Un fenómeno silencioso y preocupante
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El año 2021 se caracterizó por la generalización de las comunicaciones virtuales, el pago mediante medios digitales y el teletrabajo. Pero también por la aparición de delincuentes cada vez más sofisticados que utilizaron esos medios para cometer sus estafas
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Motochorros, arrebatadores, cuatreros, ladrones de autos y motos, boqueteros; la fauna delictiva es incontrolable por estos días y con la llegada del verano y los turistas, las cosas no mejoran. Eso a pesar de que también han arribado a la ciudad más policías para sumarse al Operativo Sol.
Pese a la desfachatez de motochorros que arrebatan carteras a pleno día o ladrones que se llevan vehículos de lugares llenos de gente sin siquiera levantar sospecha, hay un tipo de delincuentes aún más osados y que la mayoría de las veces cometen ilícitos sin siquiera amenazar a sus víctimas. Se trata de los estafadores.
En 2021 se registró en el distrito un notable incremento de las estafas. Miles de pesos y dólares perdieron las víctimas de estos sofisticados delincuentes que utilizan como armas el teléfono celular, las redes sociales y técnicas de psicología e ingeniería social para cometer sus ilícitos.
Tan sofisticadas son las estrategias que después de ocurrida la estafa resulta difícil creer que la víctima haya sido engañada con tanta facilidad.
Pero las estadísticas demuestran que este tipo de delitos sigue creciendo a pesar de que también se incrementan las recomendaciones y la información para evitar caer en las estafas.
Víctimas de la buena fe
En julio pasado, Ecos Diarios publicaba un artículo en el que se informaba que, en los 115 días de confinamiento, desde el inicio de la pandemia, se habían detectado en el distrito más de 30 casos relacionados con estafas.
A dos jubiladas en pocos días de diferencia les sustrajeron 13.000 dólares (a una de ellas) y 20.000 dólares y $ 25.000 en dinero en efectivo que tenían en sus respectivos hogares.
Una de las víctimas tiene su departamento en calle 4 al 4000 y hasta allí llegó un delincuente que mediante engaños se llevó todos los ahorros en dólares de la mujer.
Antes, otra señora mayor que tiene su casa en la zona de calle 77 entre 26 y 28, también fue víctima de un delincuente que se hizo pasar por un familiar directo y la despojó de dólares y pesos que tenía guardados.
“Los ladrones se hacen pasar por un familiar. Les dicen a las víctimas que puede venir en el país un ‘corralito’ o que van a perder vigencia los billetes de dólares y hay que cambiarlos”, explicaron los investigadores. Luego dicen que enviarán a alguien “de confianza” a buscar el dinero.
Según los investigadores policiales y judiciales, generalmente, en promedio participan de los engaños y estafas entre 3 y 4 personas.
En 2021 también hubo un importante número de “cuentos del tío” en que los delincuentes haciéndose pasar por empleados bancarios o de organismos nacionales, engañaron a las víctimas para que recurrieran al home banking y realizaran una transacción que en realidad lo único que hacía era permitir el acceso a sus contraseñas y datos bancarios.
Así los estafadores ingresaban a la cuenta de las víctimas, vaciaban las cajas de ahorro e incluso pedían préstamos que luego transferían a cuentas fantasmas.
Cuando pasó la cuarentena y la situación económica se agravó, muchas personas comenzaron a vender algunas de sus pertenencias que no utilizaban por Internet para obtener recursos.
Entonces aparecieron otro tipo de estafadores. Simulan realizar una compra y pagar por anticipado. Mediante un truco propio de mentalistas, envían una factura por el pago por un monto muy superior al que debían pagar. Dicen que se equivocaron y piden a la víctima que les devuelvan el dinero excedente.
Hubo quien cayó en este engaño y el delincuente se apoderaron no sólo del dinero que supuestamente pagaron de más, también sacaron créditos a nombre de la víctima.
La pregunta que siempre se hacen las víctimas es cómo pudieron haber caído tan fácilmente en el engaño. La respuesta está en sofisticadas técnicas de ingeniería social.
¿Qué es la ingeniería social?
En ciencias políticas, el término se usa para hablar sobre las influencias y acciones que emplean ciertos gobiernos y clases de poder sobre la sociedad para intentar cambiarla.
Pero en seguridad informática, la expresión se refiere a las técnicas de manipulación psicológica que usan los ciberdelincuentes para tenderles trampas a los internautas.
La ingeniería social es el arte del engaño.
