Un hábito peligroso y cada vez más difundido
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Según un estudio, en nuestro país seis de cada 10 personas que tienen alguna dolencia, prefieren consultar a Internet sobre su afección y no al médico. La demora puede tener consecuencias. En nuestra ciudad el fenómeno también es común
Ante cualquier dolencia, seis de cada 10 argentinos prefieren consultar primero a Internet y después a un médico. El fenómeno es preocupante, ya que, según los especialistas, nada puede reemplazar por el momento a un examen médico.
Esto suele dar origen a la automedicación, mientras que la demora en consultar a un especialista puede derivar en otros inconvenientes para la salud del paciente.
El fenómeno no es sólo argentino, es global y también se da en nuestra ciudad, especialmente entre los hombres, quienes suelen ser más reticentes a concurrir al consultorio médico.
El fenómeno denominado Dr. Google, ya que comúnmente se utiliza este buscador para buscar información, es más habitual de lo que se cree. De las millones de búsquedas que se registran cada día en el mundo, una de cada 20 es sobre salud, según un estudio del propio Google. El problema radica en qué es lo que encuentran los usuarios en ese rastreo.
Según el médico Ariel González, entre los resultados que puede encontrar una persona al buscar en Google, hay muchas “fake news (información falsa) y tratamientos apócrifos”.
Por eso, indicó, el buscador no es un medio “fidedigno para encontrar información médica. Uno se puede interiorizar, consultar sobre un tema, pero el mecanismo para llegar a un diagnóstico no es tan sencillo como un cuestionario de preguntas y respuestas”.
Señaló que la anamnesis, que es la información que recoge un especialista mediante preguntas específicas, “tiene un valor exquisito dentro de la medicina, porque a partir de esos datos se pueden dilucidar distintos tipos de dolor y de síntomas”.
“Un dolor de estómago puede ser tanto el síntoma de un infarto como de una úlcera perforada. Existen múltiples interpretaciones y al no contar con ningún tipo de conocimiento médico, se puede llevar un diagnóstico erróneo”.
La demora en la consulta a un especialista tiene sus consecuencias, dijo González. “Siempre se llega tarde cuando se toma una decisión a partir de una información errónea. Se llega tarde a que el médico diagnostique una apendicitis o una úlcera gástrica. Y no solo pasa con los diagnósticos, también con la automedicación y hasta con el uso de un simple té de limón o de jengibre, ya que pueden tapar síntomas o distorsionarlos”, señaló.
El Dr. Google
Hace apenas 20 años, lo más probable era que el paciente sólo tuviera una fuente principal de información médica: su médico. Volvía a casa de la consulta con el nombre raro de un diagnóstico revoloteando en su cabeza y, si le intrigaba, tal vez buscaba un viejo diccionario de medicina familiar para indagar sobre su padecimiento. Aparte de ir a una biblioteca a revisar las publicaciones científicas, no había prácticamente ninguna otra manera de saber lo que le estaba ocurriendo.
Pero en estos días, la más leve punzada de dolor basta para que muchos se conecten a Internet. Hasta el 89 por ciento de quienes navegan habitualmente por la Red lo hace para buscar o verificar información sobre la salud.
La red permite averiguar sobre síntomas, consultar estudios clínicos, buscar terapias complementarias y obtener apoyo a través de redes de pacientes.
También se pueden leer relatos inspiradores, comprar medicamentos e incluso divulgar nuestras reflexiones.
El acervo mundial de la bibliografía médica —así como millones de páginas de información para el consumidor— están a sólo un clic de distancia.
Es gratis, cómodo y le da la sensación de estar interconectado. Incluso puede resultarle divertido si su interés es leer sobre temas de salud.
Pero, ¿por dónde empezar? Al escribir la palabra “influenza” en Google, por ejemplo, y aparecerán unos 65 millones de resultados.
Al teclear “dolor de cabeza”, junto con la referencia de Wikipedia, decenas de videos en YouTube y algunos artículos de noticias sobre los problemas económicos de políticos y artistas.
No ayuda mucho que los buscadores den prioridad a los sitios web basados en fórmulas complejas; por ejemplo, el número de visitas de usuarios que han tenido y las palabras clave incluidas por sus autores. Esto significa que es tan probable que encuentre información sobre complicaciones poco frecuentes pero mortales, como con datos acerca de lo que en realidad padece.
