La estación de trenes entre el recuerdo, la tristeza y la desazón
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Vecinos del barrio rememoraron épocas de esplendor, en un presente que les genera dolor e incertidumbre por lo que harán en el histórico lugar
Ayer, luego de las llamas, los vecinos de Estación Quequén, comenzaron a visualizar el impacto que provocó el incendio tanto en la propia estación, como en cada uno de ellos.
La destrucción de un edificio histórico, que marca la identidad del lugar, provocó angustia y bronca. Algunos de los que viven en las inmediaciones de la estación, ni siquiera quisieron acercarse a ver las pérdidas. Otros, en cambio, aunque actualmente no vivan en el barrio, llegaron hasta ahí, para observar con sus propios ojos las consecuencias del fuego.
Las gruesas paredes, con un estilo de construcción de otros tiempos, resistieron a las llamas, lo que tal vez no hubiera pasado en una edificación moderna. Los techos, casi completamente carcomidos por el fuego, todavía humeaban en la mañana de este lunes.
“Estaba impecable”
Natalia Maidana es artista visual y tiene un espacio de exposición de arte y diseño, ubicado a media cuadra de la Estación Quequén. “Mi lugar más que nada tiene que ver con la identidad quequenense”, sostuvo Natalia, cuyos padres eligieron el barrio cuando se casaron, y tanto ella como su hermana nacieron ahí.
“Nos acordamos del tren y cuando dejó de venir; bastante triste”, sostuvo, rememorando tiempos pasados, desde un presente opaco para los vecinos. “Recuerdo la cantidad de gente y el movimiento que había”, indicó. Frente a su casa, en la calle 563, la que lleva a la estación, había un bar, un hotel y solían verse muchos turistas; ahora, se ven casas bajas sobre una calle barrosa y poco transitada.
El cambio se fue dando de a poco, comentó Natalia. Hubo una época en la que numerosos colectivos buscaban a quienes arribaban a la estación; luego, paulatinamente, de tener una frecuencia diaria, el tren pasó a llegar sólo una vez por semana; “como que se fue disolviendo en el tiempo”, mencionó Natalia. Así, el barrio también se fue modificando.
Hoy, o al menos hasta antes de que las llamas intervinieran sobre la estructura del edificio, la estación de tren, era algo turístico en sí mismo. A pesar de que haya dejado de llegar el tren, la gente solía usar el lugar como locación para fotos de quince años o casamientos, incluso se han grabado cortometrajes y realizado eventos culturales. También existía el proyecto de establecer un centro cultural en un edificio con tanta historia.
“Por la cantidad de años que tiene, estaba impecable”, manifestó Natalia, y exhibió una postal donde figura el año 1892, como momento de su inauguración. También indicó que “al no tener empleados 24 horas, se empezó a vandalizar”, hasta llegar a este punto, “la gota que rebalsó el vaso”.
“Es una pena porque entre todos los vecinos se viene denunciando cada vez que se ve algo y llamando a la policía, pero parece que no alcanzó”, dijo, y acotó que es un barrio de vecinos muy unidos, comprometidos y con una fuerte identidad, entre los cuales habían pensado en varios proyectos para darle vida a la estación.
“Se va perdiendo todo”
Hugo Escobedo hacía fletes con su camioneta, y años atrás, buscaba a los mochileros que llegaban a la Estación Quequén. Se trataba de turistas que iban a los campings, y por portar grandes mochilas, los taxis no los llevaban, por lo que Hugo encontró una salida laboral ante la situación. “Había dos colas, la de taxis y nosotros; yo me agarraba todos los viajes largos a Costa Bonita, cualquier cantidad venían”, mencionó.
Hugo, junto a su mujer, Inés, manejaron desde Necochea, para ver de cerca qué había sucedido en la estación. “Esto estaba arreglado, se podía entrar bien”, indicó, en comparación con el momento actual, en el que las calles presentan mucho barro y el acceso resulta complicado.
“Es triste porque era un edificio histórico y se va perdiendo todo”, mencionó Hugo.
Indignación y angustia
Analía Martínez manifestó que el domingo no había querido ir a ver la destrucción que se había producido en la estación, en parte por bronca, aunque también por tristeza. “Tuvimos muchas reuniones para poder hacer algo con el lugar y nos pusieron muchas trabas. Queríamos que Quequén estuviese un poco mejor”, expresó.
Analía vive junto a su hija hace 14 años a cien metros de la estación, y para ella, “ver como terminó un lugar que podía ser un espacio de cultura, con un montón de proyectos es muy triste y da mucha bronca”. Indicó asimismo, que todos los vecinos están tan indignados como angustiados, y consideró que no van a quedarse quietos ante lo sucedido.
“Ahora veremos cómo se reconstruye la estación”, planteó como un interrogante aún sin respuesta.///