Un deporte que sólo vive en el recuerdo
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El pato lleva 15 años sin practicarse en nuestra ciudad

Si le preguntás a un chico cuál es el deporte nacional no dudaría en decirte que es el fútbol. Y hasta lo fundamentaría. Si le decís que el deporte nacional es el pato, seguramente habría repreguntas incómodas. El pato es un deporte ecuestre tan antiguo como desconocido para la mayoría, aunque sea originario de nuestro país. Así se lo llama por la pelota de cuero con asas clave del juego. Se toma del suelo con la mano derecha, y el objetivo es hacer goles. El jugador siempre debe ofrecer el pato en forma perpendicular al cuerpo, de esa manera se produce la «cinchada» con una sola mano y a fuerza de piernas. Cada equipo, integrado por cuatro jinetes, debe embocar el pato en el aro contrario y quien logre anotar más veces, gana.
No hay cámaras de TV que lo sigan ni apoyo gubernamental porque es un deporte sin proyección internacional, aunque la entidad madre se llame Federación Argentina de Pato y Horseball. Sin la masividad, sigue latiendo con varios equipos tradicionales, a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en localidades como San Antonio de Areco, Luján, Capilla del Señor o Cañuelas. A principios de mes se disputó el Torneo Argentino de Alta Ventaja, donde La Tribu de Henderson se consagró campeón al vencer a Pato General Las Heras La Blanquita por 18 a 16. Como en el turf, la temporada tiene su momento álgido con la Triple Corona, que reúne la Copa Capital Nacional del Pato de Las Heras, el Abierto Argentino y la Copa El Recuerdo en este fin de año.
Aquellos veranos
En nuestra región, la actividad se sostiene únicamente en Balcarce, en el Club de Pato, también conocido por sus equipos de hockey rugby. Muchos jugadores de nuestra ciudad se mantuvieron jugando allí, porque lamentablemente en Necochea se ha perdido desde hace más de una década. Uno de los esos exponentes era Martín Vouilloz, quien hoy con 41 años sólo tiene grandes recuerdos de su etapa como jugador: “Empecé a los 12 y no pare hasta los 21 o 22 años. Fue con mucho sudor y lágrimas pero valía la pena” compartió. Uno de sus últimos torneos fue en 2011, representando a Pato de Balcarce.
En nuestra ciudad todo es nostalgia recordando los torneos, en su mayoría en los meses de verano, con excelente respuesta de locales y turistas. La cita generalmente era en el campo de la Sociedad Rural de Necochea. La actividad ganó notoriedad y continuidad sobre todo desde los años noventa con la organización de varios torneos.
En otra muestra de organización y originalidad, el pato también supo llegar a la playa, literalmente, con un atractivo torneo por ejemplo que se realizó en 2003, siendo uno de los últimos que se recuerde en nuestro medio. En el marco del 14º Torneo Nacional de Verano de pato, fue la primera vez que se disputó sobre el “suave declive” de nuestras arenas.
El público respondió a la invitación gratuita colmando la cancha que se emplazó en la extensión de avenida 2 y 79. El certamen nocturno tuvo la presencia destacada del jugador capitalino Nicolás Taberna, ex ganador del Olimpia de Plata en la especialidad, integrante por entonces de equipos campeones del Abierto de la República y jugando en Inglaterra. Hoy sigue jugando y fue subcampeón del último Argentino con Las Heras La Blanquita. Su hermano Facundo Taberna ganó el Olimpia de Plata el año pasado. Son los máximo referentes de este deporte desde hace años.
La especialidad que se pudo ver en la playa de Necochea hace 15 años fue la denominada “pato de picadero”, en una cancha más reducida que las oficiales. Llegaron jugadores de Las Heras, Roque Pérez, Chivilcoy, Tres Arroyos y San Cayetano, mientras que Necochea estuvo representada por Miguel Stadler, Martín Lagarreta, Gustavo Alvarez, Leonardo Cardenau y Antonio Perpetto. Se utilizaron 51 caballos y en total participaron seis equipos.
El torneo, que tuvo el apoyo de la Dirección de Deportes, lo ganó de forma invicta la escuadra integrada por Taberna y los necochenses Roberto García, Martín Lagarreta y Miguel Stadler. Justamente “Pico” Stadler recordó aquella conquista y su fortuita participación reconociendo que “se lesionó uno y jugué yo por él. Había llegado de pescar”. También pasó por Balcarce, donde supo ser campeón “con unos amigos de Tres Arroyos. Pero dejé. Después viajaba como petisero y vendí mis caballos. Ahora estamos a fondo con el polo”. Sobre esa “lindas épocas” junto al pato agregó que no quedó nadie. Una lástima”.
Como Stadler, ese grupo de entusiastas deportistas, en su mayoría jóvenes, que se juntaba a practicar el pato en la Sociedad Rural se fue disgregando por diferentes cuestiones personales. Los viajes a los torneos se fueron haciendo cada vez más costosos y esporádicos. Este deporte, al necesitar lógicamente el correcto mantenimiento del caballo, requiere una gran inversión. Sin embargo, el amor por los caballos no se pierde fácilmente y algunos siguieron ligados a la actividad ecuestre, al polo o a la doma, pero el pato pasó a un segundo plano.
“Es un deporte que si volviera a nacer no pasaría desapercibido por mi vida”, afirmó Vouilloz quien no se resigna a ilusionarse con un posible retorno: “Es un deporte que tiene muchos valores sobre todo se centra en tener caballerosidad e hidalguía”. ///