Triste y lamentable realidad
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El anunciado regreso de los comedores escolares, luego de permanecer cerrados más de un año debido a la pandemia-cuarentena, significa una noticia más que esperada por los cientos de chicos del distrito que se alimentan en ellos, pero a su vez vuelve a desnudar una realidad preocupante de un sector cada vez más amplio y necesitado.
De acuerdo a los números oficiales del Consejo Escolar a los que tuvo acceso Ecos Diarios, en estos meses se han venido entregando 25.000 bolsones de alimentos por mes, una cifra que se disparó hacia arriba a causa de la desocupación que creó el extenso aislamiento obligatorio al que el Gobierno sometió a la sociedad.
En el caso concreto de los comedores escolares, los últimos registros son de 2019 y por entonces la cantidad de chicos que se iban a alimentar a las escuelas rozaba el número de los 3.000. Vista la realidad actual se presume que esa cifra también aumentará cuando se rehabilite el servicio, que el Gobierno provincial quiere hacer realidad durante el mes de octubre que se avecina.
El servicio alimentario en las escuelas se completa con la llamada copa de leche, que viene de tiempos añejos y que en la actualidad comprende a unos 10.000 chicos.
Fuera de los fríos números, que de todas maneras reflejan palmariamente la complicada realidad, el valor del cupo alimentario que provee el Estado es históricamente bajo como para confeccionar platos abundantes y nutritivos. De hecho en el presente la Provincia cotiza en solo $35 por alumno las cuatro comidas diarias de los chicos que residen de lunes a viernes en la escuela agropecuaria de Ramón Santamarina.
El escaso monto también se replica en los cupos de los almuerzos en los comedores, y si bien nutricionistas contratados por el Gobierno sugieren a los cocineros de cada escuela formas de combinar los alimentos, no todas las veces los platos sacian debidamente el hambre de los alumnos.
Los fines de semana no se continúan las comidas al no asistir los chicos a a escuela, y los docentes han dado cuenta del hambre con el cual vuelven a las escuelas los días lunes. Es que en sus hogares los alimentos evidentemente escasean, y bastante.
En este sentido y como forma de mejorar esta hambruna, la administración de Kicillof ha dispuesto que más allá de los comedores se sigan entregando los bolsones que los suplieron durante estos meses.
En las actuales circunstancias post PASO, algunos pueden calificar como otra medida electoral a lo apuntado en el párrafo anterior. Pero la realidad es que los comedores se han ido multiplicando en las últimas décadas. La dura cara visible de una pobreza que los gobiernos no han resuelto. Al contrario, la han agudizado.
Ya hace rato que la escuela ha perdido su principal sentido: educar para, en muchos casos, y con cifras en aumento, transformarse en un lugar al que se va a comer.
Obviamente que los chicos concurrentes deben saciar la necesidad primaria de alimentarse. Pero también el Estado tiene la obligación de que aprendan y se formen para defenderse en la vida y no ser eternos dependientes de las dádivas del gobierno de turno, que obviamente se otorgan con recursos que gesta el resto de la sociedad y del bolsillo de los funcionarios.///