Suma de voluntades
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Las instituciones intermedias atraviesan varias dificultades para mantenerse en el tiempo, pero quizás la más importante es la falta de participación continua. Por tal motivo, cuando ingresan personas nuevas a entidades en funcionamiento, suelen dar un buen impulso no sólo por las ganas de trabajar sino también por las nuevas ideas.
Esto es lo que sucedió en Cáritas Nueva Pompeya. Este año, se sumaron alrededor de 25 personas, hombres y mujeres de distintas edades, de diversas actividades laborales y profesionales y múltiples intereses. El resultado fue un impulso notorio para la institución que funciona en el barrio de los Capuchinos y la ejecución de innovadores proyectos que pretenden romper con lo que se hacía hasta el momento.
Si bien siguen trabajando en la asistencia alimentaria y de ropa de las familias de menos recursos del barrio, la entidad no se queda sólo en ello, sino que pusieron en marcha varios programas que buscan ayudar a las personas desde otro lugar, dándoles herramientas para que ellas mismas puedan acondicionar o construir su propia casa o encontrar una salida laboral, en fin apoyarlas para que puedan desarrollar un proyecto de vida.
No se quedan sólo en la asistencia, sino que acompañan a las familias para que puedan salir adelante por sus propios medios. A veces lo que necesitan es concretar un trámite, recibir ideas, capacitación o solamente el acompañamiento para desarrollar un emprendimiento. En más de una ocasión, las necesidades no son sólo materiales y, por eso, la escucha, el aliento, el tiempo, la comprensión y el apoyo son fundamentales.
La suma de nuevas voluntades significó para la entidad la posibilidad de llevar adelante nuevos proyectos, muchos de los cuales incluso existen en Cáritas nacional y muchas veces, por falta de recursos humanos no se podían poner en práctica.
Algo similar ocurrió hace poco más de un mes en la Asociación de Amigos de Las Cascadas, que también sumó nuevos integrantes, que le dieron un impulso a la entidad para seguir trabajando, ya que incluso por la falta de participación habían pensado en disolverla.
Cada vez que una persona decide hacerse el tiempo para ayudar a otros o a trabajar por un objetivo en común vinculado con la ciudad, es para destacarlo porque ahí está la verdadera solidaridad. No sólo está en entregar una ropa que ya no usemos o comprar dos o tres alimentos no perecederos sino fundamentalmente está en dar nuestro tiempo para trabajar para que otras personas vivan mejor o para llevar adelante un proyecto que beneficie a nuestra ciudad en su conjunto.
Ojalá todos demos una porción de nuestro tiempo para trabajar por algo en común, seguramente nos iría mejor como comunidad.