Talentos en crecimiento
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Ellos son chicos que practican alguna actividad que los apasiona. Que han empezado desde niños, pero con los años han decidido continuar desde un camino más profesional, siendo primordial el apoyo de sus familias
Por María Cecilia Gotta
Redacción
Los protagonistas de estas historias de vida, son chicos. Ellos comenzaron a practicar alguna actividad que los apasiona, siendo niños, pero han pasado los años, crecieron y hoy siendo jóvenes y en plena adolescencia, han decidido continuar con la disciplina desde un camino más profesional, siendo primordial el apoyo de sus familias.
Sin lugar a dudas no es una decisión fácil de tomar, porque al tener que dedicar tantas horas y trabajar en pos de ese objetivo, tienen que elegir, dejar de lado otras situaciones propias de su edad, como querer salir a bailar, juntarse con amigos, disfrutar de las salidas, entre otros divertimentos. Aunque en más de una ocasión, lo hayan lamentado, ellos siguen firmes en su decisión, haciendo lo que más aman.
En tanto, el rol de las familias es fundamental para contenerlos, apoyarlos y costear sus gastos, siendo en todos los casos, un esfuerzo muy grande. Las dificultades siempre están presentes y es importante tener en cuenta la contención que ellos necesitan.
Ser del interior y de una ciudad pequeña como la nuestra, también presenta sus obstáculos y para muchas actividades es necesario mudarse, ir a otras ciudades.
Inclusive practicar las distintas disciplinas o cumplir ciertos objetivos, requiere gastos que cada familia tiene que enfrentar, habiendo realizado esfuerzos para recaudar fondos y costearlos, desde vender rifas, pizzas, entre otras actividades.
Estos jóvenes de entre 15 y 19 años, se muestran seguros, convencidos de lo que quieren, con un pensamiento más adulto, aunque detrás, están sus familias, que los guían y quieren lo mejor para ellos.
Marcos, tiene 16 años, es hijo de Ivana Meana y Gabriel Richards. Influenciado por su familia donde el deporte siempre estuvo presente, comenzó su camino en el vóley y hoy integra el equipo Sub 19 de la Selección Argentina.
En tanto, Valentina, de 15 años, es hija de Marcelo Facal y Guadalupe Montes de Oca. Desde muy pequeña baila danzas clásicas y actualmente se está perfeccionando en Estados Unidos.
Por otro lado, Marco, tiene 19 años y desde muy chico le gustó la lectura y la escritura. Sus padres son Ximena González y David Luna. Marco se autodenomina artista independiente y ya publicó dos libros.
Asimismo, Julián Schaab, estudió batería siendo muy pequeño, y sus padres Flavia Pardi y Julio Schaab, lo han acompañado en todas las presentaciones que ha hecho, siendo verdaderos asistentes. Hoy estudia Programación, pero no deja de tocar la batería, su fiel compañera de emociones.
Ninguna actividad puede hacerse sin esperanza y confianza, y estos jóvenes sí que lo tienen claro. Una vez planteada la decisión a sus padres, comenzaron a transitar un camino que todavía tienen mucho por delante.
Acompañamiento
Marcos Richards, integra la Selección Argentina de Vóley y este deporte está primero en su lista. En su familia el deporte siempre estuvo presente. Además de que sus tíos Pablo y Martín Meana, son dos referentes destacados y consagrados del vóley, Marcos siempre vivió de cerca el deporte, porque todo el tiempo la familia los acompañaba.
“Íbamos a ver los partidos, la previa, el después y todo eso influyó. Aunque el deporte siempre estuvo en mi familia, mis hermanos jugaron al handball, al futbol, mis papás al tenis, por lo tanto, el deporte es parte de nuestra rutina”, afirmó Ivana.
Marcos de chico siempre pedía a Papá Noel una pelota de vóley, de futbol, de básquet y rugby. “Siempre pedía lo mismo”, recordó su papá, reconociendo que siempre le inculcaron que tenía que hacer algún deporte.
Marcos hizo natación, tenis, futbol, básquet y vóley. Hasta que llegó un momento que tuvo que elegir y se decidió quedarse con voley.
Empezó jugando a los 10 años, siguió entrenando y cada vez le fue gustando más, hasta que se incorporó al equipo del club Huracán. Hace dos años que está en Mar del Plata, jugando para el club Once Unidos y sueña con poder vivir en Buenos Aires el año que viene, para poder jugar en otro nivel competitivo.
