Testigo en el Maracaná: “Me queda el recuerdo más grande de mi vida”
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Kevin Souto, ex jugador de Estación Quequén y radicado en Búzios, contó el periplo para estar en la final y ver campeón a Lionel Messi
Fueron apenas 2.200 privilegiados en un estadio casi vacío previsto para 78.000 espectadores. Un puñado de hinchas en la popular, “gente común”, que consiguió su lugar por fuera de las entradas de obsequio o protocolo. Y en ese reducido grupo, no podía faltar alguien de nuestra ciudad. El joven Kevin Souto, ex jugador de Estación Quequén y radicado en Búzios, fue testigo de la gloria de la Selección Argentina en el Maracaná de Río de Janeiro: “Me queda el recuerdo más grande de mi vida”.
Souto lleva cuatro años viajando en los veranos para trabajar en Brasil, aunque en este 2021 decidió no volver ya entrado el invierno y quedarse trabajando en un restaurante. En la tarde del jueves, cuando comenzó a ser noticia la posibilidad de tener público en la final de la Copa América, nació una ilusión que se convirtió en realidad. Un día y medio sin dormir que valió la pena: “Ni mi familia entendía cómo había podido entrar a la cancha”, reconoció. Su expectativa nació junto a la de otros residentes argentinos en Búzios. “Le avisaron a mi novia que había un grupo organizando un viaje en micro, pero la primera intención era ir a la caravana para alentar y recibir al equipo al ingreso. Después se habló de conseguir entradas”.
Messi a 150 km.
Futbolero desde chico, pasó por las inferiores de Estación Quequén y llegó hasta la Primera, jugando su última campaña en 2018. Por supuesto tiene a Lionel Messi como su gran ídolo pero nunca había visto a la Selección desde una tribuna. Sólo se animó a viajar a Mar del Plata para ver a River Plate, su otra pasión. “Íbamos con la ilusión de entrar a la cancha pero no era lo que me tenía loco. Jamás había ido a verlo a Messi. El año pasado -en las fechas originales de esta copa- había previsto irme a trabajar a Colombia y quizás verlo allá en la final. Pero el mundo me lo instaló acá, me lo trajo a 150 kilómetros. Ni lo dudé, hablé con mi jefe y me dejó viajar a pesar de que era sábado y es el día que más se trabaja en un restaurante”.
El viaje comenzó a las 5 am del día de la final. Ya en Río, después de conseguir el PCR negativo y toda la documentación necesaria, pudo hacer la cola en las inmediaciones del estadio para finalmente recibir su acreditación gratuita. “Cuando pasamos el último control, subimos corriendo. Vimos la inmensidad del estadio y fue una alegría total. Ahí sí nos sentimos adentro, que lo habíamos logrado”.
Sin repeticiones
Su primer partido en el Maracaná también le dio Souto ese “baño de realidad” de ver un partido sin multicámara y repeticiones. “Esta noche voy a ver el resumen tranquilo, porque muchas cosas las ves desde 120 metros, no sabés quién pateó. Lo que hicimos fue alentar todo el tiempo, queríamos que el equipo se sienta representando y acompañado”.
Sobre el partido, comentó que “hubo mucho nervio. En el segundo tiempo veíamos que Brasil se venía y venía. Increíble lo que juega Neymar, en la cancha se nota que tiene un cambio más que todos. Cruzamos los dedos mirando el reloj en la pantalla a cada rato. Fue una explosión cuando el árbitro pitó el final. Abrazándote con gente que nunca viste”.
A la salida del estadio se quedaron en las inmediaciones con otros argentinos aunque desecharon la idea de ir a celebrar a Copacabana para evitar un mal encuentro con hinchas brasileños. “En mi caso, entre el viaje y todo lo que pasó, llevaba un día y medio sin dormir. Muchos estaban igual, así que nos volvimos. Tenía mensajes de mis viejos, mis tíos y hermanos, amigos, todos súper positivos. La casilla detonada. Aprovecho para saludarlos a todos. Ahora entiendo porqué cuando le escribo a Messi no me contesta, imaginate todos los que le deben escribir. Fue una experiencia increíble. El viaje me salió 60 reales (alrededor de 1150 pesos argentinos) a la ida y otros 60 a la vuelta, además de otros 60 del PCR. Por ‘nada’ me vi la final. No me va a pasar nunca más en la vida”.