Treinta años de uno de los hechos más sangrientos
El 28 de septiembre de 1995 el policía Raúl Alberto Bagalá fue muerto en un tiroteo con asaltantes en la esquina de 59 y 46
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Hace 30 años, el monótono mediodía del jueves 28 de septiembre de 1995 en la ciudad de Necochea, se convirtió de pronto en una escena digna de una película policial cuyos sobrevivientes difícilmente olvidarán.
Un feroz tiroteo en la esquina de avenida 59 y calle 46 dejó ese día un policía muerto, un delincuente abatido y otro herido de gravedad.
El enfrentamiento entre efectivos de la Comisaría Primera e individuos que habían asaltado dos comercios minutos antes ha quedado registrado en la historia policial local como uno de los más sangrientos de los que se tenga memoria.
El entonces sargento primero Raúl Alberto Bagalá, de 40 años, recibió un disparo a quemarropa la espalda, cuando forcejeaba con los maleantes, muriendo minutos después en el Hospital Municipal "Dr. Emilio Ferreyra", al que fue trasladado de inmediato.
Bagalá pasó a integrar una tristemente célebre lista de policías abatidos en el cumplimiento de su deber en nuestra ciudad y aún hoy es recordado como un héroe.
El delincuente abatido era Adrián Alonso, de 25 años, en tanto que el herido fue identificado era Víctor García, de 32 años. Mientras que un tercer sujeto, que los esperaba en un auto, logró huir.
Ambos hombres, oriundos de Mar del Plata, habían recuperado la libertad un mes antes, después de haber purgado penas en la Unidad Penal XV de Batán, beneficiados por el régimen de libertad denominado "dos por uno".
Precisamente la muerte de Bagalá causó conmoción en nuestra ciudad y a nivel provincial y llevó a debatir una vez más el “dos por uno”, beneficio cuestionado durante largo tiempo.
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Mediodía sangriento
El feroz tiroteo se produjo poco después de las 12 de aquel jueves soleado, en que la temperatura alcanzó a los 19 grados. El hecho conmocionó a la ciudad, que a esa hora registra un intenso movimiento, en particular en el lugar en el que ocurrió el hecho: la transitada esquina de 59 y 46, donde convergen los automovilistas que circulan desde y hacia el centro de la ciudad y los que llegan desde Quequén a través del puente Colgante.
Antes de producirse el enfrentamiento armado en 59 y 46, los maleantes habían producido dos asaltos, con pocos minutos de diferencia y en comercios distantes a sólo dos cuadras y media. El primero de ellos fue cometido alrededor de las 11, en Vega Repuestos, comercio ubicado en avenida 59 Nº 2236, propiedad de Roberto Oscar Vega.
Allí ingresaron a cara descubierta y apuntando con sus armas hicieron arrojar al piso al propietario, al personal y a ocasionales clientes que se encontraban en el lugar.
Despojaron al comerciante de $500 que tenía en la caja registradora y alrededor de $150 al resto de las personas reducidas. Tras perpetrar el asalto huyeron en un escúter rojo.
Ese escúter, marca Siambretta, había sido robado el miércoles por la noche de 42 y 73, rodado propiedad de Claudio Martín Romero, a quien también redujeron con armas de fuego.
Los mismos malvivientes, Adrián Alonso y Víctor García, habrían sido autores del robo al kiosco "El Sueño", ubicado en Avenida 10 entre 67 y 69, propiedad de Santiago Faggiani, producido el lunes por la noche. Aunque no se descartaba que hubiera participado un tercer maleante.
Raid delictivo
Tras haber robado en Repuestos Vega, los asaltantes continuaron su raid delictivo, ingresando a las 12 a "Gabi-Gom", comercio ubicado en avenidas 46 y 59 en el que se venden diversos productos de goma, propiedad de Jorge Sánchez, dejando el escúter rojo estacionado sobre la vereda.
