Un condicionamiento más
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En la última sesión del Concejo Deliberante, floja en cuanto a temas e importancia de los mismos, se presentó sobre tablas un proyecto de ordenanza, que plantea un régimen de contratación de mano de obra de la ciudad en las obras que se realizan con fondos públicos.
La propuesta, que pasó a comisión para un análisis más exhaustivo, fue gestada desde el bloque del Frente de Todos, y en principio recibió el respaldo del oficialismo.
El planteo consiste en que en las obras públicas que se vayan a ejecutar en el futuro en el distrito, debe de haber un mínimo de 75% de personas contratadas que tengan su domicilio real aquí. Situación que la empresa que los incorpora deberá hacer constar en una declaración jurada, junto a los datos de dicho personal.
La norma, en caso de ser aprobada, regiría para empresas del medio o foráneas que logren la adjudicación de obras en procesos licitatorios. Y como una curiosidad, aggiornada a los cambios que ha tenido la vida y por ende el campo laboral, se exige la incorporación de mujeres al plantel laboral.
En principio puede sostenerse como aspecto positivo a la idea que se busca privilegiar las fuentes laborales para residentes, ofreciendo más oportunidades en un mercado de trabajo acotado y sumamente complicado por los efectos de la larga cuarentena.
Sin embargo, la propuesta es al menos discutible, porque coarta la libertad de elección del personal por parte del inversor o en este caso empresario constructor.
Salvo ciertos rubros, incluyendo a la construcción propiamente dicha, en varias áreas Necochea no cuenta con mano de obra calificada, con lo cual se hace necesario traerla de afuera. Es el resultado de una precariedad laboral propia de una ciudad en la que prevalecen los empleados estatales y los emprendimientos dedicadas a dar servicios.
También se puede considerar la iniciativa como un condicionante a la hora del derecho de quien brinda trabajo de poder elegir personal de su confianza, que no tiene porqué ser autóctono de Necochea.
La carencia de trabajo es una cuestión que se viene agudizando de años, y que ya ni siquiera amortiguan los puestos de temporada de verano, que en la que viene lamentablemente será más explícita en su escasez, cuarentena mediante.
Las leyes laborales vigentes también juegan su cuota parte para que la contratación de mano de obra sea menos viable aún; y la oferta para los jóvenes, en especial quienes pretenden incursionar en su primer trabajo, es casi inexistente.
La eterna idea que varios gobernantes han planteado de abrir la puerta y tentar a empresas de afuera para que se radiquen en Necochea, siendo que el Puerto es un atractivo extra para sacar la producción, no termina nunca de concretarse.
El Sector Industrial Planificado, con preponderancia de depósitos y no industrias es una muestra de ello. Y en tal sentido, la actual administración municipal aspira a revertir esta historia con la creación de un parque industrial en el predio donde ha funcionado la playa de camiones de Quequén. Un lugar que tenga una sinergia acentuada con el puerto.
Mientras tanto, aparecen ideas como la planteada en esta columna que proponen “reivindicar el trabajo local”, pero que puede ser inconveniente más para el que invierte y da trabajo.///