Un año para recordar por la solidaridad de la gente
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Las dificultades vividas durante 2019, llevaron a gran parte de la comunidad a llevar adelante algún emprendimiento solidario o sumarse a iniciativas ya existentes
Sin dudas para muchos 2019 será un año para el olvido, sin embargo, a la hora de hacer el balance, en medio de la crisis económica y social que nos afecta, muchos coincidirán en que el año que acaba de terminar mostró más que nunca uno de los mejores perfiles de nuestra sociedad: el solidario.
Fue durante este año de crisis cuando mejor se pudo ver la empatía que caracteriza a gran parte de la comunidad necochense, desde el que más al que menos tiene, todos estuvieron dispuestos a colaborar con lo que pudieron: tiempo, dinero, trabajo…
A las decenas de comedores y merenderos que trabajan en distintos lugares de la ciudad, a entidades, asociaciones civiles y agrupaciones, se sumaron en la labor solidaria clubes que organizaron partidos a beneficio, atletas, etc.
El habitual espíritu solidario que se expresa normalmente en distintas instituciones y asociaciones civiles, pareció multiplicarse en los últimos doce meses.
Pero ¿qué lleva a las personas a comprometerse en estas labores solidarias que demandan tiempo, trabajo e incluso recursos económicos?
Necesidad de dar
“Recibimos mucho más de lo que damos”, dijo Silvia Orofino, impulsora desde hace 10 años de “Necochea puede. Un litro de leche por mes”.
Hace unos días, ella decidió enviar saludos a grupo de contactos en las redes sociales y las respuestas que recibió la tomaron de sorpresa. “No podía parar de llorar”, afirmó Silvia.
El reconocimiento de la gente la emociona. En los últimos días la asociación recibió una distinción de parte del Museo Casa del Faro.
En 2016 la entidad ya había recibido una distinción de la Liga de Madres por su labor. Luego, en 2017, recibió otro reconocimiento del Concejo Deliberante.
También es motivo de orgullo la trascendencia que ha tenido su iniciativa solidaria y el hecho de que se haya copiado en otros lugares del país. “Creo que hemos sembrado una semillita”, aseguró.
En lo personal, ella empezó a colaborar después de haber sufrido la enfermedad de dos de sus seres más queridos.
Señaló que se sentía obligada a retribuir lo que había recibido en el Hospital Municipal. “Tenía que devolver algo de todo lo que me habían brindado”, afirmó.
Hace tres años que Silvia se jubiló y si bien hoy podría estar dedicada a descansar y a disfrutar de su retiro, ella sigue en actividad con la asociación.
“Creo que si no tenés un proyecto, no tenés vida”, dijo Silvia y señaló que Un litro de leche por mes se dedica a recolectar leche para entregar a los comedores y merenderos. “Ahí si que se trabaja”, afirmó.
Trabajo de campo
Si bien hay quienes llegan a la solidaridad a partir de la necesidad de devolver algo de lo que han recibido en sus vidas, como es el caso de Silvia Orofino, otras personas se vinculan a las necesidades a partir de su trabajo, como le ocurrió a Claribel López.
Ella es trabajadora social y fue a partir del trabajo de campo que comenzó a descubrir algunas necesidades que, le pareció, se podían modificar.
“Comencé a hacer las prácticas del Instituto en el barrio 6 Esquinas de Quequén y en el General San Martín”, señaló.
“Uno a veces si no sale de los lugares que recorre habitualmente, no ve las necesidades de la gente”, afirmó Claribel.
Y precisamente cuando comenzó a realizar prácticas en el barrio Federal cercano al Faro de Quequén, fue cuando comenzó a ver otras necesidades. Allí a los problemas alimentarios, se suman los de vivienda, ya que la situación de muchas viviendas es cada vez más precario y también el hecho de que muchas madres se hacen cargo solas de la educación y mantención de sus hijos.
En ese ámbito Claribel notó algo que hasta ese momento no había había mirado: la cabeza de los chicos. Notó que muchos de ellos llevaban el pelo largo y después, al interiorizarse más, descubrió que muchos niños nunca habían ido al peluquero y que eran sus propias madres las que se los recortaban.
Junto a su amigo Nicolás Toñanes decidió entonces poner en marcha un proyecto inédito en Necochea y Quequén, armar una peluquería solidaria e ir por los barrios a cortarle el pelo a los chicos.
Para Claribel, la reacción de los chicos cuando llegaba la Peluquería a su barrio era algo impagable.
El proyecto se extendió dos años y finalmente se disolvió, pero en los integrantes del grupo la solidaridad sigue a flor de piel.
Otro punto de partida
El punto de partida de Silvana Callio con la solidaridad es distinto al de López y Orofino. Ella trabaja desde hace años en actividades solidarias a partir de su militancia política.
“Por eso creo que mi caso es distinto”, afirmó. Sin embargo su militancia es muy distinta a la que habitualmente se relaciona con esta actividad y con el tiempo ha ido adecuándose cada vez más a las necesidades de los niños y los barrios donde trabaja.
Uno de esos emprendimientos es el merendero Una sonrisa, que por estos días funciona en el barrio Seis Esquinas de Quequén, pero que surgió en cercanías de la delegación municipal, en la casa de unas vecinas que en medio de las necesidades propias decidieron dar la merienda a los chicos del barrio junto a sus hijos.
El merendero fue cambiando de lugar y las madres de los niños que concurrían al merendero se propusieron ayudar y crearon una cocina comunitaria que en la actualidad elabora gran parte de lo que se brinda a los chicos.
“Cuando no hay recursos, el mejor lugar es la solidaridad”, dijo Silvana, que creció en una familia donde no le faltó para comer pero en donde tampoco sobraba demasiado, por lo que era habitual que la ropa pasara de un hermano a otro o de un primo a otro.
“Lo que sobraba se compartía, esa es una costumbre heredada”, dijo Silvana que en el colegio secundario, en la época de los patacones, comenzó a entender esto de la labor comunitaria a partir de hacer viandas para los compañeros y de unirse todos para pintar la escuela.
En los últimos años, a partir del trabajo en merenderos como Una sonrisa, la actividad comunitaria y solidaria de Silvana se fue expandiendo. Además de dar la merienda a los chicos, se comenzó a contener a sus madres, a los adolescentes de barrio… “Tenemos que cumplir otros roles”, explicó.
Pero señaló que en esencia, en los barrios la solidaridad surge “a partir de la vecina que tiene un poquito más y decide compartir con los que tienen menos”.
Un nexo solidario
Durante 2019 la complicada situación financiera del municipio llevó a que la atención en el hospital se viera resentida por la falta de insumos.
En ese marco, el trabajo de la Asociación Cooperadora del Hospital Municipal, que en los últimos años había tomado un rol cada vez más importante, se convirtió en un nexo entre la comunidad y la institución.
La transparencia con que la Cooperadora utiliza los fondos donados llevó a muchas personas e instituciones a convertirla en su vínculo con las necesidades del hospital.
Así, empresas y otras instituciones eligieron a la Cooperadora para hacer llegar sus donaciones y colaboraciones al hospital.
Entre otras iniciativas solidarias a beneficios del hospital, se encuentra surgida en La Costa FM, la emisora de radio de Ecos Diarios. En el programa El diálogo de hoy se organizó una subasta de cuadros con la colaboración del Centro Cultural y el apoyo de Puerto Ciudad y Ecos Diarios.
La subasta de cuadras fue a beneficio de la Cooperadora y todos quienes fueron convocados a participar lo hicieron sin dudar, demostrando un espíritu solidario digno de enaltecer.