Toda una vida dedicada a ayudar
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Negri Roldán tiene 73 años y desde los 17 se dedica a labores solidarias. Es conocida por su labor en el Comedor Mateo y quien pase por su casa verá que la puerta del frente siempre está abierta
Por Juan José Flores
Redacción
Solidaridad es una palabra que “Negri” Roldán aprendió prácticamente desde la cuna. Creció en un hogar donde ayudar era el pan de todos los días y a los 17 años empezó con un trabajo solidario que hoy ya lleva 56 años.
Conocida por su labor en el Comedor Mateo, Negri es una persona muy particular, no le gusta prometer nada, quiere ayudar pero cree que no se merece ningún reconocimiento especial por ello.
Por eso en su casa de la avenida 58, que mantiene la puerta del frente abierta durante todo el año, no se ven diplomas ni ningún tipo de distinción que haya recibido por su trabajo. Por ejemplo, hace unos años recibió un reconocimiento del gobierno bonaerense como una de las mujeres más solidarias de la provincia. Ese diploma Negri lo tiene bien guardado, pero quienes van a su casa a pedir su ayuda no lo ven.
Esas ganas de ayudar
Cuando se le pregunta a Negri de dónde sale esa necesidad de ayudar, ella habla inmediatamente de su familia y explica, no sin emoción, que fue adoptada y que sus padres estaban muy vinculados a entidades solidarias dentro de la Iglesia Católica.
Su padre fue creador de Acción Católica en Necochea y su madre también trabajaba en el grupo.
Fue así que de chica Negri creció en un ámbito donde ayudar era tan natural como respirar. Era aún una adolescente cuando tomó una de las decisiones que la llevó a dedicar su vida a colaborar con los más necesitados.
“Era una época donde todavía no existían las damas de rosa en el hospital, así que se necesitaban personas para que fueran a cuidar a los abuelos que no tenían familia”, explicó. Y allí fue Negri con sus 17 años, a cuidar abuelos al hospital.
Como parte de su labor dentro de las instituciones católicas, también colaboraba durante el verano con las monjitas y los chicos que venían a pasar sus vacaciones en el Hogar Stella Maris, en la época en la que el cotolengo sólo tenía una casilla de madera frente al mar.
“Ahí íbamos a dar obras de títeres, además visitamos hospitales, el hogar de ancianos y conseguíamos todo lo que podíamos para ayudar”, afirmó.
Una necesidad real
Negri explicó que el Comedor Mateo nació de una necesidad real: tres madres que un día fueron a pedir ayuda porque tenían chicos con hambre.
Fue hace 20 años que junto a Daniel Ferrer y su esposa Silvia, Negri participó en la creación del comedor.
“Aparecieron tres mamás del barrio las Aguas Corrientes en la radio de Daniel y dijeron que sábado y domingo los chicos tenían hambre”, dijo Negri.
Comenzaron el comedor en un garage alquilado, en la 63 y 86. Pero con el tiempo les fue quedando chico y Daniel y Silvia encontraron un galpón en la calle 82 al 3055, que es el lugar donde hoy funciona la institución.
“Compramos esa propiedad vendiendo bonitos de un peso”, dijo Negri, quien explicó que las dimensiones que tomó con los años el comedor superó todas sus expectativas.
“A tomado una dimensión muy grande”, afirmó Roldán, quien dice que en el lugar no sólo se brinda ayuda alimentaria, también se trata de inculcar valores y se capacita.
En el comedor se dictan desde hace años cursos de oficios a cargo de profesores del Instituto de Formación Profesional N° 401.
Además se cuenta con un banco ortopédico, entregan ropa y los sábados también se brinda la ayuda alimentaria, que consiste en mercadería que se les da a los jefes de familia para preparar comida para el fin de semana.
Aunque muchas veces la ayuda no consiste en objetos palpables, sino en aptitudes. Negri dice que mucha gente necesita ser escuchada. Por eso se visitan hogares y constantemente se recibe a personas que van a pedir ayuda.
Atendemos a unas 300 personas por semana con sus distintas necesidades.
Ser solidario
“A veces pesan sobre la espalda tantas responsabilidades”, dice Negri, que a los 73 años y con algunos problemas de salud, sigue trabajando incansablemente para brindar ayuda a aquellos que se acercan.
Pero asegura que todo ha sido posible gracias a la colaboración que ella misma ha recibido. “Solo no se puede hacer nada”, dijo Negri. Recordó a sus padres, María Sofía y Pantaleón, quienes la criaron en la solidaridad.
Explicó que tuvo la suerte de que su marido siempre la ayudó y que también recibió el apoyo de sus hijos.
“Y no puedo dejar de agradecer a mi equipo de trabajo: Claudia, Mónica, Anita, Daniel, Manuel y Carlos”, afirmó Negri, quien explicó que todas sus colaboradoras tienen trabajo, porque no cobran por su labor en el comedor.
Y no se olvida de la “solidaridad que tiene la gente para con nosotros. Siempre nos ayudan”, afirmó Elida “Negri” Roldán.
“Ojalá algún día no existan más los comedores ni los merenderos y todos puedan tener un trabajo digno y comer con su familia”, concluyó Negri.///