Marcos ha dado pasos agigantados en su carrera deportiva, llegando a integrar la selección y participando de competencias fuera del país. “A veces juego en Mar del Plata o voy a Buenos Aires para jugar un torneo y cuando llego estoy dos días en Necochea”, dijo. Su padre, añadió que desde el año pasado y este, con la selección se intensificó la actividad. “Está 15 días con la selección concentrando, vuelve una semana y se va otros 15 días. Fue convocado y quedó entre los últimos 14 jugadores, por lo que se fue a una gira a Brasil”, destacó.
Al respecto Marcos aseguró que fue el logro más grande que pudo haber tenido y más allá de que muchas veces se recrimina que no puede estar presente en eventos de la vida familiar, no claudica en su decisión.
Pedro, manifestó que “siempre le inculcamos saber elegir o buscar opciones. No se puede hacer todo, hay que dejar cosas de lado para poder hacer otras”.
Sin embargo, Marcos aseguró que va paso a paso, viendo sus avances y pensando en el año que viene.
Sus padres no dudaron en señalar que “el éxito de él es la felicidad nuestra y los golpes que él tiene son nuestras tristezas, sufrimos como él”. Marcos está muy bien contenido, y su tío Pablo Meana es su manager. “El me entrena, me da todo para que me vaya bien. Es mi referente, es muy bueno, y para todos es un ídolo y una figura”, destacó.
Tanto Ivana como Pedro mencionaron que siempre lo acompañarán en su proceso deportivo, pero también son conscientes de que la carrera deportiva es corta y le han inculcado la importancia del estudio a su hijo.
Marcos teniendo 12 o 13 años ya lo habían venido a buscar de clubes de Buenos Aires y sus padres prefirieron ir a paso a paso, sabiendo que no querían que se vaya solo siendo tan chico. “Como papás nos planteamos muchas cosas, hoy tiene 16 años y es distinto, y aunque los chicos a los 18 años se van a estudiar a otras ciudades, en nuestro caso se va antes y queremos prever muchas cosas. Queremos que esté preparado mentalmente, físicamente, es un proceso difícil de competencia y cada vez van pasando más rápido de nivel y es todo tan acelerado, que uno como papá quiere resguardarlo y analizar todos los frentes”, coincidieron ambos.
Experiencias
Algo similar ocurre con la familia Facal, desde el punto de vista que su hija, Valentina se está perfeccionando en danza clásica en Estados Unidos y sus padres previo a su arribo, hicieron todas las consultas necesarias para estar tranquilos y seguros de que ella está bien y contenida en ese país, donde nos separan más de nueve mil kilómetros de distancia.
Valentina Facal es bailarina de danza clásica y empezó la disciplina a los 8 años. Inmediatamente sus padres se dieron cuenta que le gustaba mucho y los profesores les dijeron que tenía condiciones, habiendo cursado un año en la Escuela Municipal de Danzas Clásicas y con 9 años empezó a viajar tres veces a la semana a una academia en Mar del Plata.
“Los profesores nos decían que tenía condiciones, mucha capacidad y potencial pero había que trabajar y nunca nos imaginamos esto, a pesar de que ella siempre estuvo decidida y como padres teníamos la obligación moral de que si era algo que realmente quería hacer profesionalmente, teniendo la capacidad y voluntad de dejar otras cosas, lo respetamos y acompañamos”, dijo su mamá.
Desde muy chica la disciplina le requirió tener menos tiempo para reunirse con sus amigos, faltar a los cumpleaños, hacer salidas, ya que es una actividad de alto rendimiento y muy exigente.
“Siempre la vimos organizada, comprometida y la hemos ayudado hasta el día de hoy. Pero al mismo tiempo le aclaramos que era una decisión suya y que la íbamos a acompañar hasta lo que más podamos, pero el día que no quiera hacer más esta actividad, va estar todo bien, pero ella ama la danza”, acotó.
La danza es una actividad muy costosa y su familia ha hecho de todo para juntar fondos y costear gastos y sus profesores también la han apoyado y colaborado en este sentido, otorgándole becas o invitaciones.
En esta experiencia en Estados Unidos, que le llevará seis meses, su maestra fue la que le consiguió una casa de familia donde está viviendo. Guadalupe aseguró que a ellos les cambió la vida. “Nosotros hemos tenido mucho apoyo familiar, todos los familiares, amigos, y hemos tenido que ser organizados y ceder en distintas cuestiones, pero uno empezó y viendo que avanzaba, la apoyamos y es fundamental tener una red de contención, articulación y trabajo, porque eso te ayuda a ir pasando por diferentes obstáculos”.
Valentina fue avanzando y creciendo en la danza y sus padres buscaron lo mejor para ella. Guadalupe indicó que el rol de los maestros o entrenadores es muy importante. “A nosotros nos supieron decir qué era lo mejor para Valentina. Es primordial que los maestros sean generosos y vean a los niños como personas, no como trofeos. Que sean generosos en lo que dan y en soltar cuando los alumnos necesitan seguir creciendo”.
