Un espíritu inquieto con ganas de ayudar
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En unos días Nilda cumplirá 71 años, pero sus energías parecen inagotables. La solidaridad se ha convertido para ella en una filosofía de vida

Nilda tiene 70 años, pero su espíritu juvenil la impulsa a no quedarse quieta. En algún momento de su vida, cuando sus hijos mayores se fueron a vivir a Europa, ella sintió que la tristeza la abatía.
Fue entonces que empezó a escribir y se dio cuenta de que la mejor forma de hacer frente a la depresión es comprometiéndose con las necesidades de la gente.
“Cuando tenés un estado de depresión, tenés que ayudar”, dijo Nilda, quien hace unos meses realizó una particular velada artística en el Teatro Municipal para recaudar fondos.
El apoyo que recibió de la comunidad la deslumbró. Aún hoy, sigue recibiendo ayuda de los vecinos y personas que la conocen.
Todo comenzó con el libro que escribió a partir de la partida de sus hijos: “Gracias a la vida”. Lo recaudado por el libro fue donado y Nilda sintió que había encontrado el camino. Aunque desde muy chica siempre fue una persona solidaria.
La calesita
De chica ella era muy tímida y como era habitual en aquella época, no la enviaron a realizar estudios secundarios, sino a corte y confección, para que tuviera un oficio.
Sin embargo, a pesar de su timidez, siempre fue muy tenaz.
Un episodio de la adolescencia, la define. Tenía 16 años cuando su padre Primitivo Fernández le compró una calesita, pensando que de aquella manera la joven podría ganar dinero.
Pero se equivocó. Nilda no tardó en fundir el emprendimiento paterno. “Me fundí porque dejaba pasar a los chicos y no les cobraba”, recordó, entre risas.
La calesita se encontraba en 58 y 69. Ella vivía cerca de allí y su familia siempre estuvo muy vinculada al club del barrio: Del Valle.
Toda la familia colaboraba con el club, aunque Nilda no tenía predilecciones futboleras, a tal punto que era socia de los dos clubes rivales más populares de la ciudad: Rivadavia y Huracán. “Cuando se enfrentaban yo sufría, quería que empataran”, explicó.
Su hermano Néstor, que era periodista, le enseñó a amar los libros. Tal vez por eso ella se propuso hacer el secundario y estudió de noche.
Luego también estudió cocina, un oficio que siempre le ha apasionado.
Una religión
Para Nilda la única religión que existe es la familia. Formó la suya junto a Humberto Sacco. Cuando lo conoció, él era un humilde albañil. Juntos tuvieron cuatro hijos y ahora tienen ocho nietos.
Su familia siempre estuvo muy vinculada a las actividades comunitarias. Colaboró con la escuela de sus hijos, organizó fiestas para recaudar fondos y realizar mejoras en el barrio, se disfrazó de Papá Noel y le festejó el cumpleaños a los chicos más pobres.
Cuando los hijos crecieron y se fueron del país, Nilda, cuya iglesia siempre fue la familia, no supo que hacer.
Un día se sentó a tomar mate sola y le pidió a Dios que la orientara, porque no sabía que rumbo tomar. Fue entonces que comenzó a escribir.
De aquellas notas surgió el libro “Gracias a la vida”. Todo lo que recaudó fue donado al Hospital “José Irurzun”.
Aquellos textos hablaban no de su historia personal, sino de sus sentimientos. “Le agradezco a la vida por darme la oportunidad de ser madre y después ser abuela”, explicó.
Desde entonces, Nilda se propuso ayudar en todo lo que estuviera a su alcance a quienes lo necesitaran. Así surgió un evento muy particular. Organizó una velada en el Teatro Municipal en la que colaboraron con su talento músicos, cantantes y actores, la mayoría de los cuales nunca habían subido a un escenario.
De esa experiencia, que Nilda quiere repetir lo antes posible, surgió la ayuda de mucha gente que a diario se acerca a su casa para regalarle mercadería que luego ella distribuye.
Perfil
Nilda Ponce de Sacco
Fecha de nacimiento: 24 de octubre de 1946
Hijos: Juan Carlos, Martín Humberto, Bárbara Leticia y María Roberta.
Nietos: ocho.
Aficiones: lectura, cocina, jardinería, padle, música
Fútbol: Fue socia de Rivadavia y de Huracán y sufría cada vez que había un clásico