El objetivo puede ser diverso, desde obtener información hasta realizar fraudes o acceder de manera ilegítima a ciertos documentos.
Para lograrlo, los estafadores se valen de una serie de métodos y herramientas con las que buscan confundir al usuario.
El principio de simpatía utilizado por los ciberdelincuentes también es empleado por el malviviente que llama por teléfono para cometer un secuestro virtual, decirle a la víctima que se ha ganado un premio millonario o ha sido beneficiado con un bono del gobierno.
Uno de los recursos del denominado “principio de simpatía” es la información que hay publicada en la web sobre las potenciales víctimas, es decir, cualquier persona.
Los estafadores pueden recopilar muchos datos, desde una dirección de correo electrónico hasta un número de teléfono, el nombre de la mascota o el lugar de residencia de la persona observada.
Además, los hackers observan lo que las personas publican y después usan esa información a su favor.
Conseguir datos puede ser más sencillo de lo que muchos piensan. Para comprobarlo solo hay que buscar nuestro nombre en cualquier buscador o red social. Allí cualquier persona descubrirá que datos tan delicados como su número de documento o CUIT son accesibles.
La manipulación viene después: los hackers o estafadores usan esa información para hacerse pasar por una persona de confianza y tender trampas a las potenciales víctimas.
“El principio de simpatía, también traducido como de afición, gusto o atracción, nos señala algo que a primera vista puede parecer simple: estamos más predispuestos a dejarnos influir por personas que nos agradan, y menos por personas que nos producen rechazo”, explicó tiempo atrás el psicólogo y escritor estadounidense Robert Cialdini, quien escribió en 1984 «Influencia: la psicología de la persuasión» y de esta manera definió los principios que hoy utilizan los estafadores.
Un futuro no muy prometedor
Y si 2021 fue un año marcado por las estafas virtuales, el futuro no parece muy prometedor en cuanto a la posibilidad de que se pueda poner un freno a este tipo de delitos. Los engaños a través de WhatsApp, correos electrónicos, mensajes de texto y llamados telefónicos son cada vez más comunes.
Y a medida la bancarización se generaliza, al igual que el pago con medios digitales, también se hacen cada vez más populares el fraude informático, la suplantación de identidad, el robo de datos personales. También los usuarios aprenden de la peor manera el significado de palabras que antes sólo parecían conocidas para los técnicos en informática como malware o ransomware.
Lamentablemente, el crecimiento de «ola» de fraudes no ha ido acompañado por el aumento de usuarios cada vez más responsables del uso que hacen de Internet y los dispositivos. Este trabajo de educación y concientización lleva tiempo y debe continuar ya que estamos frente a atacantes cada vez más experimentados u sofisticados.
Por ejemplo, hace unos días se supo de una nueva modalidad de estafas virtuales la cual se concreta con personas que simulan ser de una de las empresas de pago más importantes del país y, a través de diversos engaños como filtrado de datos, mail falsos y llamados telefónicos, buscan obtener datos personales del cliente.
Las técnicas de estafas digitales encuentran nuevos artilugios creativos que ahora además combinan llamados telefónicos o técnicas de verificación de WhatsApp y correos electrónicos, al tiempo que «recrean la estética, sonidos y protocolos de las diferentes entidades o empresas involucradas», se informó.
A nivel nacional, las denuncias en la Unidad Especializada de Ciberdelincuencia (Ufeci) de la Policía Federal aumentaron, entre marzo de 2020 y 2021, un 6.550 por ciento.
Aun desmesurado, el volumen no abarca la totalidad del crimen virtual. “Hay un incremento exponencial de estos hechos, desde el inicio de la pandemia”, confirma el comisario Juan Sosa, de la Unidad de Investigación de Casos Especiales de la Federal. Se exacerbó en la cuarentena estricta y se instaló a partir de ahí, en nuestro día a día. En permanente acecho.
Este año, el nivel de casos disminuyó, pero los mecanismos se perfeccionaron. El más utilizado se conoce como ‘phishing’ (pescar), una técnica que permite obtener información de un usuario -en forma fraudulenta-, y hackear sus cuentas bancarias o redes sociales.
Lo paradójico es que mientras la tecnología está cada vez más presente en nuestra vida cotidiana, menos personas son capaces de comprender cómo funcionan esos dispositivos que les permiten hacer cosas hasta hace un tiempo impensables.
Y allí se encuentra precisamente el punto débil que los delincuentes saben que deben atacar para lograr sus objetivos.///