Valentina a pesar de su edad es madura, muy realista y trata de hacer todo lo posible para poder llegar a vivir del ballet, sabiendo que esa posibilidad está en Estados Unidos o Europa y para ello tomó clases particular de inglés y desde el año pasado está cursando el secundario online.
Guadalupe notablemente emocionada expresó que “como papás hay que darles mucho apoyo a ellos, darles todas las herramientas que necesitan para sortear un montón de cosas que tienen que ver con el alto rendimiento y saber que las cosas no siempre salen bien. Sabemos que la disciplina que Valentina eligió es muy exigente y la apoyamos desde el primer momento”.///
Hacer lo que les gusta
Marco Luna, no se considera ni escritor ni poeta, sino artista independiente. Hace 10 años que escribe y desde 2015 se volcó a la escritura desde un aspecto más profesional. En 2018 publicó su primer libro “Cartas para Alicia”, una micronovela y este año “Cherofobia”.
Toda su producción es autogestionada, busca presupuestos, editoriales, materiales, etc.
“Hay muchos obstáculos y más desde lo económico porque todo es muy costoso y no hay facilidades para firmar con editoriales”, afirmó.
Inclusive la temporada pasada empezó a vender sus libros en la peatonal. Todo nació por iniciativa propia y con la ayuda de su familia, obtuvo el permiso respectivo e invirtió en materiales para sus obras.
Sus padres, Ximena y David recordaron que fue una iniciativa de Marco empezar a escribir. “El siempre escribió y en vez de ir a comprar juguetes íbamos a comprar libros o a la librería, le regalábamos enciclopedias de geografía y antologías. Cuando tenía 5 o 6 años se compró toda la colección de Martin Fierro para niños”, señalaron.
Inclusive comentaron que recién hace un par de años comenzaron a darse cuenta de la capacidad que tenía su hijo, porque no les mostraba nada. “Nos tomó de sorpresa porque nunca nos mostraba nada de la producción. A partir de ahí empezamos a aconsejarlo y acompañarlo más”, indicaron.
Respecto a sus comienzos en el quehacer literario destacó que “empecé escribiendo canciones en forma de juego hasta que me di cuenta que tenían una historia”.
Marco le dedica tres o cuatro horas diarias al proceso creativo y de producción. “Más allá de la inspiración, el artista tiene que tener sus propias herramientas para poder trabajar”, afirmó.
Cabe mencionar que Marco no ha asistido a talleres literarios aunque se ha dedicado a leer mucho y así, a través del contacto con obras de diversos autores, fue interiorizándose retórica y formas de poesía.
Ahora tiene dos proyectos de libros para el año que viene y quiere seguir creciendo como artista, pero llegar a vivir de esto por ahora es un sueño, mientras tanto disfruta lo que hace.
Desde el plano de la música, Julián Schaab, toca la batería desde los 8 años. Marcelo Pagano y Gustavo Sunino son dos personas muy importantes en su vida, el primero por haberle enseñado a tocar el instrumento y Gustavo fue quien le abrió las puertas para comenzar a mostrarse en los escenarios y con ambos tiene hoy una linda amistad.
Integró el grupo “Los Sonámbulos” que durante varias temporadas se presentó en la peatonal y actualmente forma parte de “Alma Pacha”, inclusive ha tocado en Batán.
La música le ha dado amigos y su familia ha sido la base fundamental. Julián expresó que su mamá ha registrado cada una de sus presentaciones en fotos y videos desde que comenzó y su papá es quien acomoda, arma, desarma, y está atento en cada detalle.
Hoy en día brinda shows, viaja, va y viene de Necochea a Mar del Plata, donde estudia Programación.
De sus comienzos sus padres recordaron que Pagano les dijo “vamos a probar, todavía no le compres la batería y al mes nos dijo vayan juntando para comprar la batería porque tiene condiciones”.
Inclusive viajaban una vez al mes a Buenos Aires para que aprenda teclado con el reconocido músico Guillermo Trapani.
“Yo siento que la música es indispensable en mi vida y es inmenso el sentimiento de estar arriba de un escenario tocando”, aseguró. Asimismo, se mostró agradecido con sus padres indicando que “todo pasó gracias a ellos. No me va a alcanzar nunca para agradecerles, ellos acomodaban horarios, trabajo y salíamos”.
Flavia concluyó diciendo “verle la cara de felicidad tocando arriba del escenario es todo”.
Cada uno de estos jóvenes busca su lugar, teniendo en claro que la finalidad no es llegar primero sino buscar superarse y hacer que lo que más les gusta.