Un barrio que crece con aporte estatal en plena crisis económica
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Frente a la terminal. En la humilde barriada que fue beneficiada con servicios públicos por un plan del gobierno, se acopia material y aparecen otras construcciones
Está claro que a la hora de comprar o vender una casa en un barrio es fundamental para determinar su precio si tiene o no los servicios “en la puerta”. El barrio frente a la terminal de ómnibus va rumbo a convertirse en uno más de los que tienen el privilegio de tener todos los servicios, al contrario de lo que pasa en otros en los que se aporta más al municipio y a la Provincia en materia de tasas e impuestos pero, todavía no cuentan con un buen alumbrado público, agua corriente, cloacas, cordón cuneta, ni gas, y mucho menos asfalto.
Más allá de eso, que podría ser considerado como una injusticia por los contribuyentes, es curioso ver que, desde que se dio ese anuncio de sumar servicios al barrio de la Terminal, se empezaron a ver muchos materiales de construcción acopiados y se iniciaron edificaciones de grandes dimensiones que contrastan con las viviendas más humildes que se observan alrededor y que fueron el origen del pedido de estas obras para que ayuden a esas familias a tener una mejor calidad de vida.
Cuesta creer que una persona que puede comprar tantos materiales de un día para otro (sale $12.000 un solo pallet de ladrillo, por ejemplo) necesite que todos los servicios se los brinde gratuitamente el Estado, sabiendo que con esa decisión se está omitiendo brindarle ese beneficio a quienes aportan miles de pesos todos los meses para que el Estado, justamente, pueda hacer esas obras. Es, mínimamente, extraño a la simple vista del que pasa por allí.
Esto da cuenta del interés que genera tener los servicios y lo mucho que eso revaloriza un sector determinado.
En el caso de la zona de la Terminal en su conjunto, haciendo una comparación de lo que era en el año 2005, se puede ver que ha cambiado bastante el panorama, con una urbanización hasta ese momento precaria y desprolija, al mismo tiempo que se han ido haciendo intervenciones que no contribuyen a tener una buena vista.
El edificio
La propia Terminal está casi abandonada y completa el paisaje poco agradable que tiene ese transitado lugar de la ciudad. Un edificio que necesita más que el “lavado de cara” superficial y el ploteado de vidrios que le ha hecho la Municipalidad para darle un poco de color y tapar lo horrible del inmueble en su interior.
Un lugar frío, húmedo y con muchas oficinas cerradas o usadas como depósito. Esa es la puerta de bienvenida a Necochea que tiene el que llega en colectivo.
Al salir de la Terminal, hay dos opciones: o mirar el barrio del que hicimos mención o mirar el río que, sin tener intervención de la mano del hombre es lo más lindo que tiene esa zona. Eso sí, entre la Terminal y el río está lo que quiso ser un edificio a medio terminar, interrumpiendo la única vista que vale la pena desde hace 40 años. Otro lunar son las dos cuadras sin asfaltar de la avenida 43; razones que nunca se han dado a conocer del porqué, permiten inferir que ese tramo ha quedado así por ser el ferrocarril o el Municipio el frentista en esas manzanas.
Es rescatable en este punto la mejora que le hicieron al cartel con el nombre Necochea que se encuentra en la rotonda de la ruta y la avenida 58, ya que quedó colorido y prolijo, invitando al viajero a sacarse una foto de “llegué a Neco” para subir a las redes sociales, siempre y cuando se logre sortear le busto de Perón que está estratégicamente puesto en el medio y complica la toma de una imagen para quien quiera evitar salir con el General a su lado.
Sin duda es un espacio que ha decaído mucho (queda claro mirando las fotos actuales y las de otros tiempos pasados), pero que quizá con la llegada de los servicios y, ojalá, la obra de la prometida nueva Terminal lo convierta en un sector que nos enorgullezca.///