Hace 50 años, el hombre pisaba la Luna
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Un hecho sin precedentes. El recuerdo de quienes lo miraron por televisión y escucharon por radio. Ecos Diarios lanzaba un suplemento con amplia información
Hace 50 años, el 20 de julio de 1969, se cumplía con rotundo éxito la más audaz empresa espacial jamás intentada por el hombre hasta entonces, permaneciendo dos horas y diez minutos en la superficie de la Luna. Los astronautas Neil Armstrong, acompañado por Edwing Aldrin y Michael Collins, daban un “gigantesco salto hacia la conquista del universo”. Millones de personas estaban ansiosas y seguían de cerca la noticia, a través de la televisión, la radio y los diarios.
Consultados sobre este hecho histórico opinaron Ana Gabino, Oscar Geis, Enrique Felizia y Julio Romero. Cada uno de ellos recordó con detalle ese día, permaneciendo en sus recuerdos, porque fue algo que los impactó y emocionó.
Cuando la nave Apolo 11 se posó en suelo lunar y el astronauta Armstrong descendió dejando marcadas sus huellas en el suelo lunar, parecía una película de ciencia ficción. “Es un pequeño paso para un hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad”, dijo el capitán ni bien pisó la Luna, inmortalizando esta frase.
Ana Gabino recordó que tenía 30 años y en su casa siempre había diario y se comentaba lo que estaba pasando.
“Lo vi por televisión en la casa de una amiga y nos habíamos reunido con dos muchachos que decían saber mucho, porque explicaban la ley de gravedad, hablaban de las órbitas y lo vivíamos con mucho entusiasmo”, dijo.
Al mencionar semejante proeza, aseguró que “fue algo emocionante y nos organizamos para verlo porque era algo muy importante, además habíamos leído bastante de lo que iba a pasar y estábamos interesados en saber cómo vivían, que comían y el miedo era que no pudieran volver”.
Los astronautas permanecieron dos horas y diez minutos en la superficie de la Luna. Armstrong, ingeniero civil de 38 años, fue el primer hombre en posar sus pies en la faz del satélite natural de la Tierra, a las 22.56 hora argentina y regresó al módulo lunar a la 1.09, tras la hazaña.
Debido a este acontecimiento trascendental Ecos Diarios anunciaba que en la edición del otro día ofrecería una amplia información sobre el alunizaje de la Apolo 11 y la posterior exploración de Armstrong y Aldrin de la superficie selenita, a fin de satisfacer el interés de sus lectores ante la extraordinaria proeza.
En la tapa del suplemento se leía “Dios no dio alas al hombre. De ahí el afán de éste por alcanzar las alturas. Dios Omnipotente otorgó al hombre imaginación y talento. Así fue como la pequeña criatura humana ganó el cielo y voló a velocidades supersónicas. Ese ingenio del hombre fue avanzando, de manera especial en el presente siglo, hasta alcanzar etapas insospechadas. Hoy el hombre ha pisado la Luna. Su sueño de siglos ha culminado exitosamente. Dios estuvo presente en su intento. El avance de la tecnología nos indica que esta es una etapa. El descenso humano en la Luna es precursor de otras hazañas. Nuevas proezas estarán al alcance del hombre en años venideros.
La fantasía de Julio Verne es hoy realidad. El hombre pisó la Luna.
“Ecos Diarios” se asocia al júbilo universal de esta hazaña”.
Testigos del hecho
En la tierra millones de personas siguieron de cerca el progreso de la misión escuchando los informativos de televisión con la esperanza de que pudiera concretarse con éxito la trasmisión de las imágenes de ese primer paseo lunar, cuando el capitán de la misión descendía por la escala de 9 peldaños hacia la superficie selenita, tiró de una anilla que abrió una compuerta y permitió que una pequeña cámara de televisión comenzara trasmitir a la Tierra las primeras imágenes desde el satélite.
Enrique Felizia tenía 40 años, estaba casado y ya tenía a su primer hija, Victoria. Al respecto indicó que circunstancialmente estaba en Bahía Blanca y vio por televisión el alunizaje, en la casa de unos amigos.
“Pudimos apreciar la proeza y hoy uno todavía piensa la magnitud de lo que hicieron en ese momento los técnicos, ingenieros, logrando hasta ese entonces algo impensado. Que el hombre llegara a la luna era algo de ciencia ficción o fantasía”, puntualizó.
Asimismo, aseveró que el hombre llegó a la Luna porque el hombre se propuso estudiar y ver cómo podía hacer algo tan extraordinario.
