Tenis en estado puro
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Alejandro Murray, un necochense que ha traspasado por todas las fases del tenis. Desde la competición hasta lo social
Eduardo Ronco
Para Ecos Diarios
El tenis en la ciudad de Necochea posee una historia interesantísima con muchos jugadores que hicieron grande y otros que sumaron su granito de arena en el otrora deporte blanco. Tal el caso de Daniel y Mónica Fernández, Juan Pablo Roselló, Daniel Izurieta, Sebastián Cannatá, Pablo Fuente, Christian Kordasz, como tampoco podemos soslayar las grandes actuaciones de Eugenia Ganga. Más los chicos que empujan y fuerte de abajo. Valentina Mutilba y Lucas Miraglia por citar dos. Hasta este humilde servidor, que suscribe esta nota tuvo un pasado como tenista, jugando Interclubes en Francia. Pero Necochea, dentro del mapa del tenis tiene un personaje muy singular. El mismo es Alejandro Murray al que la raqueta, lo llevó por todos los lugares. La competición, la formación, el arbitraje como así también a ser el profesor de “las estrellas” y a trabajar en distintos programas de la Secretaría de Deportes de la provincia de Buenos Aires. Vamos a sumergirnos un poquito en el protagonista. Murray nació en 1967 y desde los siete años comenzó a dar sus primeros raquetazos en el club Rivadavia. Al respecto, Alejandro comenta con mucha nostalgia: “Nací en calle 46 y 61, en los departamentos que estaban en diagonal a lo que era el viejo frontón de las canchas de Rivadavia (N.DR courts que alguna vez pisó Guillermo Vilas en 1969 luego de ganar el Orange Bowl del año anterior) y de entrada me atrapó, así que empecé a tomar clases con Pacalo Ruggiero, el profesor de aquel entonces”. Eran tiempos donde Guillermo Vilas estaba creciendo como figura, vale destacar que ese año el poeta de la zurda había logrado su primer gran título en el Masters de Melbourne, por tal motivo el método de enseñanza para los recién iniciados era el mismo que utilizó el Gurú del Gran Willy, Felipe Locicero con el zurdo marplatense en el Náutico de la Feliz. Es decir: frontón, frontón y más frontón. Aquello les molestaba un poco a los chicos de la escuelita y Murray no fue la excepción. Sin embargo, esos tiempos los evoca con cariño. “La verdad queríamos estar mucho más en la cancha, pero lo cierto y lo concreto es que nos dejó enseñanzas muy importantes”.
Su ingreso a la competición
Luego de esos primeros años en la pared, que alguna vez fue considerada “como el mejor amigo o amiga del tenista”, comenzó a competir a los ocho años en la categoría Sub-10 (Pre Infantiles de aquel entonces), pero lo mejor suyo se empezó a ver a los 10 años, cuando quedó como número 1 de la Federación Atlántica de Tenis (FAT), segundo en el escalafón de la provincia de Buenos Aires y Top-10 a nivel nacional. Más tarde repitió lo mismo en infantiles, donde era el número 2 de la provincia de Buenos Aires, tiempos en los cuales Martín Dardoy lo tenía de hijo según sus palabras y en el que a nivel nacional se enfrentaba con Horacio de la Peña. El Popular “Pulga”, ex número 31 del mundo, Christian Miniussi (medallista olímpico con Argentina en Barcelona 1992 en dobles junto a Javier Frana) y en algunas ocasiones ante Guillermo Pérez Roldán (12 en la jerarquía mundial y cuartofinalista de Roland Garros en 1988). Murray seguía creciendo y soñando sin sobrarle nada, pero con mucho sacrificio se las arreglaba para conseguir resultados. Así lo recalca él: “Nunca fui un talentoso, sí un obrero del tenis. Alguien que siempre estaba dispuesto a quedarse un rato más en el frontón, en la cancha o realizando media hora más de físico”. Con esos fundamentos se mantuvo arriba en menores también (Sub-14) y siempre midiéndose a nivel nacional con jugadores muy buenos y de la talla de Gerardo Mirat o Roberto Azar. Todos esos resultados, lo llevaron un día a Ferrocarril Oeste.
