El accidente que unió para siempre a una familia de Quilmes con Necochea
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Hoy los seis hermanos Menichelli tienen un tatuaje que recuerda aquel hecho y representa las aventuras vividas en cada viaje a nuestra ciudad
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Antes de que comience el verano de 1996, Andrés Menichelli y su esposa Sonia Acosta andaban preguntando entre sus amigos a qué lugar de la costa podían viajar para pasar unos días en familia.
Los oriundos de Quilmes no conocían prácticamente nada de las playas bonaerenses. Sin embargo, la consulta no tenía que ver con una cuestión de comodidades sino con que el destino elegido debía cumplir un requisito fundamental: acceso en tren.
Este requisito se debía a que el auto que tenían en ese entonces no estaba en condiciones para salir a la ruta ni mucho menos para hacer un viaje tan largo. Por otro lado, el viaje en colectivo no era una opción fácil de tomar teniendo en cuenta los costos de viajar con todos sus hijos (que también se aburrían y empezaban a portarse mal en el camino).
Así, entre consultar a uno y consultar a otro, surgió el nombre de una ciudad de la que no habían escuchado ni hablar: Necochea. Les dijeron que se podía ir en tren hasta Mar del Plata y de ahí hasta Quequén. La idea gustó y entusiasmó tanto a los chicos como a los papás.
Así fue que, tras varios preparativos, ese verano de 1996 hicieron su primer viaje a Necochea en tren, lo cual repitieron en 1997 porque les encantó la ciudad.
La camioneta que marcó su historia
Para el verano de 1998, la familia había adquirido una camioneta Volskwagen, tipo combi, varios modelos más vieja, que utilizaron para hacer su primer viaje por sus propios medios.
Fue toda una experiencia. Con el correr de los años, Andrés fue acondicionando el motor del vehículo y le hizo modificaciones en el interior para que puedan viajar los seis hijos y algún que otro novio que las chicas más grandes habían conocido.
Así pasaron varios veranos colmados de historias, anécdotas y paseos que hicieron que Valeria (38), Noelia (36), Melina (30), Carla (28), Julián (24) y Bruno (20) conozcan cada rincón de la ciudad.
“A la camioneta le había sacado las butacas de atrás y le había puesto unos bancos acolchonados toda la vuelta para que entre más gente. Encima en el medio le poníamos reposeras para que vaya alguno más acostado”, contó Sonia.
Por aquellos años ni se imaginaban que uno de esos viajes a nuestra ciudad lo recordarían y lo llevarían en la piel por siempre.
El 26 de diciembre del año 2009, luego de cargar combustible y parar a comprar unas medialunas para desayunar, se habían dispuesto a continuar su viaje anual a Necochea pero a la altura de Chascomús, un humo blanco comenzó a salir precipitadamente por todos lados.
“Chicos, en cuanto pare, se bajan todos de la camioneta”, dijo Andrés, sabiendo que se venía algo feo. Y así fue. Bajaron con lo puesto y la camioneta ardió en llamas en la banquina de un momento a otro por una supuesta pérdida de nafta. Aquel día perdieron bicicletas, la ropa y hasta los documentos. Algunos ni zapatillas tenían cuando tuvieron que bajar. Pero por suerte nadie salió herido.
Pronto algunos amigos llegaron al rescate de la familia y se volvieron todos para Quilmes, con el objetivo de acomodar los papeles del seguro y volver a tramitar su documentación personal. En su mente, las vacaciones se habían frustrado por ese año y no sabían ni cómo sería los años siguientes.
Un recuerdo en la piel
El 31 de diciembre a la mañana, la familia decidió que no podían suspender una tradición de años solo por un accidente, así que se dividieron en dos autos y viajaron igual, un poco amontonados.
Pasaron año nuevo en Necochea y desde entonces nunca han dejado de venir, aunque ya siendo los chicos más grandes en algunas oportunidades han optado por elegir otros destinos ya con sus propios hijos.
Al cumplirse los diez años de aquel episodio, los seis hermanos decidieron tatuarse la camioneta Volskwagen en el brazo o en la pierna, para recordar no solo ese triste hecho sino todas las aventuras y alegrías que han vivido en los viajes a nuestra ciudad.
Incluso, dos de los seis hermanos se tatuaron el puente colgante, que era el lugar en el que todos aplaudían por la alegría de haber llegado a destino, sanos y salvos.
Los demás, no han descartado aún hacerse también el puente y Andrés quiere tatuarse la camioneta, en acompañamiento a sus hijos.
Sin dudas, una tradición y una anécdota que seguirá pasando de generación en generación para los Menichelli.///