Un combativo anticipo de los ejes de la campaña
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Mauricio Macri fue eficiente en quedarse con la defensa de los valores de la democracia y el diálogo, frente a una oposición que sólo hacía ruido en la apertura de sesiones. “Los insultos hablan más de ustedes que de mí», les dijo el Presidente a los opositores
El alma volvió al cuerpo de Cambiemos. Gobernar no solo es tomar decisiones sino también agitar a los propios, una costumbre más usual en el mundo K, que demuestra a las claras la difícil coyuntura por la que está pasando la gestión.
Mauricio Macri ya había levantado el tono en otros discursos previos. Notoriamente, en el último de la campaña nacional de 2015, en Jujuy. También en la apertura de sesiones ordinarias del año pasado. Pero nunca como ahora —casi— gritó «¡Vamos Argentina!» no una, sino varias veces, buscando darle ánimos a su tropa, y también a él mismo: «¡Vamos con fuerza! ¡Vamos con coraje! ¡Vamos con pasión!».
El Presidente reconoció que no fueron meses fáciles tampoco para él. «Me hago cargo», aseguró. Aunque no mencionó en ningún momento la palabra «errores», es lo más parecido a una autocrítica. Y desde distintos ángulos dio argumentos para sostener que no fueron en vano los esfuerzos hasta ahora y Argentina está mejor parada que en el 2015, porque «creamos las condiciones y estamos listos para avanzar».
Macri estaba preparado para que lo abucheen y llevó preparado un texto: «Los insultos hablan más de ustedes que de mí», que le funcionó muy bien.
Pero el núcleo de lo que pretendió transmitir el equipo de comunicación de la Casa Rosada fue, por ejemplo, la frase: «Que sea difícil, que lleve más tiempo, no significa que no lo estamos haciendo, sino que lo estamos haciendo de verdad, que es para siempre».
Es que lo que necesita Cambiemos es imprimirle energía a un voluntariado que está con los brazos caídos y con dudas de ponerse a trabajar para la reelección, no tanto porque perdió la fe en su candidato sino porque le cuesta comprender el rumbo del Gobierno, enfocado en un largo plazo —habló de un proyectar la Argentina a 30 años— que nunca es sencillo de explicar.
El oficialismo fue eficiente en quedarse con la defensa de los valores de la democracia y el diálogo, frente a una oposición que hacía ruido y no quería escuchar al Presidente. A la salida, el peronismo en general y kirchnerismo en particular bajaron el tono de sus declaraciones, evitando quedar en el lugar de los energúmenos frente a una opinión pública que aún no tiene decidido el voto.
Graciela Camaño, quizás, fue la que mejor entendió el sentido del discurso presidencial. Hablando con los periodistas lo criticó porque «quiere instalarse como un héroe». En efecto, Macri está convencido de estar liderando un camino de largo plazo que no tiene marcha atrás, además de un respaldo inédito —como él mismo dijo— en el mundo.
El Presidente hizo un gran esfuerzo levantando como nunca su voz. No es su estilo, ni le gusta esa tendencia argentina de políticos que hablan fuerte desde un estrado. Cumplió con la tarea y se fue rápido, un poco enojado porque no se cumplieron las condiciones de seguridad que le habían prometido.
Logró su objetivo
Sin embargo, logró su objetivo, marcando claramente los ejes de la campaña, a saber, la integración con el mundo, la igualdad de género, la lucha contra el narcotráfico, el nuevo paradigma en materia de seguridad, la creación de cimientos nuevos para crecer y exportar, la verdad, la transparencia, la rendición de cuentas de todos, incluso de la familia del Presidente y de él mismo.
Para muchos es una plataforma con valor igual a cero. Para otros es un sueño hecho realidad, que pueden perder si Macri no reelige. A estos últimos les habló el Presidente, pidiéndoles que «no aflojen», que «no tiren la toalla». Es que necesita que salgan a vocearlo a pesar de las dificultades, convencidos de que «hay una Argentina que se está despertando». Y el Gobierno parece que también.
Silvia Mercado, analista política