Por allí transitaba un patrullero policial, ocupado por los suboficiales Raúl Alberto Bagalá y Juan Manuel Barrientos, este último conductor del vehículo.
Los policías detuvieron su marcha al advertir la presencia sobre la vereda de 59 y 46 de un escúter de las características del que había sido sustraído la noche del miércoles en cercanías de la plaza Isabel La Católica.
El sargento primero Bagalá ingresó al local preguntando sobre la identidad del propietario del escúter, aparentemente sin advertir en un primer momento que el comercio estaba siendo asaltado.
Mientras tanto, el chofer del patrullero apuntaba con su armą reglamentaria desde el vehículo hacia el interior del local.
Por entonces los maleantes ya habían reducido al propietario del comercio y a sus empleados, sustrayendo aproximadamente 1.400 pesos. El comerciante, Jorge Sánchez, era el único que se hallaba de pie: el resto de las personas se encontraban tiradas sobre el piso, detrás del mostrador.
Ni bien Bagalá ingresó vistiendo su uniforme policial, preguntando quién conducía el escúter rojo, los maleantes comenzaron a actuar con mayor agresividad.
En un primer momento trataron de conducir al dueño del comercio hacia la vereda, tomándolo como rehén. Pero el comerciante pudo escapar hacia el interior del local, refugiándose detrás del mostrador, cuando los delincuentes comenzaron a forcejear con el sargento primero Bagalá.
Con los forcejeos, el policía y los maleantes llegaron hacia la vereda, donde Bagalá recibió un disparo a quemarropa, en la espalda, cayendo pesadamente al piso.
A partir de allí se desencadenó un tiroteo impresionante: viendo caer a su compañero, el suboficial Juan Manuel Barrientos comenzó a disparar desde el patrullero, recibiendo como respuesta una infernal cantidad de proyectiles. Estos hicieron estallar los cristales del patrullero en pedazos, pero no dieron con la humanidad del suboficial.
Al escuchar los disparos, se sumó al policía el suboficial Carlos Guillermo Márquez, que efectuaba la custodia de la sucursal del Banco de Balcarce, ubicada a pocos metros del lugar, en la vereda de enfrente, cruzando la avenida 59.
Cubriéndose con los disparos, ambos delincuentes habrían intentado emprender la huida a bordo del escúter que habían sustraído, circulando por la calle 46 a contramano, aunque sólo recorrieron unos metros.
El rodado quedó tirado sobre el asfalto: sus ocupantes ya desangraban por los disparos recibidos, continuando la huida a pie. Ambos concluyeron su carrera al caer tendidos sobre el piso, sobre charcos de sangre.
Recién allí policías de otras dotaciones que habían llegado hasta el lugar (incluyendo al jefe de la Comisaría Primera, Jorge Berro, y al titular de la Unidad Regional IV, Hugo Vaccarezza), redujeron a los maleantes, esposándolos.
Todo ocurrió en cuestión de segundos. Mientras tanto se intentaba infructuosamente reanimar al sargento Bagalá, practicándosele respiración boca a boca. De inmediato fue trasladado al Hospital Municipal.
Con heridas de bala en todo su cuerpo, Adrián Alonso, presa de la desesperación, pedía a gritos que lo mataran. Pero poco a poco sus fuerzas fueron decayendo y moría minutos después, con sus ojos abiertos, a metros del revólver había que utilizado en sus andanzas.
El otro hombre, Víctor García, permaneció arrojado boca abajo con sus manos esposadas y su rostro bañado en sangre, hasta que fue trasladado al hospital.
Los rostros de los policías denotaban tristeza y lágrimas por la muerte del compañero y una enorme cantidad de curiosos permanecía en el lugar hasta varias horas después de este hecho, que conmovió el mediodía de Necochea, ciudad caracterizada por la tranquilidad con la que viven sus habitantes.
Treinta años después, el tiroteo es aún recordado como uno de los más sangrientos registrados en la historia policial local.///
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