Un héroe en dos barriadas
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Se cumplen 20 años del retiro de Gustavo “Chango” Cárdenas, campeón con Villa del Parque, club que lo vio nacer, y también con Mataderos
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Dueño de una “pegada” y precisión que pocos mostraron en nuestras canchas, visión de juego y calidad técnica, Gustavo Cárdenas se encuentra sin dudas entre los jugadores más valorados y respetados del fútbol de Necochea. Otra razón importante que se puede agregar a este “cariño colectivo” es que, aunque nació y es hincha del Club Villa del Parque, supo además brillar con camisetas de otros grandes como Rivadavia, Estación Quequén y Mataderos.
En 1999 jugó sus últimos partidos, justamente con los colores de Villa, y en 2000, a pesar de que quisieron convencerlo de lo contrario, consumó su retiro y recibió una merecida despedida con una cena en su honor. A 20 años de su adiós a los partidos de la Liga Necochea, el querido “Chango” se anima a recordar sus años con la pelota. Un privilegiado que se dio el gusto de ser parte de equipos emblemáticos de nuestra canchas y ser campeón con Villa del Parque y Mataderos, las dos barriadas más populares y futboleras de Necochea.
Granate
Lejos estuvo Cárdenas de ser un jugador de “cabotaje”. En un época donde muy pocos tenían la chance de quebrar las fronteras del distrito, en 1981, con poco más de 20 años, se ganó un lugar en el Club Atlético Lanús, que por entonces venía de lograr el ascenso de la Primera C a la B. “Siendo parte de amistosos, que siempre se armaban para jugar con equipos de Buenos Aires, me vieron y me invitaron. Pero cuando estaba por viajar, me agarró una gripe y me tuve que volver. Al año siguiente Lanús volvió de pretemporada a Necochea y Juan Manuel Guerra, que era el DT, me vuelve a convocar. Estuve 10 o 15 días en Buenos Aires trabajando con ellos y pude firmar contrato”, relató Cárdenas, algo sorprendido porque el “tren pasara” dos veces. Sobre aquella experiencia en el “Granate”, atesora haber compartido equipo con Héctor Enrique, campeón del mundo años después con la Selección Argentina en México: “Un fenómeno el “Negro”. Me llevó varias veces a su casa a comer, sabiendo que yo estaba solo en Buenos Aires. Grandes personas él y su familia”. Su llegada a Lanús incluso coincidió con otra invitación para jugar en Independiente de Avellaneda, donde se había probado previamente. “Ya había dado la palabra en Lanús, pero igual fue un halago”, apuntó. “Me costó al principio, un equipo que estaba en el fútbol profesional, pero después finalmente pude adaptarme rápido. Aprendí a trabajar como un jugador profesional. Fueron un par de años en ese nivel que me sirvieron mucho. Estaba a préstamo y finalmente el club no hizo uso de la opción”.
Las cuestiones físicas fueron un limitante en muchas ocasiones en su carrera: “La rodilla siempre fue un tema recurrente. Comencé con ese problema cuando estaba en Lanús, igualmente seguí, pero siempre me venía algo referido a esa lesión”, explicó.
En casa
Su vuelta a Necochea fue al club que lo vio nacer, a Villa del Parque. Junto a Pablo Germán “Gualicho” Dialeva, “un hermano de la vida”, como siempre refiere, había llegado a la Primera del equipo de la playa con apenas 15 años. En 1980, formó parte de la primera Selección Juvenil de Necochea que se coronó a nivel regional y por pocos meses quedó al margen en 1981 del equipo dirigido por Osvaldo “Chiquito” Juliano que también fue campeón ya en un torneo organizado por la Federación de Ligas del Este. Un grupo brillante en gestación que le daría en la madurez la máxima alegría a nuestro fútbol pocos años después. También como juvenil Cárdenas sería convocado a la Selección mayor de Necochea, compartiendo equipo con Omar Ortiz y Carlos Díaz, otra experiencia que marcó sus primeros años.
Campeón
Y ese retorno a la villa en 1983 no pudo ser mejor, conquistando nada menos que el primer título en la historia para el club en la máxima categoría de Liga Necochea. “Fue un sueño cumplido y poder compartirlo con “Gualicho”, mi primo, fue una de las grandes alegrías de la vida. Y al año siguiente pudimos repetir, con un plantel tremendo que dirigía “Pepe” Sirimarco”. El primer título tuvo a Héctor Silva como DT.
