Un baile al ritmo de la vida
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Carolina Vuarrier nunca imaginó que se dedicaría un día a enseñar danzas árabes. Lo suyo parecía la docencia. Hoy es más conocida como Farah que por su propio nombre
Por Juan José Flores
Redacción
Ella nunca soñó con ser bailarina. Su vocación pasaba por la docencia, pero su paso por las aulas fue fugaz. Luego la vida la llevó hacia el comercio, aunque sin dudas lo que la hizo conocida fueron las danzas árabes.
Es más, muchos sólo la conocen por su nombre artístico: Farah. Para Carolina Vuarrier esto es un orgullo. Sin embargo, por estos días ha decidido dar un vuelco a su vida.
Durante muchos años gran parte de su actividad se desarrolló dentro de la Sociedad Arabe de nuestra ciudad. Estuvo a cargo hasta hace poco de los ballets de danzas de la institución, pero recientemente decidió dar un paso al costado.
Por estos días Farah busca otro punto de vista para seguir vinculada a la danza, sin tantas presiones ni compromisos y con el objetivo de convertir el movimiento en una terapia.
El camino de la vida
“Si bien estudié en el Colegio Comercial y siempre me gustó el arte, nunca pensé que iba a ser profesora de danzas árabes. Pero la vida te va llevando”, afirmó Carolina.
Tras terminar el secundario, se casó y después comenzó a cursar el magisterio. Su primer trabajo fue como preceptora en una escuela de Juan N. Fernández.
La vida quiso que la directora de la Escuela 17 renunciara y por un breve período, con sólo 24 años, Carolina estuvo al frente de la institución.
Luego, consiguió trabaja en la Escuela Media 2 de nuestra ciudad. Enseñó a adultos, pero su paso por las aulas como maestra de grado fue fugaz.
Y en aquellos años surgió la danza. “Empecé hace 19 años, porque la familia de mi esposo tiene descendencia árabe y siempre estábamos con las comidas típicas y las costumbres de la colectividad”, explicó Carolina que ya había incursionado en la danza jazz y el folclore.
Por aquellos días, con Shakira a la cabeza, se produjo un enorme auge de las danzas árabes y Carolina descubrió que aquello le fascinaba.
Comenzó a viajar a Mar del Plata y a estudiar con Rashid, un profesor de danzas árabes que por estos días está radicado en España.
Al recibir su título, Carolina empezó a dar clases en su casa y el número de alumnas empezó a multiplicarse.
“Se sumó mucha gente y en ese momento un amigo, que estaba en la Sociedad Arabe, me invitó para que vaya y así fue como entré a dar clases allí”, explicó. No esperaba permanecer tanto tiempo en la institución.
En la colectividad
Durante 15 años dio clases en la Sociedad Arabe. En ese lapso dejó la docencia y comenzó a dedicar cada vez más tiempo al comercio.
Sin embargo, nunca dejó de perfeccionarse y de enseñar. Muchas de sus primeras alumnas hoy ya son madres.
Organizó encuentro de danzas árabes en el Teatro París y también trajo profesores a dar seminarios.
Pero con el paso de los años fue dejando de lado algunas clases y últimamente sólo se dedicaba a coordinar el ballet de la entidad.
“De a poco fui dejando, pero ahora decidí alejarme del todo porque me pareció importante darle la oportunidad y el lugar a alguien que tenga tiempo para dedicarle a todos los grupos”, afirmó.
No obstante, indicó que “estoy muy agradecida a la colectividad por todo el apoyo que me dieron siempre, su confianza en mí”.
“Las danzas árabes tienen mucha variedad, no sólo se trata de la danza del vientre, también hay danzas folclóricas de cada país de la colectividad, por eso es mucha la responsabilidad”, dijo Carolina.
“Ya extraño, pero bueno, son etapas”, afirmó.
Siempre en movimiento
“Yo nunca dejé de bailar porque para mí la danza es terapéutica. Es poder canalizar mediante el movimiento, emociones y el estrés cotidiano”, indicó Farah.
Por eso, ahora está buscando un nuevo camino. “En lo personal la danza siempre me sirvió como algo terapéutico”, señaló.
Por eso ahora está trabajando en un proyecto de danza como psicoterapia, “que pueda ayudar a explorar el movimiento de la persona para poder resolver conflictos emocionales”.
Mientras tanto, Farah volvió al aula y se está capacitando con la profesora Zulehika, perteneciente a la escuela de Saida, la maestra de danzas árabes más afamada de nuestro país.
Por otra parte, también realiza un profesorado de yoga. A los 43 años, con dos hijos de 23 y 25 años, Carolina Vuarrier está iniciando un nuevo camino.