Un inolvidable cruce de la cordillera
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Una docente de Necochea y dos dulcenses revivieron la gesta sanmartiniana
Dos años atrás la docente Claudia Oostdijk vio un documental sobre la Gesta Sanmartiniana y quedó fascinada con el Cruce de los Andes. Hace unos días, pudo vivir su propia experiencia en la cordillera, en una cabalgata que la llevó a ella, su hermana y una amiga, desde Los Molles hasta el paso Santa Elena, en el límite con Chile.
Claudia, que reside en nuestra ciudad, realizó el cruce con su hermana María de los Angeles y con Georgina Sánchez, ambas de La Dulce.
Habían comenzado a prepararse para realizar la cabalgata en agosto del año pasado, luego de que Claudia encontrara material sobre el cruce y contactara a una agencia que se dedica a organizar estas expediciones.
“Le comenté a mi hermana y comenzamos a organizar el viaje en agosto”, explicó Claudia. María de los Angeles, invitó a su amiga Georgina.
Juntas decidieron hacer el cruce desde Los Molles, que tiene una duración de cinco noches y recorre 120 kilómetros, ya que el que parte de San Juan demandaba 14 días.
“Los organizadores no exigían que fuéramos jinetes expertas, pero sí que hubiéramos andado a caballo”, explicó Claudia.
La exigencia se debe a que la travesía atraviesa muchos caminos de montaña y de cornisa y los animales van uno detrás del otro, por lo que los jinetes no deben asustarse para no poner nerviosos a los animales.
El contingente que integraron las tres vecinas del Partido de Necochea estaba integrado en su mayoría por mujeres. “Éramos trece personas. Era un grupo muy heterogéneo, algunos hombres con sus hijos y mujeres solas”, explicó.
Revivir la historia
“Creo que todos los que fuimos teníamos la misma idea. A la noche, en los fogones hablábamos de cómo San Martín hizo ese viaje y organizó una de las batallas más increíbles de la historia con los recursos que se tenían en el momento”, afirmó Claudia.
“En un momento vas por la montaña y pensás que por ahí pasaron 5.000 hombres con mulas, con cañones, con ganado al pie. Eso es muy movilizante”, señaló.
“En esa época no había GPS, no había teléfono satelital”, explicó. “La cabalgata se hace lo más parecido posible a lo que fue el cruce en aquel momento, pero obviamente que se cuenta con otra tecnología, con otra ropa, por ejemplo”.
Y ese simple detalle de la ropa hace una gran diferencia, ya que durante el día los jinetes deben utilizar prendas de manga larga, sombreros y guantes para soportar el sol y las altas temperaturas y por la noche la marca térmica cae a 1 o 2 grados bajo cero.
Para que el viaje sea lo más parecido a la gesta de San Martín, los integrantes de la travesía durmieron a la intemperie. “Dormís bajo las estrellas, por eso nosotros elegimos la fecha de la luna llena”, indicó Claudia.
El cruce
Entre el 12 de enero y el 8 de febrero de 1817, el general San Martín atravesó la cordillera con 5.200 soldados para combatir a los españoles en lo que se convirtió en un episodio fundamental en la guerra de la independencia de Argentina, Chile y Perú.
Por eso, todos los años se revive aquella gesta con la realización de cruces por distintos pasos.
“La cabalgata partió de los Molles y la primera noche dormimos en Valle Hermoso. Ya en la segunda noche pernoctamos en cordillera”, indicó Claudia. “Se puede hacer por San Juan, pero cuando pensamos en esta experiencia nos parecía que catorce días era demasiado”.
Claudia es docente, tiene 54 años, María de los Angeles tiene 50 y es empresaria y Georgina es empleada de ARBA y tiene 48. Las tres aprendieron a andar a caballo en la infancia, pero en el caso de Claudia, hacía 20 años que no montaba.
“Por ahí no hay que ser un buen jinete, pero no tenés que tenerle miedo al caballo. El animal sabe donde pisar, porque creció en esa zona”, dijo. “En algunos lugares se va por un caminito de cornisa y si le vez las patas al caballo de adelante, vez piedritas que caen al vacío. Si te quedás en esa imagen, te da miedo”.
Un momento de emoción
“Los que hicimos este viaje, quisimos vivir un poco la gesta sanmartiniana, ya que hoy existe la posibilidad de hacerlo”, dijo Claudia.
Además, explicó, la vivencia se enriquece al escuchar a los lugareños. “Tienen tanto amor por lo que hacen, por la tierra, son tan apasionados de su lugar y se sienten tan orgullosos de esa gesta, que es interesante escucharlos”.
Y a la mitad de la travesía, el contingente llegó al hito del paso Santa Elena, a 3.200 metros de altura, en el límite con Chile.
“Y cuando llegamos y desplegamos la bandera argentina, fue muy emocionante”, señaló Claudia.///