Su arribo a Caballito
Aquello para Murray fue como tocar el cielo con las manos. Todo surgió a través de una beca otorgada por el comisionado local de aquel entonces, Vicente Percario. Él mismo le preguntó al joven de 14 años, qué quería hacer. A lo que Murray le respondió: “Lo mejor está en Capital y yo quisiera ir para allá”. Al poco tiempo, Percario lo contactó con Santiago Leyden (histórico dirigente de Ferro) y llegaron a un acuerdo y, al tiempo, desembarcó en el “Verdolaga”. Todo significó un cambio para este necochense de por entonces 14 años. Del “suave declive” al club social más importante de la Argentina. Sobre esa ruptura, dijo: “Fue todo muy extraño. De ser un chico del interior, pasé a estar en un lugar donde tenía un notable entrenador como Hugo Varella, un preparador físico como Alberto Osete (luego trabajó con Gabriela Sabatini) y jugadores del relieve de Gustavo Luza (gran doblista y excapitán de Copa Davis), Daniel Albornoz, Diego Varella y un joven llegado de España que con el tiempo fue Top-10, Martín Jaite”. Encima ese fue el tiempo de oro de Ferro donde, de la mano de Griguol, fue campeón Nacional de Fútbol en 1982 y 1984, monarca en básquet con León Najnudel y campeones en voley. Sobre el particular, manifestó que “era como estar en un juego olímpico todos los días”. “Además forjé una linda relación con Oscar Román Acosta (exfutbolista de los de Caballito, pero también de River y estuvo a punto de jugar el mundial 86), con Miguel Cortijo (emblema de la Liga Nacional de Básquetbol) y hablaba seguido con Carlos Daniel Aimar (ayudante de campo de Griguol y hoy panelista de F 90 en ESPN)”.
En Ferro permaneció dos años, jugó interclubes en Intermedia llegando a semifinales, campeón en segunda, siguió jugando Juniors y fue número 8 metropolitano y además ganó varios de los “Abiertos” que se disputaban en ese momento.
El paso por Obras
Un día sintió que no podía seguir creciendo en Ferrocarril Oeste y rápidamente tomó la decisión de irse a entrenar y a jugar Interclubes para otro gigante del deporte nacional como Obras Sanitarias de La Nación. “También lo considero como algo muy positivo, tal como haber entrenado con Alejandro Cerúndolo porque aprendí mucho, además tuve en ese lapso otro gigante de la preparación física como Omar Carminatti (también entrenador de Sabatini) y fue mi despegue para intentar ser profesional”.
El Satélite de Brasil
Para ese entonces era imperioso emigrar, porque no había muchos torneos en la Argentina y a Europa no podía ir. Entonces hizo lo siguiente: “Por la mañana me convertí en mi representante y por la tarde era jugador, de manera que conseguí sponsoreo de raquetas con Prince, ropa Topper y descuentos para viajar por Aerolíneas y así me fui a jugar ese circuito Satélite (la primera escala de torneos profesionales en el Estado de Sao Paulo)”.
El periplo comprendió Santos, Baurú Riberao, Preto, Campinhas y Sao Paulo. Sobre esa experiencia, Murray contó que “fue muy difícil porque era el primer torneo profesional que jugaba, pero nadie me saca el haberme medido con grandes jugadores como Jaime Oncins, Luiz Mattar (quien a los cuatro años le ganó a Yannick Noah en Roland Garros) o Gustavo Guerrero de quien fui su sparring”. Esa lamentablemente fue su única experiencia como profesional.