Si busca “dolor de cabeza” en Google, encontrará de todo, desde migraña hasta tumores cerebrales.
Lo cierto es que hay una gran cantidad de información precisa en Internet. Un estudio publicado en la revista Cancer reveló una tasa de error de sólo 5,2 por ciento en 343 sitios web sobre el cáncer de mama, pero es 15 veces más probable hallar información falsa o engañosa en los que promueven la medicina alternativa que en los de medicina alopática.
Diagnósticos y automedicación
“Nosotros tenemos una visión sesgada del fenómeno, porque obviamente no nos dicen que primero consultaron a Google”, dijo el pediatra Nicolás Molina. Y explicó que esta situación no es tan común en la pediatría, pero sí lo es en la clínica médica de adultos.
Y afirmó que una de las principales consecuencias de este tipo de actitud suele ser la automedicación. En particular hizo hincapié en el uso que se hace de los antibióticos.
“La automedicación es un problema bastante severo, sobre todo en lo que se refiere a la antibiótico terapia, es decir el uso de antibióticos, porque a partir del mal uso en dosis incorrectas, en días incorrectos y para patologías que no lo ameritan, se va generando resistencia a estos medicamentos y luego pierden efectividad para tratar dolencias que sí los requieren”, dijo Molina.
Sin embargo, consciente de que es un fenómeno incontrolable, dijo que los médicos “tratamos de utilizarlo a nuestro favor”.
“Entonces lo que hacemos es recomendarle al paciente páginas que sabemos que tienen información más segura, como son las páginas de las sociedades científicas y médicas de las distintas especialidades y donde la información que van a encontrar está chequeada”, señaló.
Indicó que cuando se busca información en Google los primeros resultados que se encuentran son “las páginas más visitadas y no siempre las que tienen información más precisa o chequeada por especialistas”
“En pediatría no se ve tanto este fenómeno, pero sí en adultos. En la clínica del adulto se ve mucho más, sobre todo porque el varón es mucho más reticente a la consulta”, precisó.
Explicó que mucha veces esto deriva en “consultas tardías y eso hace que sea más difícil el tratamiento”.
Cifras sorprendentes
Según una reciente investigación del portal médico Intramed, que encuestó a más de 1.000 galenos del país, el 94% de los profesionales dijo que sus pacientes buscaban primero en la web antes de consultar, mientras que el 60% llegaba al consultorio creyendo saber lo que tenía.
Un trabajo realizado por la consultora especializada Acuam Healthcare intenta darnos una respuesta: “sólo una de cada 10 consultas sobre salud termina en una página médica acreditada”. En otras palabras, nueve de cada diez personas recurren a foros, portales o blogs.
En general, cuando se busca información en Google, muchas personas suelen sobreestimar lo que tienen. Por eso, los profesionales sostienen que los hipocondríacos deberían abstenerse de ingresar a la web.
Un fenómeno del que se está hablando mucho en estos días es de “nocebo”. Es lo contrario al efecto “placebo”. El comportamiento nocebo apunta a la creencia de que una terapia que está haciendo o medicamento en particular no va a funcionar o va a generar un daño.
Según los médicos consultados, la lectura de información no confiable en Internet impacta en el tratamiento del paciente, especialmente los foros, que tienen mayormente opiniones negativas.
Medicamentos para el colesterol, anticonceptivos, remedios para niños e incluso vacunas… cada vez hay más cuestionamientos en los consultorios por informaciones no confiables en la web.
Primero el médico
El farmacéutico Gabriel Traversini señaló que “es muy común que la gente concurra a la farmacia con la idea de comprar determinado medicamento” a partir de una consulta en Internet o por recomendaciones de otras personas, pero sin consultar al médico.
“La farmacia como puede hacer un aporte al consumidor de productos de venta libre. El consejo del farmacéutico puede orientarlo, dentro de lo que es una automedicación que podríamos llamar responsable. Pero estamos hablando de cosas menores. Siempre la recomendación es concurrir al médico y no autodiagnosticarse y automedicarse”, afirmó Traversini.
“Es muy común que la gente concurra a la farmacia a comprar un medicamento por su cuenta y muchas veces tiene una idea equivocada. Si es algo menor están las atribuciones del farmacéutico para resolverlo. Pero si es algo más grave en la farmacia se desaconseja la compra y se vehiculiza esa consulta al médico”, precisó.