Un espacio solidario que se ha convertido en una gran familia
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Surgida hace 18 años, La Casita para Merendar se ha convertido en parte importante de la vida de muchos chicos del sector de calle 81 y 84
“Nosotras decimos que es nuestra segunda casa”, afirmó Fernanda Battistoni, uno de los pilares de La Casita para Merendar.
Este año este emprendimiento solidario cumplió 18 años y si bien se encuentra fuertemente enraizado en el sector de calle 81 casi 84.
“Nosotros damos una merienda reforzada. Otros años tuvimos talleres, pero este año nos faltaron. Porque nuestra idea es estimular a los chicos”, explicó Fernanda que junto a Alicia Dovigo desarrolló este emprendimiento por amor a los niños de uno de los barrios con mayores necesidades de ese sector de la ciudad.
Es que no sólo se apunta a calmar las necesidades alimenticias de los pequeños y adolescentes, también se pretende darles una posibilidad de conocer otra realidad. “Con la llegada de la primavera pensamos en comenzar con una huerta, a ver si los chicos se prenden a trabajar y se entusiasmen”, afirmó Fernanda.
“Cuesta que se enganchen a trabajar. A ellos los ves acá escuchando música, pero no los ves estudiando o haciendo deberes. Por eso es que hay que engancharlos con algo”, indicó Fernanda mientras preparaba, el viernes, una excursión al puerto.
Habló del entusiasmo de los chicos con aquel pequeño viaje. “La mayoría no salen nunca del barrio”, afirmó.
Por eso, si los chicos no pueden salir del barrio, el objetivo es acercarles otras propuestas.
“Además de la huerta, quisiéramos contar con gente que vaya a enseñarles canto, pintura o inglés”, precisó.
“Hace falta educación y estímulo. Son chicos que están en la nada misma”, dijo. “Nuestro objetivo es que ellos tengan una tarde diferente a la que pasan en sus casas. Que se rían, que escuchen música, que si quieren bailar lo hagan”.
Con mucho amor
“Nosotros hace 18 años que estamos trabajando en este proyecto y hace 15 que contamos en nuestra propia sede”, precisó Fernanda. “Trabajamos mucho para tener este espacio y para construir”.
El merendero surgió con la crisis de 2001, atendiendo a muchos chicos y familias con necesidades y desde el año 2005 funcionan en el actual edificio, de siete metros por seis, que cuenta con cocina-comedor y además tiene baño de varones y nenas.
Funciona durante todo el año, inclusive en verano. Desde La Casita ofrecen la merienda reforzada porque no es solamente leche y facturas, sino que se les da flan, arroz con leche, sándwichs, y pizzas, además los ayudan con los deberes.
El año pasado, a través de la gestión de la Oficina de Personas Jurídica del municipio, La Casita para Merendar recibió personería jurídica.
El merendero ha funcionado en los últimos años casi exclusivamente con el esfuerzo de Fernanda, Alicia y Soledad, una mujer que tiene cuatro hijos y a la que se le construyó una vivienda en el mismo predio porque “no tenía dónde vivir”.
“Ella nos ayuda”, explicó Fernanda y señaló que la labor es mucha, pero que ahora se está tratando de que se sumen las madres de los 40 chicos que concurren al merendero. Igualmente, indicó “nos encanta esto que hacemos y lo hacemos con mucho amor”.