Un espacio para soñar juntos el futuro
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El comedor del Barrio Centenario de Quequén comenzó a funcionar hace poco, pero surgió del interés de tres persona que hace años están comprometidas con los chicos del lugar
Romina creció en el Barrio Centenario, construido para dar un techo a los afectados por la gran inundación del 80. En los últimos años vio como muchos jóvenes de su edad eran afectados por el desempleo, caían en las drogas y en la delincuencia.
Siempre interesada por los chicos del barrio, dispuesta a ayudar y a dar contención a esos niños que veía todo el día en la calle, decidió hacer algo y comenzó a realizar algunas actividades solidarias.
Junto a su esposo Julio Bustamante y Silvia Jensen comenzaron primero a brindar apoyo escolar y luego, decidieron abrir un comedor.
Para lograrlo, Romina Bello decidió desalojar el propio living de su casa para convertirlo dar de comer a los chicos del barrio Centenario y del 16 Viviendas, en un principio.
Bello, Bustamente y Jensen decidieron dar de comer a los chicos los días que no tenían comedor escolar, es decir, sábados, domingos, feriados y días de paro escolar.
“Al principio no teníamos nada. Los chicos venían con los platos y los cubiertos porque no teníamos ni eso”, dijo Romina.
Luego, crearon una página en Facebook y con el apoyo de los vecinos y de personas que se interesaron en su tarea, comenzaron a conseguir cubiertos, alimentos, ropa y otros elementos para dar de comer y ayudar a los chicos.
Donde hace falta
El comedor del Barrio Centenario funciona en la casa en el living de la casa de Romina, en la calle 570 bis, entre 541 y 543, a metros del Hospital Municipal “José Irurzun” de Quequén.
Entre 35 y hasta 50 chicos concurren a comer sábados, domingos y feriados al mediodía. “También cuatro madres que están solas”, explicó Romina, cuya sensibilidad por las necesidades del barrio la impulsó a llevar adelante esta iniciativa sin ningún otro interés personal que ayudar.
“Muchos pueden pensar que hacemos esto por dinero, por un sueldo, pero en realidad no ganamos nada, lo hacemos por amor a los chicos, por nuestra convicciones”, afirmó Romina.
Ella está convencida que para que los chicos tengan un futuro deben estudiar. “Si no comen, si no se alimentan bien, no podrán estudiar”, afirmó.
Explicó que muchos de los niños que concurren al comedor forman parte de familias numerosas en los que existen muchos problemas de género, no tienen contención o son hogares disfuncionales.
“Y el estado siempre está ausente”, afirmó Romina, en referencia a que si no son los propios vecinos, nadie se hará cargo de esos chicos.
Para ella, lo primero es sacar a los chicos de la calle. “Uno se levanta y ve a los chicos en la calle. Llega la noche y están en el mismo lugar. En el verano son las dos de la madrugada y los mismos chicos siguen en la calle. Van a la escuela porque no necesitan que los lleven, van solos”, señaló.
Un lugar para ayudar
Ahora Romina junto a Silvia y Julio están proyectando crear un nuevo espacio a fin de poder brindar mejor atención a los chicos que van al comedor. “Vamos a necesitar ayuda de la gente para levantar el comedor. Lo necesitamos porque ahora no entran todos en el living de mi casa. Cuando entran unos, salen otros para poder comer”, explicó.
Además señaló que algunos días de la semana también se brinda allí apoyo escolar y alguna otra actividad a fin de “sacarlos de la calle”.
Desde el comedor también surgió la idea de acondicionar un espacio verde existente en el barrio para convertirlo en una plaza. Allí también ensayan los chicos de la Murga del Barrio Centenario.
Romina explicó que tanto la familia como los vecinos colaboran con el comedor y cada vez más personas que se enteran a través de las redes sociales se acercan para ayudar. Todo lo que se recibe se publica en la página del comedor a fin de que el trabajo sea transparente y la gente sepa a donde va lo que donó.