En lo personal dijo que “me pareció algo fantástico, fue una hazaña sin precedentes, algo inolvidable. Fue emocionante y ver que ellos hablaban y que nosotros los podíamos escuchar, impresionante”.
Lo primero que vieron millones de personas en la Tierra fue una de las patas del módulo “Aguila” y luego un pie de Armstrong buscando apoyo en el primero de los peldaños. La imagen era de intensos contrastes entre la deslumbrante luz solar y las sombras negras, pero la vista fue de extraordinaria claridad.
La recepción obtenida a través de la estación terrestre de Balcarce de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones ENTEL dejó habilitado ese medio de trasmisión en el país. La televisación fue realizada por medio del satélite artificial Intelsalt que el gobierno norteamericano puso en órbita para este tipo de transmisiones.
Julio Romero, mencionó que en 1969 ya se había recibido de abogado y tenía 25 años. “Tengo el recuerdo de haber visto ese momento por televisión con un grupo de amigos. Lo vimos en blanco y negro y la trasmisión fue bastante buena”, detalló.
Al mismo tiempo aseguró que “fue un impacto enorme, parecía una película de ciencia ficción. Igualmente estábamos preparados, vivimos todo el proceso, seguíamos las noticias y normal la lectura de estos hechos sobresalientes”.
Todas las misiones las seguían a través de la televisión y los diarios. Con respecto a estos últimos dijo que la prensa escrita en aquel entonces era muy importante. “Era “la noticia” y era tema de conversación en todos los ámbitos”.
Los astronautas necesitaron casi un minuto para dejar bien instalada la bandera norteamericana en el suelo lunar, y luego saltaron como canguros para demostrar los milagros que pueden hacer los músculos humanos con la menor gravedad lunar. Una hazaña sin precedentes que marcó un antes y un después en la humanidad.
A kilómetros… la Tierra
En el momento del alunizaje el satélite natural se encontraba a unos 383.9000 kilómetros de la Tierra. Oscar Geis tenía 37 años y recordó que venía manejando su Ford Falcon, entre Benito Juárez y Necochea y con ingenuidad miraba por la ventanilla del vehículo, al momento que por la radio relataban que Armstrong pisaba la Luna.
“Fue importante porque marcó un antes y un después y aquello que parecía una utopía de Julio Verne, con el trascurso de los años se convirtió en una realidad, lo cual nos parecía una fantasía”, acotó.
En aquel entonces, Oscar trabajaba para Colgate Palmolive y ya tenía a su primer hijo Oscar Alberto Geis.
Más allá del acontecimiento que fue emocionante para el mundo entero, recordó a Wernher von Braun, considerado como uno de los más importantes diseñadores de cohetes del siglo XX, y fue quien diseñó el Saturno V, que llevó al hombre a la Luna.
“Era un tema que me interesaba sobremanera por lo que significaba”, indicó.
La televisión tuvo un rol muy importante como medio de comunicación con respecto a este hecho y poder verlo en directo fue increíble.
“Fue un acontecimiento que vendía y lo que se publicara tenía trascendencia y la va a seguir teniendo siempre. Fue algo espectacular.”
Vale señalar que en aquella época Ecos Diarios publicaba avisos de casas de electrodomésticos y a partir de la llegada del hombre a la luna, empezaron a promocionar la venta de televisores. Se leían avisos “Póngase en órbita”, Di Fiori Hnos, como así también de Pando Hermanos y Cia, Pampa y Casa Excelsior.
Día del amigo
Vale recordar que en todo el mundo el 20 de julio se eligió celebrar la amistad con motivo de esta hazaña histórica. Esta fecha quedó en la conciencia colectiva como un logro de todo el mundo.
Sin embargo, la iniciativa de conmemorar el Día del Amigo fue del argentino, Enrique Ernesto Febbraro, odontólogo, profesor de filosofía e historia y músico quien lo propuso en homenaje al aterrizaje de la nave Apolo XI en la Luna.
Mientras el astronauta Neil Amstrong caminaba en la Luna, Febbraro se sentó a escribir desde Lomas de Zamora, donde residía, mil cartas a cien países.
“Viví el alunizaje del módulo como un gesto de amistad de la humanidad hacia el universo y al mismo tiempo me dije que un pueblo de amigos sería una nación imbatible. ¡Ya está, el 20 de julio es el día elegido!”, les explicó a sus destinatarios.
Las 700 contestaciones afirmativas que recibió le dieron un carácter mundial a esta celebración que, por encima de las diferencias culturales, pretende unir a las personas a través de un concepto común: la amistad.///