Un festejo felizmente normal
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Mucho se habló en las jornadas previas al inicio del ciclo lectivo de la escuela secundaria, sobre la intención de evitar los desmanes que se habían producido en años anteriores en el marco del Ultimo primer Día (UPD), el tradicional festejo por parte de los jóvenes que inician su último año en dicho nivel educativo.
En esta columna, el domingo anterior nos habíamos referido a todo lo que se había generado en torno al UPD, con reuniones de directivos y docentes de los establecimientos escolares, padres, integrantes de las áreas de Seguridad y Salud de la Municipalidad, de la fuerza policial y propietarios de boliches. La prevención fue el propósito de estos encuentros previos, que por fortuna surtieron efecto.
Más allá de alguna que otra denuncia de vecinos por ruidos molestos, que fueron rápidamente controlados; y un grupo de chicos que a último momento se quedó sin vigilia al ser clausurado el local que habían alquilado para tal fin y deambularon por horas por la Villa Díaz Vélez hasta que llegó el horario de ir a la escuela, todo se desarrolló con la normalidad ansiada y aconsejable.
El tono festivo marcó los movimientos de los estudiantes, con la plaza Dardo Rocha como epicentro y que fue escenario de bailes y cánticos, mientras que en varios colegios los protagonistas disfrutaron de un desayuno con los docentes y algunos padres.
Para quienes deben bregar por mantener el orden, en especial la fuerza policial, ésta del UPD se trató de una cuestión menor si se quiere frente a otros casos más complejos. No fue más que controlar posibles desbordes de adolescentes.
En el marco de esos controles fueron clausurados por el área de Control Urbano de la comuna, con asistencia de la DDI, un salón y un boliche por albergar a menores pasada la medianoche.
Este tipo de acción ha sido encarada con mayor fuerza por la actual gestión comunal, que en las últimas semanas ha colocado la faja de clausura a varios comercios y locales, ya sea por vender alcohol, la presencia de menores o falta de habilitaciones. Controles que se espera se continúen realizando con firmeza.
Esta vez no se conoció de casos de chicos alcoholizados o descompuestos y cometiendo desmanes durante las dos jornadas en las que se celebró el UPD en Necochea. Y fuera de alguna queja típica de las rebeldías de la edad, los mismos adolescentes comprobaron que se pueden divertir y festejar sin necesariamente tener que consumir alcohol.
Transcurrido este tradicional festejo sin disturbios ni daños a la propiedad pública y privada, la cuestión del cuidado de los jóvenes no está culminada ni mucho menos.
Lo antedicho refiere a que en el caso de los padres con hijos adolescentes se involucren y estén atentos a lo que ocurra con el consumo excesivo de alcohol de los menores, ya sea en las llamadas previas, como en sitios de diversión nocturna donde se les vende bebidas.
Se trata, al fin y al cabo, no de recortar la diversión a una edad más que propicia para disfrutarla a pleno, pero sí que la misma continúe por carriles normales y que no terminen afectando la vida de los propios chicos o terceros. Evitar que se llegue a un final de lamentos y lágrimas que se puede impedir con sólo estar cerca, dialogar y educar a los hijos.