Un espíritu con ojos de artista
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/03/lala.jpg)
Liliana González, es conocida como Lala. Una persona que busca convertir en arte cada uno de sus actos
Por Juan José Flores
Redacción
Su hermano la llamó Lala. Todos conocen a Liliana González por ese nombre. Aparece en sus cuadros, en sus artesanías y en cada cosa que realiza y que aspira a convertir en arte.
“La sociedad necesita mucho del arte. La gente se sana con el arte. Porque es un medio para liberar emociones”, afirmó Lala, quien por estos días prepara algunos cuadros para la muestra que realizará en abril junto a Paola Berrío, Raquel Moroni y Patricia Machado.
Será la primera muestra formal en la que esta artista participe, ya que ella siempre ha priorizado la vorágine creativa por sobre las exposiciones.
La niña que dibujaba
Desde muy chica Lala fue una persona empeñada en crear. “De niña mi mamá me compraba fibras, lápices, tijeras, papeles, las revistas Billiken y Anteojito”, explicó.
“Yo era muy paciente. Cuando era chica me quedaba horas y horas sentada pintando, mezclando, recortando… Copiaba los dibujos de las revistas y los ampliaba. Tenía una destreza natural para el dibujo”, dijo Lala.
A sus pequeñas obras le fue sumando acuarelas, temperas, lápices de colores, fibras… Y siguió dibujando, siempre sola, sin maestros.
“Soy una autodidacta total. Debido a la impaciencia que tengo a la hora de aprender técnicas. Yo quiero aprender todo ya”, explicó.
Entre las piedras
Lala nació en Necochea y a los 24 años se fue a vivir a Quequén, donde tuvo sus tres hijos. Luego se mudó a Costa Bonita con su familia.
“Mi esposo y yo éramos catequistas en la parroquia del centro”, explicó Lala. “Desde esa espiritualidad empecé a ir a la playa a recoger piedras, ya que me gusta muchísimo el mar”.
En esos años Lala tenía mucho tiempo libre, ya que la distancia a Necochea la aislaba en Costa Bonita. Así que primero dedicaba sus horas a la costura y a cortar el césped y luego empezó a pintar las piedras que juntaba en la playa.
“Junté la espiritualidad con el arte y surgieron pesebres en piedra”, explicó Lala, que un día decidió mostrar lo que hacía y comenzó a recorrer ferias con sus artesanías.
Pero, recordó, “era un arte un poquito pesado” para trasladar. Por eso un día decidió cambiar de soporte y convertir con su creatividad todo lo que estuviera a su alcance. Así comenzó a “intervenir” muebles, sillas…
Hasta que decidió pintar cuadros y sola se armó sus propios bastidores y comenzó.
Rodeada de arte
Ahora Lala tiene 51 años y vive en Quequén. Con el paso de los años el arte parece haberse extendido a toda su vida.
Si bien realiza algunos trabajos para generar ingresos extras, como masajes sanadores, la mayor parte de sus días están envueltos en un halo de arte.
“Hay mucho arte por todos lados. La gente lo necesita, no para escapar de la realidad, sino para liberarse, para transformar sus sentimientos”, dijo Lala.
“Yo me reinvento”, explicó la artista, que utiliza una soldadora para realizar animales de alambre.
“Me sumerjo en las cosas que me llaman la atención”, afirmó Lala, cuyo histrionismo también la ha acercado al teatro y a la poesía. “Me gusta todo. Y estoy contenta porque hay mucho arte por todos lados”, dijo.