Tentando a la fatalidad
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Poco antes de las cinco de la madrugada del último viernes se produjo un nuevo accidente automovilístico, que afortunadamente no produjo víctimas fatales, y que tuvo como protagonista a la irresponsabilidad de conducir en estado de ebriedad.
Esta vez estuvo involucrado un hombre que manejaba alcoholizado y que al tomársele la prueba de alcoholismo marcó 5,50 de alcohol en sangre. Una escandalosa cantidad equivalente cercana al coma alcohólico y muy por arriba del límite permitido, que es de 0,5% (500 miligramos de alcohol por litro de sangre).
El auto que guiaba embistió con suma violencia una columna perteneciente al monumento al general San Martín, en 38 y 59. Por suerte en su camino no encontró a otro vehículo o peatón, sino probablemente estaríamos hablando de heridos graves o víctimas fatales.
Tristemente el porcentaje de alcohol que tenía el conductor, que por fortuna no sufrió más que heridas leves, se constituyó en el récord registrado en accidentes de nuestra ciudad.
Aunque para algunos la cuestión pueda ser anecdótica, lamentablemente se vienen repitiendo las colisiones provocadas por la falta de reflejos que determina el consumo de alcohol. Y lo peor es que no solo se observa en horarios nocturnos, cuando se supone que en las salidas o reuniones se bebe por arriba de lo aconsejable, sino de día, cuando al producirse un choque el personal de Tránsito hace el obligatorio control de alcoholismo.
Cuando se produce un accidente de estas características surgen las acusaciones y preguntas, que resultan irrelevantes ante el hecho consumado.
Demás está decir es que es más que irresponsable y peligroso conducir luego de haber bebido en exceso. Pero quienes vienen protagonizando estos accidentes no hallan control por parte del Estado. De hecho no se observan operativos con la frecuencia que tenían tiempo atrás. Fundamentalmente se deberían retomar los fines de semana y en horas de la madrugada, cuando sale más gente y las posibilidades de siniestros es mayor.
Quienes son interceptados con niveles de alcohol superiores al permitido, no solo sufren el secuestro del vehículo, sino que deben pagar multas superiores a los $37.000. Una suma que se multiplica en caso de reincidencias, con el desenlace del retiro definitivo de la licencia de conducir y por ende la inhabilitación del infractor para hacerlo.
La cuestión no es distintiva de Necochea. Ocurre también en el resto de país y es una cuestión que preocupa porque se cobra vidas, generalmente jóvenes con mucho por vivir.
En tal sentido el recientemente asumido ministro provincial de Transporte, Jorge D`Onofrio, anunció que va a enviar a la Legislatura bonaerense un proyecto para que rija la tolerancia cero a la hora de conducir, fundamentalmente en las rutas. Ni siquiera se permitiría el 0,5 de tolerancia que existe actualmente, porque “no hay un organismo igual a otro y el alcohol impacta de manera diferente, pero además nadie sabe cuánto puede tomar para estar dentro de ese 0,5, y como sea, reduce reflejos”, fundamenta el funcionario provincial.
Lo cierto es que por más que exista una ley, nada cambiará si no hay controles y sanciones a quienes la infringen. Y más allá de lo que establezca una norma, debe educarse al respecto en todos los estamentos.
Todos sabemos que es riesgoso conducir luego de haber bebido alcohol; que en las salidas grupales existe la posibilidad de contar con un conductor designado, es decir que no haya tomado y así se eviten latentes accidentes. Pero en el mientras tanto deberemos seguir viendo como irresponsablemente se desafía a la fatalidad y se pierden vidas.///