A partir de allí tendría la posibilidad de representar a la Liga en el Torneo Regional. Primero con Villa, en 1985 lo hizo como refuerzo de Rivadavia y en el 86 del Deportivo La Dulce. Y luego, en 1987, formó parte del histórico plantel de Estación Quequén que primero conseguiría pasar exitosamente a una segunda fase del Regional, algo inédito hasta allí y finalmente claro el recordado ascenso al Nacional B. “Tuve la suerte de componer un gran equipo. Lamentablemente por una lesión en la rodilla me operan nuevamente y los partidos finales, con Almagro y Olimpo me los pierdo. Pero siempre lo viví desde afuera y me hicieron sentir parte”. Su revancha en el “Verde” la tuvo en el Nacional B: “Pude volver para la segunda rueda. Siempre se lo agradecí a “Quito” Ortiz, que fue el que me convocó. Me anotaron en la lista de buena fe a pesar de la lesión y pude jugar algunos partidos. Pero otra vez tuve problemas en la rodilla, esta vez una infección por un virus después de una patada que me pegaron. Fue algo muy grave y los doctores Carbonel y Eduardo Zubillaga me ayudaron mucho para superarlo”.
Su nuevo regreso sería en 1989, en Tres Arroyos, con el equipo de El Nacional. El campeón fue Huracán de Tres Arroyos y el DT Hugo Zerr lo convocó para el Regional, donde compartió plantel con Julio Starópoli.
En Mataderos
Con casi 30 años, empezando una familia y con un trabajo formal como empleado bancario, el fútbol comenzó a quedar en un segundo plano a partir de allí. Además de retornar a Villa del Parque, en el torneo del fútbol local también jugó por entonces en Rivadavia y sorprendió a varios cuando accedió a incorporare a Mataderos en 1995. “Al haber estado en varios clubes antes, no lo vi mal. Yo llevo a Villa en mi corazón y entonces con Mataderos no había una rivalidad tan marcada como la hay hoy”, reflexionó. “Me convence Luis “Chueco” Fraile, que dirigía junto a Julio Portugal ese equipo. Me trataron como uno más siempre, sabiendo que yo era villero de ley. Incluso cuando compartí planteles en los regionales, antes, con Gustavo Portugal o (Carlos) “Kichín” Alvarez siempre bromeaban que me viniera a Mataderos, que me iban a tratar bien. Y así fue. Vivimos un año brillante”. Mataderos sería campeón por primera vez y comenzaría el mejor momento de su historia, con un tricampeonato y el ascenso al Argentino A.
Goles importantes
Para tener referencia de la magnitud del aporte de Cárdenas en la historia de ambas barriadas, se anotó con goles en dos partidos históricos. En octubre de 1983, marcó en la victoria de Villa por 2-1 sobre Del Valle que aseguró el título a una fecha del final. Y en julio de 1995, el “Chango” señaló el 1-0 sobre Defensores en Fernández que le permitió a Mataderos dar la vuelta olímpica por primera vez, en el Apertura de ese año.
El retiro
Tras la consagración con el “Rojo” del Norte, decidió dejar la pelota. “No juego el Regional. Fue una decisión muy pensada la de retirarme, con mi familia y ya más con una hija chica, pero me perdí ese momento del ascenso que fue especial para la ciudad”, recordó. Un “hijo” de Villa del Parque se retiraba campeón en Mataderos. Pero esa paradoja se corrigió en 1999. “No dejé de jugar porque lo hacía en los torneos comerciales, en lo de Jorge Poulsen, pero era distinto. Me convencieron para que volviera a Villa, en la Liga, en 1999, con Alfredo López y Jorge Garro como DT”. Con un plantel para más, perdió en las semifinales ante Del Valle, a la postre campeón. Con la rodilla a cuestas, fue al banco en la revancha y terminó entrando en el complemento. Serían sus últimos minutos oficiales. En 2000 intentaron convencerlo de seguir pero el “Chango” cerró la cuenta.
Equipo ideal
En sus 20 años de carrera, entre el Juvenil y los regionales, compartió equipo con los jugadores más notables de nuestro fútbol en los últimos 50 años. Y así como pedía la pelota en los momentos difíciles, no se escondió para armar un “once ideal” entre sus compañeros, con algunas licencias, y sin incluirse. “En el arco, Julio Starópoli, además un amigo. Por derecha Esteban Modesto y Guillermo Dindart, como centrales Carlos Pérez, “Giuseppe” Portugal, Fernando Lastra y el “Mela” Fabián Mainardi, y por izquierda, Carlos Viel y Sergio Moyano”. En el medio, entre tantas opciones y motivos para quedar mal con varios, se jugó con “Sergio Mainardi, el mejor 5, y Juan Carlos Gho, Mario Márquez y Quique Molina”. Y arriba: “(Ricardo) ‘Calija’ Guerrero, Abel Coria, Dialeva y Gustavo Portugal, Paco Sánchez, Miguel Landesa y Miguel López”. Aunque nombró 11 sólo contando de mitad de cancha hacia adelante, incluso se lamentó por relegar al “Tuli” Cantón y al “Tiri” Racich. “Es que tuve la suerte de estar en planteles con varios de los mejores”, se justificó con razón y entre risas.
En el fútbol con amigos siguió jugando hasta hace 3 o 4 años y la pelota lo sigue apasionando, yendo a la cancha a ver a Villa o en alguna final, como el año pasado. Tampoco se pierden los afectos y las peñas con excompañeros lo hacen reavivar los recuerdos. “Es lo que te deja el fútbol, la amistad para toda la vida”.///