en el río.
El Frente Costero fue tal vez el más ambicioso de los planes de desarrollo con el que contó la ciudad. Fue impulsado en los años 70 por el gobierno municipal de Alberto Percario, hoy cuestionado por un sector por no haber sido elegido democráticamente. En octubre de 1972 había gestionado ante la Dirección de Planeamiento Territorial, dependiente del Ministerio de Obras Públicas, nuevo equipamiento turístico, poniendo el acento en lo deportivo. En esa misma época surgió la idea de levantar en nuestro balneario un hotel internacional, gimnasio cubierto y otros escenarios para el deporte.
Pasaron otros dos años y surgieron nuevas propuestas, tales como la construcción de una gran pileta con agua salada en el interior del Parque “Miguel Lillo”. Finalmente, en julio de 1977 la Municipalidad local llamó a concurso de antecedentes para la remodelación del Frente Marítimo.
Se presentaron 26 firmas, de las que quedaron 23 a estudio de la comisión formada al efecto.
El 3 de octubre de 1977 se procedió a selección tres equipos de arquitectos entre los presentados, a los que se solicitó elaborar propuestas de metodología de trabajo.
Siguió el tiempo inexorablemente. Hasta que el 14 de enero de 1978 se firmó el proyecto de remodelación del Frente Marítimo entre la Municipalidad y el estudio de arquitectura Llauró, Urgell y Asociados.
No solamente se elaboró el ambicioso proyecto, sino que también se propuso la forma de financiación o de concreción, a través del sistema de concesión a la actividad privada.
La iniciativa recibió el impulso de la provincia, que incluso llegó a avalar económicamente el proyecto.
Finalmente, el 16 de enero de 1980 se procedió a preseleccionar el consorcio integrado por las firmas Di Tullio, Dara y Yarques, que se proponían llevar adelante las obras en un plazo de 9 años y con un canon anual de 28.800.000 pesos.
El proyecto urbanístico pretendía que el Frente Marítimo, “lejos de interponerse entre la ciudad y la playa”, diera lugar “a una transición que en medio de una gran fluidez ofrece: edificios de viviendas, galerías comerciales, estacionamientos públicos y privados, confiterías, restaurantes, centros de actividad cultural, recreativa y deportiva, campos de deportes, hotel internacional, etc.”
Meses más tarde, la renuncia del consorcio ganador del concurso dio el primer revés al proyecto. Si bien se llamó a una nueva licitación, que también terminó en fracaso, y se intentó convocar a una tercera, la iniciativa se convirtió con el tiempo en una utopía.
Con la llegada de la democracia se iniciaron acciones legales contra la comuna y los partidos políticos llegaron a un acuerdo para descalificar el proyecto del Frente Marítimo.
Fue el final de la ambiciosa idea y si bien luego surgieron otras iniciativas como el Frente Costero Sur y Norte, el gigantesco proyecto nacido en los 70 quedó en el olvido.
Un plan integral
Esta falta de planes de desarrollo urbanístico de la ciudad a largo plazo queda evidenciada aún hoy, ya avanzado el siglo XXI, en la falta de zonificación. Las normas vigentes son prácticamente las mismas que regían a principios de los 80.
El último intento de ordenamiento se produjo durante el gobierno de Daniel Molina, cuando entre 2004 y 2011 se desarrolló el Plan Urbano Ambiental (PUA) y del Código de Desarrollo Sostenible (CODES).
Se implementó un menú de 150 programas y proyectos, y se materializó el inicio de más del 50% de ellos. Se hizo con la participación de la comunidad (200 representantes de más de 100 entidades) en más de 20 talleres de trabajo,
Se diagnosticó el perfil de la comunidad y territorio, se consensuaron estrategias a mediano y largo plazo, se diseñaron los programas y proyectos acorde a los objetivos acordados, y entre ellos, se propuso renovar integralmente el corpus normativo en materia de ordenamiento territorial y ambiental.
Una década más tarde, la falta de un plan de ciudad queda evidenciada en el estado en que se encuentra el Complejo Casino, considerado alguna vez postal de Necochea. Precisamente en la página 54 del PUA, se hace referencia al Casino. Se puede leer allí que “la administración actual ha tenido y tiene la decisión de recuperar lo que por derecho nos pertenece a todos, dándole nueva vida a una de las obras de arquitectura más imponentes de la argentina, que es la postal de Necochea. En este caso se hace necesario contar con un plan de mantenimiento y conservación permanente, con presupuesto, para que su funcionamiento sea lo más eficaz posible. Por otra parte es de vital importancia generar una alternativa de usos y explotación sustentable en el tiempo para utilizar a este equipamiento como vector de desarrollo para toda el área circundante”. Sin embargo, la voluntad de esa administración sólo quedó reflejada en el papel.
Otro ejemplo de la falta de planificación es el parque, creado a principios del siglo pasado con objetivo de fijar los médanos y avanzar en el proyecto de los herederos de los Díaz Vélez para crear una ciudad con un trazado de avanzada turística, superior al de Pinamar.
El 26 de septiembre de 1927, al aprobarse la ley 3.928 de ensanche del ejido de Necochea en 10.000 hectáreas, los herederos de Díaz aceptaron también el ensanche de lo que ya comenzaba a llamarse Villa Díaz Vélez.
En 1939, la señora Mathilde Alvarez de Toledo de Díaz Vélez solicitó la aprobación de la división de tierras en lo que hoy es la villa balnearia.
Intervino el ingeniero Justo Duggan y la dirección de Geodesia aprobó el proyecto, ya que se trataba de una ampliación del ejido y las reservas de uso público sobrepasaban el porcentaje establecido por la ley.
Sin embargo, este proyecto encontró oposición en la Municipalidad de Necochea por considerarse que la “subdivisión es inconveniente para una ciudad balnearia cuya población estable y de temporada no es de gran densidad”.
Se consideraba que era inútil la ampliación de la zona balnearia en “regiones actualmente despobladas”.///