Tiempo de mutaciones
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/10/covid-1.jpg)
Rumbo a los ocho meses desde que el coronavirus alteró nuestra vida, aún seguimos a tientas y a ciegas acerca de cuándo terminará esta pesadilla. Sin embargo, a medida que avanza el tiempo han surgido algunas certezas, muchas de ellas generadas a través de la mutación de pareceres y comportamientos.
Tomando en cuenta lo acontecido en Necochea en torno al Covid-19 en todo este tiempo, el pensamiento del grueso de la comunidad se ha ido modificando, y lo que ayer parecía una especie de apocalipsis, se ha trastocado en algo natural y comprensible.
Ya casi parece una anécdota el primer brote del virus, a fines del pasado mes de mayo. El tristemente célebre baby shower, con 24 casos, nos expuso en la prensa nacional como un ejemplo de lo que no se debía hacer. Hoy, los más de 300 contagiados no inquietan. Y hasta nos vanagloriamos que son pocos, comparados con la realidad de distritos vecinos. Como si fuera una competencia a la espera de un premio.
La primera muerte generada por el coronavirus, allá por el 22 de julio, nos cacheteó y planteó con dureza que estábamos ante un enemigo letal. Y si bien siempre es más que triste la pérdida de vidas, que afectan plenamente a los familiares y amistades de las víctimas, ya se ha registrado una docena de fallecidos y más allá que se lamenta, nos empieza a resultar comprensible.
Otros cambios de pareceres han surgido como lógica consecuencia de la apremiante situación económica que generara la interminable cuarentena establecida por el Gobierno. En este caso los emprendimientos privados, ya sea Pymes y comercios, que en definitiva son los que sostienen al país, empezaron a hacer caso omiso a las recomendaciones emitidas desde un Gobierno alejado de la realidad de ciudades del interior del país. Y bajo esa necesidad las actividades se han ido desarrollando casi normalmente.
A esta altura de los acontecimientos y más allá que se desboque el número de enfermos, es casi imposible que la ciudadanía adopte o acate una reclusión como la planteada en los primeros meses de la cuarentena obligatoria. Y se supone que los gobernantes bien saben que será así.
La multiplicación de casos nos ha hecho comprender palmariamente que nadie está exento y de esta forma han disminuido los dedos acusadores y discriminatorios. Ya no existe el morbo por difundir que fulano o mengano tiene Covid y poner en tela de juicio su comportamiento.
Los retenes al ingreso surtieron su efecto, más allá se las artimañas exhibidas por varios de los que intentaran burlarlos de cualquier forma y las flojedad de controles entre permisivos y agotados por tantas semanas. Hoy, con la circulación del virus en la mayoría de los lugares, algunas ciudades han levantado estos controles y se presume que en Necochea ocurrirá lo mismo en breve.
No se necesita ser un esmerado observador de la realidad para darse cuenta que un buen porcentaje de la población parece ignorar que el coronavirus está más vivo que nunca. En parte es entendible desde el hartazgo, principalmente de los niños y jóvenes. En este último caso con varios que no comprenden cómo a esta altura de los hechos no se ha buscado la manera de que puedan ir a la escuela.
Sin aún poder ver la luz en el final del túnel y atosigados por las angustiosa realidad que nos genera nuestros gobernantes con sus erráticas decisiones de todo tipo, debemos ser conscientes que aún dependemos de nuestra responsabilidad en los cuidados para poder sortear esta época de pandemia. Mientras tanto, seguramente seguirán mutando nuestras reacciones y conductas.