Un faraónico proyecto que cayó en el olvido
En 1982 la Armada planificó la construcción de un polideportivo frente a la Terminal de Omnibus. Sin embargo, la obra nunca pasó más allá de los cimientos
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Ecos Diarios
En 35 años todo parece haber cambiado. Los más jóvenes, ni siquiera pueden imaginar lo que aquella oscura estructura abandonada a orillas del río Quequén significó un día para nuestra ciudad.
Aquel esqueleto de cemento ubicado en cercanías de la Terminal de Omnibus, alguna vez fue la estructura de lo que prometía ser un complejo polideportivo hasta ese momento sin igual en nuestra ciudad.
A poco más de un año de la inauguración del Liceo Naval Militar “Capitán de Fragata Carlos María Moyano”, se vio la necesidad de contar con un espacio para que los alumnos del instituto realizaran actividades deportivas.
Así surgió la idea de construir una dársena para deportes náuticos y un complejo polideportivo en terrenos adyacentes a las instalaciones del Liceo.
La construcción comenzó en noviembre de 1982 en un predio de unas seis hectáreas cedidas por la Municipalidad de Necochea al Liceo por un lapso de 20 años.
La idea era que el edificio no sólo fuera utilizado por los cadetes de la Armada Argentina, sino por todos los establecimientos secundarios de la ciudad.
Obra para la ciudad
Con el gobierno de facto ya en su etapa terminal, el polideportivo constituiría una obra moderna y vital para el progreso de la ciudad. El proyecto incluía pileta climatizada, campo con pista de atletismo, cancha de fútbol, de rugby, de básquetbol y dos o cuatro de tenis, además de confitería. También un gimnasio con capacidad para 4.500 espectadores en tribunas fijas y desmontables.
Constituía un proyecto ambicioso y que no pertenecería a la Armada sino a la ciudad, ya que se estipulaba que culminada la obra, cuyo plazo de realización estaba previsto en 260 días, con una inversión estimada en US$ 1.000.000, la misma volvería a manos del municipio.
Para asegurar el avance de la obra, los empresarios Adolfo García, como presidente, Vicente Mola, tesorero, y el ingeniero Carlos Brenta, como secretario, conformaron la comisión directiva de un grupo pro-polideportivo, que tendría a su cargo la administración de fondos y ejecución de obras.
Tras el visto bueno del entonces jefe de la Armada, almirante Armando Lambruschini y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, general Ibérico Saint Jean, el Miniserio de Bienestar Social de la Nación otorgó en julio de 1982 un subsidio para la construcción de la obra de 10.000 millones de pesos, unos 250.000 dólares al cambio de entonces, el que sería girado en distintas partidas.
Esta mini-comisión sería regida directamente por el capitán de navío Morandi, representante del Plan de Acción Social Cívico Naval, dependiendo en forma directa del comando en jefe de la Armada.
La licitación para la construcción del polideportivo se realizó por invitación de empresas y la constructora García Villanueva y Zorzi se encargaría de las obras, bajo un proyecto del Centro de Ingenieros de Necochea, elaborado con suma celeridad.
En abril de 1983 se emplazaron los pilotes que sostendrían los cimientos del polideportivo.
El inicio de la obra provocó ciertas dudas entre los vecinos debido a que dos años antes, durante la inundación, ese sector había quedaba bajo el agua y se temía por la suerte de la estructura si se producía una nueva crecida.
Dos meses después del inicio, la obra avanzaba muy lentamente, en parte debido al clima invernal.
Pero el mal tiempo pasó, también el invierno y durante la primavera se produjo la primera elección presidencial desde 1973, lo que marcó el final de una de las décadas más oscuras de la historia argentina.
En diciembre, el país vivía un clima de fiesta con el regreso de la democracia y el proyecto del polideportivo no había avanzado nada, cuando de acuerdo al plan de obras debía estar terminado.
En el olvido
Se suponía que se habían recibido 100.000 dólares en materiales para llevar adelante el proyecto, pero aún así no se vio reflejado en avances.
Tres años después, a través de un proyecto del bloque Justicialista y Frente Renovador, elevado al Concejo Deliberante local en agosto de 1986, el gobierno municipal volvió a poner sobre la mesa el tema de la devolución a la comuna de los terrenos cedidos a la Armada para construir el Polideportivo.
La iniciativa fue apoyada por el Concejo y mediante la ordenanza 1178/86 se derogó la 2162 de 1982, por la cual la comuna otorgaba por 20 años dicho predio a la Armada Argentina.
Asimismo, se instaba al Poder Ejecutivo a recuperar los materiales en poder de la constructora encargada de la obra y que la Municipalidad de Necochea se hiciera cargo del proyecto.
El 1º de marzo de 1986 la mini comisión “Pro-Polideportivo” cesaba en sus funciones por iniciativa de sus integrantes.
Dos años más tarde, en 1988, se volvió hablar de la posibilidad de que la comunal y el Liceo tomaran en común la continuidad de las obras. El impulsor de aquella iniciativa era el entonces secretario de Obras y Servicios Públicos del municipio, arquitecto Roberto Rago.
Pero el tiempo transcurría y en 1990 se planteó la posibilidad de que la empresa constructora iniciara acciones legales debido a que se veía perjudicada por la falta de cumplimiento del contrato.
En nada
Tras la asunción del gobierno de José Aloisi, el tema resurgió y mediante la ordenanza 2522 se derogó la del 86, por lo que la situación se retrotrajo a 1982, evitando así que la comuna tuviera que efectivizar el recupero de materiales. Así, los terrenos que siempre fueron de la comuna, volvieron a manos del municipio.
Si bien todo pudo terminar allí, con el paso de los años algunas instituciones deportivas se interesaron en la estructura.
La postura más firme fue la del Club Atlético Rivadavia, que en 1987, en pleno furor del básquetbol, hizo gestiones ante la comuna y la Armada para conseguir el polideportivo y terminar las obras. Ya en este siglo, la Uatre también pretendió desarrollar allí un proyecto, pero la iniciativa tampoco prosperó.///