Un gigante incómodo que se pone en movimiento
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La India debe encarar reformas cruciales para garantizar su desarrollo económico. A diferencia de lo que sucede en la China autocrática, el sistema legal heredado de los británicos parece entorpecer los avances que necesita el país
Por Walter Molano (*)
A menos de un año de las elecciones nacionales, el primer ministro Narenda Modi busca otro mandato en el cargo. En el timón desde 2014, el período de Modi fue cualquier cosa menos sereno.
La población tenía grandes expectativas al comienzo en virtud de sus antecedentes como ministro jefe de Gujarat. Por trece años presidió allí un crecimiento promedio de más del 10% anual. Lo consiguió mediante un programa de privatizaciones y desregulaciones. Esto atrajo miles de millones de dólares al estado desde fuentes nacionales e internacionales.
Una de sus principales iniciativas fue el establecimiento de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), con leyes laborales más livianas. Grandes empresas indias como Tata y Reliance se valieron del nuevo marco laboral como oportunidad para instalarse en el estado. Por integrar el Partido Bharatiya Janata (BJP, en inglés) y el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) a Modi se lo identifica fuertemente con los ideales nacionalistas hindúes. El RSS es un organización nacionalista de derecha. Aunque es un cuerpo voluntario que promueve los valores culturales indios, algunos lo consideran una organización paramilitar.
Poco después de asumir como ministro jefe, el estado de Gujarat experimentó en 2002 un episodio de sangrientos desmanes religiosos, que provocó un millar de muertos. Un Equipo Especial de Investigaciones (EEI) dispuesto por la Corte Suprema eximió a Modi de complicidad con los desmanes, pero sus detractores lo acusaron de incitar a la agitación y por el mal manejo del tema. Aun así, su reputación por haber transformado uno de los estados más pobres en uno de los más ricos le permitió ganar las elecciones nacionales en 2014.
Modi tenía previstas una larga lista de promesas y reformas, pero su método fue muy relajado y despreocupado. Por lo demás, concentró gran parte de sus acciones iniciales en una reforma monetaria extraña y extrema. En noviembre de 2016 el gobierno anunció la desmonetización de los billetes más altos en circulación, los de 500 y 1.000 rupias.
De la noche a la mañana esos billetes quedaron sin validez, lo que provocó una corrida a los bancos de familias y empresas para cambiarlos. El objetivo del gobierno era retirar de circulación los billetes falsos y terminar con la economía informal.
Buena parte de la actividad económica de la India se efectúa en efectivo, eludiendo el sistema financiero para evadir los impuestos.
La medida estatal obligó a incontables firmas y familias a abrir cuentas bancarias para depositar sus ingresos, con lo que terminaron por blanquearse. A pesar del fuerte impacto monetario de la reforma, India pudo crecer al 6,6% interanual en 2016. Un avance impresionante según todas las normas, aunque la mayoría de los indios lo juzgan demasiado bajo.
En vista de la elevada tasa de natalidad de la India, de 2,4 hijos por mujer, frente a la de 1,57 en China, alrededor de un millón de indios se incorporan cada mes a la fuerza laboral. Economistas locales calculan que el país debe crecer con tasas de dos dígitos para incorporar la marejada de nuevos empleados que se integran cada mes a la fuerza laboral. Los demógrafos suponen que en 2022 la India será el país más poblado del mundo por delante de China.
Mientras que las autoridades chinas tuvieron éxito en adoptar las reformas estructurales necesarias para crear el crecimiento económico que se adapte a esa población enorme, la India se vio limitada por sus sistemas democráticos y legales.
Por lo general, una democracia y un sistema legal fuertes son útiles para garantizar una mayor prosperidad. El problema es que a menudo complican la coordinación y la aplicación de las reformas. El fragmentado sistema de partidos de la India ha sido capturado por grupos de interés que se vieron afectados por muchas de las reformas.
El problema agrícola
Lo mismo vale para el sistema legal. Aunque la India heredó buena parte de sus tradiciones de jurisprudencia de sus amos coloniales británicos, también fueron usadas por reducidos grupos minoritarios para perjudicar reformas críticas.
Un buen ejemplo son los pequeños agricultores. El sistema agrícola de la India se atomizó en un mar infinito de terrenos agrarios de subsistencia. Una de las iniciativas oficiales fue aplicar una reforma agraria para agilizar y acelerar la compra de propiedades.
Ello podría generar grandes ganancias en la productividad, conforme se consolide el sector agrícola. Sin embargo, muchos agricultores se niegan a vender terrenos ancestrales. Por lo tanto, entorpecieron el proceso. Lo mismo vale para la adquisición de tierra para industrialización y desarrollo de infraestructura. Aunque en la India existe el concepto de dominio eminente, el sistema legal ofrece un conjunto casi infinito de instrumentos de apelación. Por lo tanto, el dueño de un terreno pequeño puede demorar por décadas en los tribunales un proyecto industrial o de infraestructura.
Son esos los cambios que debe emprender la India, pero que se ven dificultados por su sistema político y legal.
Mientras tanto, el país seguirá creciendo a una tasa anual de 7%. Eso podría alcanzar para que Modi cruce la meta el año próximo, pero no sería suficiente para garantizar un elevado nivel de prosperidad en el país.
* Economista de BCP Securities