Toda una vida ligada al quehacer deportivo de Rivadavia
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Roberto Ardanaz es socio vitalicio de la entidad desde 1959, ha ocupado diversos cargos como dirigente. En la actualidad acompaña al básquet femenino
Alejandra Fernández
Redacción
“La considero mi segunda casa y no es una frase hecha”, afirmó Roberto Ardanaz refiriéndose a su vínculo con el Club Rivadavia del que es socio vitalicio desde el año 1959.
El amor por esta entidad sigue intacto y ha tenido la posibilidad de ocupar diferentes cargos directivos y fue secretario cuando era presidente el ingeniero Arano. A medida que se va desarrollando la charla, evoca lindos momentos que pasó en ese lugar, en particular cuando tuvo un notable auge deportivo la campaña de básquet en el orden nacional, “con Leroy Moreno y Neal Robinson que se hicieron ídolos de la ciudad”, destacó.
Cuando era más chico acostumbraba a ir a la confitería de la sede de calle 64, que era una de las más populares junto con La Armonía y La Ideal, “los domingos al mediodía, después de misa de 11, nos juntábamos en el club porque los jugadores se cambiaban ahí y era una fiesta deportiva”.
El amor por el decano necochense lo demuestra a diario, porque sigue relacionado con su quehacer, ahora más cercano al básquet femenino de la institución y sobre el particular comentó que “los profesores Leticia Arancón y Alberto Pastrello han hecho una transformación en serio. No es solamente jugar, tienen pautas de conducta y de convivencia; hay una postura definida para llevar adelante esta disciplina”.
Vale destacar que ha sido una lucha de muchos años porque hasta no hace mucho, el básquet femenino era prácticamente desconocido y hoy tiene un numeroso plantel en varias categorías.
Ejemplo
En ese sentido, puso de relieve la conducta de las jugadoras, “soy el fan Nº 1, siempre dejan bien visto al club; son ejemplares en comportamiento, presencia y educación. Y el grupo de padres es excelente”, afirmó Ardanaz.
El apoyo de su familia ha sido fundamental para poder acompañar a la institución. “Mi vida y el club es una sola”, dijo evocando que sus tíos y primos se asociaron al mismo tiempo y su suegro, Jorge Lafforgue también fue secretario de la entidad.
Su apellido está íntimamente ligado con la fábrica de maquinarias agrícolas, empresa en la que se involucró al faltar su padre.
Roberto tiene 67 años, está casado, tiene cuatro hijos y es contador público. En su adolescencia jugó al básquet en Centro Vasco, “cuando la cancha era de cemento y sin techo. Tenía unos pozos en el medio que, cada vez que llovía, teníamos que ir a barrerla antes del partido”, evocó sonriente.
Tuvo como técnico a Francisco “Coco” Arrospide, a quien recuerda con mucho cariño. “nos llevaba en su auto a San Cayetano o La Dulce, era muy querible”.
Infancia
Por su parte, cursó la primaria en el Colegio Capuchinos y los sacerdotes los incentivaban deportivamente. En el establecimiento había cancha de básquet, pista de karting y cuatro canchas de fútbol, “jugar en la grande era una gloria; lo teníamos a Rens (padre) de profesor y practicábamos softbol”.
En etapa de su vida está conociendo su pasión por el arte, se dedica al dibujo, “pinto murales o lo que me pidan. Las paredes de mi patio están pintadas y dibujadas por mí; en una están las Cataratas del Iguazú, mi lugar en el mundo”.
Además, comenzó a tomar clases de canto en la Escuela Municipal de Arte, aunque ahora están suspendidas por la pandemia y comentó que “estoy muy feliz de hacerlo, he hecho muchos amigos”.
Precisamente, los amigos ocupan un lugar especial en su vida, “después de la familia es lo más grande que hay porque han hecho cosas que no se olvidan nunca más y habla a las claras la buena gente que son”, puntualizó Roberto y también hizo alusión a la actitud de los jóvenes contadores que lo sumaron al equipo de las olimpíadas profesionales.
Es afiliado radical desde hace muchos años y lo interpreta como una forma de vida, aclarando que “aunque no siga estrictamente los postulados trato de ayudar” y ese mismo fin es el que valora de los clubes, “los sábados estamos abocados a la ayuda directa, tienen que tener una función social, ser inclusivos, enseñar valores y educar”, finalizó diciendo.///