Un cuarto de siglo enseñando con amor
Analía Torres y una vida dedicada a la docencia. Cómo nació su vocación, su recorrido en el distrito y lo que significa ser maestra
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
Cada 11 de septiembre se celebra en nuestro país el Día del Maestro, una fecha que invita a reflexionar sobre el legado de quienes eligen la enseñanza como vocación de vida. En esta jornada, la historia de Analía Verónica Torres, docente con 25 años de trayectoria, se convierte en un ejemplo de compromiso, amor por las aulas.
“Mi camino en la docencia inició hace 25 años. Comencé haciendo suplencias en escuelas rurales, haciendo dedo para poder llegar. Después de recorrer varios destinos, fui estableciéndome en escuelas de la ciudad”, recordó con una sonrisa la entrevistada.
Entre esas instituciones estuvieron la Escuela N.º 4, la Escuela 41 de Costa Bonita, la 28 y la 7, donde transitó dos décadas de trabajo. Hoy su presente la encuentra en la Escuela N.º 14 de Juan N. Fernández, acompañando a los alumnos en el área de Prácticas del Lenguaje, un espacio que la apasiona: “Amo la escritura, el poder acompañarlos en la producción de textos, transitar junto a ellos ese espacio”.
La vocación por enseñar nació de manera natural. No había antecedentes docentes en su familia, pero sí un instinto por acompañar a otros en el aprendizaje. “Siempre me gustó ayudar a los compañeros del barrio o a los hijos de algún amigo. Disfrutaba practicar con ellos y enseñarles. Después lo llevé a la realidad”, explicó.
Su vida personal también se entrelaza con la escuela. Está casada y es madre de gemelas de 21 años, que eligieron caminos diferentes al magisterio: marketing y diseño gráfico. Sin embargo, reconoce que la docencia se convirtió en una parte esencial de su identidad: “Si volviera atrás, elegiría ser docente una y mil veces. Amo lo que hago”.
En estos 25 años de recorrido, Torres ha visto transformarse el escenario educativo. La irrupción de la tecnología, la reducción de los hábitos de lectura y las nuevas formas de atención en clase marcaron un antes y un después. La actualización constante, aseguró, es clave: “El perfeccionamiento permanente es un desafío. Hay que mantenerse al día para poder brindar la mejor enseñanza. Cada planificación es empezar de cero con un nuevo grupo”.
Experiencias que marcan
De su paso por escuelas rurales guarda recuerdos imborrables: “El tipo de vínculo es distinto, más cercano. Llegué a recibir un tarro con leche como regalo de una familia. Ese gesto de amor es inolvidable”. También atesora anécdotas personales, como el día de su casamiento, cuando varios de sus alumnos sorprendieron al acercarse a la iglesia para acompañarla.
Con el paso del tiempo, esa relación con los estudiantes se renueva de manera especial: “Hoy ya recibo en las aulas a los hijos de mis alumnos. Es hermoso ver cómo se multiplican los lazos, generación tras generación”.
Incluso tuvo la oportunidad de trabajar en la alfabetización de adultos, una experiencia que define como profundamente enriquecedora: “Poder acompañar a alguien que retoma el estudio, que descubre el placer de leer y se anima a seguir formándose, es impagable”.
A un año de jubilarse, Analía sabe que lo que más extrañará será el contacto diario con los chicos: “La cercanía, el compartir, el amor por enseñar. Eso no se cuelga nunca, aunque lo sigamos viviendo desde otro lugar”.
De cara al futuro, imagina poder dedicarse a sí misma y a su familia, luego de tantos años de planificación, correcciones y capacitaciones. Sin embargo, el mensaje que transmite a las nuevas generaciones de docentes es claro: “Es un camino bellísimo, pero que debe transitarse con amor, empatía y compromiso. Si sienten que disfrutan de acompañar a los chicos, que elijan esta profesión, porque no hay nada más gratificante que la devolución de afecto de los alumnos”.
En este Día del Maestro, la historia de Analía Verónica Torres nos recuerda que detrás de cada clase, late la pasión de miles de educadores que eligen enseñar con el corazón y que el poder de la voz, la palabra y la escucha activa no hay tecnología que la reemplace.
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