Sparring de Vilas
El sueño de viajar a Europa a jugar rentados a Francia, Suiza o Alemania y Satélites por el viejo mundo continuaba en la cabeza de Alejandro Murray pero los fondos no alcanzaban. Es por eso que, gracias a la recomendación del Profe, Juan Carlos Belfonte, histórico entrenador físico de Vilas, lo recomendó para que vaya a trabajar a la Academia de Jorge Cano. Allí se produjo un milagro. Un día cayó Guillermo Vilas que estaba relanzando su carrera. El más grande estaba enojado porque le falló su sparring, el recordado Ricardo Rivera, por lo cual Cano (hermano de Ricardo ex internacional de Copa Davis), le sugirió que tenía un jugador que venía de jugar en Brasil, ese era Murray y así lo recuerda: “Fue tocar el cielo con las manos. Pensá que yo festejé cuando tenía diez años su consagración en Roland Garros y en el US Open en 1977 a través de un TV Blanco y Negro y ahora lo tenía ahí. Los primeros minutos de entrenamiento fueron un horror porque me temblaba todo, hasta que me solté y pude hacer una buena práctica y que se lleve buenas sensaciones”.
Juez en la Copa Davis
Otro mojón para Murray fue el de ser árbitro de línea en la Copa Davis de 1982. En la serie entre la Argentina y Alemania Federal por el repechaje para mantenerse en el Grupo Mundial. Acerca de ello indicó que “fue algo que difícilmente olvide, ver la Davis desde adentro. Con Vilas y Clerc desde adentro en su mejor momento. Tampoco podré olvidarme que Guillermo y Batata todavía seguían peleados y no se hablaban durante el partido. Eso sí, eran tan buenos y tenían tantas ganas de ganar y representar al país, que dejaban todo”.
El profesor de las estrellas
Otro capítulo lindo de la vida de Murray es el trato que tuvo con el jet set y el mundo del periodismo o la televisión. Entrenó a Alejandro Fantino y Diego Fernando Latorre. Pero lo que más recuerda es cuando Jorge Cano le dijo que tenía que darle clases nada más ni nada menos que a Alberto Olmedo. El cómico y el personaje del momento que rompía la pantalla los viernes a la noche con su “No toca Botón”. “La primera vez que lo vi, me pareció un tipo serio, retraído y un poco cansado de la fama a punto tal que ni le hablé y lo trataba de usted”, recordó Murray.
“La segunda vez que lo vi fue distinto y me permití tutearlo y decirle: ‘Alberto no sabés lo que significás para mí y para mi familia. Sos el ídolo de mis viejos y mi cable a tierra’. Entonces, él agarró el canasto de pelotas, se agachó y le pasó la mano como si fuese el sketch de la Bebota y dijo: ‘este canasto está cargado’. Fue el sumun”.
Su compromiso social
El tiempo avanzó y el 2013 lo encontró trabajando para la Secretaría de Deportes de la provincia de Buenos Aires. Sobre el particular, expresó: “Hace casi ocho años el secretario de Deportes, Alejandro Rodríguez, me designó para que me encargue del tenis, en todo lo que era capacitaciones, formaciones, clínicas, visitas a las ciudades de la Provincia; visité 80 ciudades del territorio bonaerense. Pero lo mejor, llegó cuando desde el Organismo de la Niñez y Adolescencia, me invitaron a los Hogares de chicos y a las cárceles para el desarrollo del deporte y para inculcar los valores a través del deporte. Lo que hacía sin percibir un salario. Eso hizo que cuando llegara María Eugenia Vidal, quedase a cargo de ese programa y hoy estoy trabajando en el Centro de Responsabilidad Penal Juvenil y Hogares de Niños en Guarda y de Jóvenes en la misma situación, algo que me nutre, enriquece y es un mimo al alma”. Ese es Alejandro Murray, quien va con su raqueta a cuestas a una cárcel o a una situación de niños vulnerables, como lo hacía en tiempos de torneos nacionales, provinciales o circuitos satélites. Siempre con un mensaje de cabecera: “Nunca dejés de soñar y luchá por tus objetivos, que tarde o temprano lo lograrás”.///