Un expediente que pareciera caer en el barro de la impunidad
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Parece oportuno recordar los versos del pastor luterano Martin Niemöller cuando escribió «Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron por mí, no había nadie más que pudiera protestar.»
Por la inseguridad reinante, la incapacidad de la Policía para prevenir y de la Justicia para resolver. La indiferencia de una sociedad que se conmueve en las primeras 24 horas, y luego, el mundo sigue andando. Porque no me tocó a mí. Aquí vale la sabia reflexión del pastor Niemöller. Pero, ¿no seré el próximo? Así, Guillermo Depierro caía muerto ese fatídico 4 de julio.
Ya es cosa de todos los días las trágicas noticias sobre asesinatos en ocasión de robo en el conurbano o Capital Federal. También, y de igual de forma, pasó aquella tarde en el domicilio de la familia Depierro, de la calle 67.
Hoy se cumplen cuatro meses del episodio que conmocionó a la comunidad y trascendió a nivel nacional, por las circunstancias en que se desarrolló y la particular personalidad de la víctima y, pareciera, que el expediente un calidoscopio con figuras anómicas cae en el barro de la impunidad,
La Justicia, adujo a los pocos días, tener resuelto el caso y mandó tres perejiles a Batán y eligió como responsable del homicidio a un individuo qué, curiosamente, estaba prófugo de antemano, pero con el don de la ubicuidad. Dos de los imputados, vale recordar que se entregaron solos, luego de haber cometido un supuesto homicidio al estar marcados por la Policía y bajo promesas, que los “largarían” pronto. Terminaron en Batán donde eso fue lo que le manifestaron en el penal, al cronista de Ecos Diarios, en una visita acordada con el juez Mario Juliano.
Todo resuelto muy fácil, para demostrar una activa acción tanto por parte de la Justicia como de la Policía.
Desde esta columna desde el primer momento hemos puesto en duda que el caso haya sido resuelto. Y, de ser estos personajes los responsables no habría pruebas suficientes para que, en un eventual juicio puedan ser condenados, salvo que se acordarse un tribunal público, el qué estimamos no dudará en la culpabilidad de quien sea sentado en el banquillo de los acusados.